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Playa de Valdevaqueros

¿Queréis alegraros la vista viendo a chicos hiper mega guapos surcando las olas? ¡Pues bienvenidos a Valdevaqueros!

Allí estaba yo, en una de las playas más bonitas que había visto en mi vida, cámara en mano, esperando hacer mil fotos del paraíso, pero no, mi mente estaba ocupada en otra cosa… ¿habéis visto lo bien que les queda el traje de neopreno a los surferos? Ay Dios mío. Amorcillo, si lees esto, yo te quiero mucho, pero es que algo así solo lo había visto en las películas…

Pues a la media hora de estar yo allí embobada, me di cuenta de que las piernas me empezaban a doler…¡era como si miles de mosquitos me picaran todos a la vez! ¡El espectáculo era tan bonito como picante! El viento de levante levantaba la arena y hacia que se vieran olas en la arena, pero eso si, esas olas se estrellaban en tus piernas, ¡y duele mucho! Fue entonces cuando salí de mi mundo de imaginación de los Vigilantes de la Playa y me percaté de lo bonita que era la playa.

La arena era blanca, blanquísima diría yo. El agua, parecía sacada de una postal del Caribe, azul cielo. Y para rematar el conjunto, las dunas que se iban perdiendo en el horizonte. Empezamos a andar para alejarnos un poco de la gente, ya que aunque era maravilloso verlos volar en el aire con sus tablas, la playa merecía que le dedicaramos un largo paseo y unas mejores fotos.

Tuvimos la gran suerte de pillar marea baja y al poco de empezar a andar, cuando ya la gente quedaba a lo lejos, llegamos a una zona llena de pequeñas roquitas que al subir la marea quedaban escondidas. Y desde aquí, señores creadores de Juego de Tronos, si algún día leen esto ( yo apunto alto, oye), que sepan que sería un lugar fantástico para rodar alguna de sus escenas.

Yo me sentía como si estuviera en una película, como si los piratas fueran a venir de un momento a otro a guardar algún tesoro en las dunas que teníamos detrás. Al rato de estar soñando otra vez, salí corriendo del agua ¡qué fría estaba! ¡tenía los pies congeladitos!

Seguimos caminando un poco más y llegamos a lo que en principio parecía otra escena de película: los restos de un barco hundido. Me puse a hacer unas cuantas fotos, cuando de pronto caí en lo que era: una patera. No podía creerlo, a veces no somos conscientes sobre la realidad. Lo que para mi estaba siendo el paraíso, para estas personas que intentaban tener una vida mejor, había sido el infierno. Cada año miles de personas pierden la vida en nuestras costas y a veces, es mucho mejor mirar hacia otro lado y no querer ver la realidad. Pero allí estaba, me senté a su lado y empecé a llorar. Hacía viento, mucho viento… ¿se habrían hundido en un día como el de hoy? Se que siempre suelo escribir medio de broma, pero me sentí destrozada en ese momento y solo pude desearles suerte a todas aquellas personas que sueñan con una vida mejor.

Decidimos que ya era hora de volver, pero nos quedaba algo por hacer: subir una duna. Si, ahí a lo loco. Yo pensé: total, si al bajar la duna está la carretera, no se tardará mucho, ¿no? ¡Maldito el momento en el que tuve la idea! Después de una media hora larga, ¡la duna seguía creciendo! Cuando creíamos haber llegado a la cima… nooooooo era solo un espejismo,¡aún quedaba más!

¿Pero sabéis qué? Fue lo más bonito de todo el viaje. Allí arriba, viendo la panorámica de la playa, solo el amorcillo, la arena y yo, sentí una paz enorme. El tiempo se había parado y simplemente me senté y disfruté de las vistas. Pero tranquilos, ¡qué al fin llegamos a la carretera! ¡solo nos faltó besar el suelo!

Viajeros míos, si queréis pasar un día disfrutando de las olas, practicando un poquito de windsurf, recorrerte las dunas cual intrépido viajero en el Sahara, o simplemente convertirte en un cangrejito, la Playa de Valdevaqueros es tu opción número uno.

¡Ah y recordar las magníficas vistas con neopreno!

¡A seguir sumando kilómetros mis viajeros!

El Tumbao. Clases de windsurf y kitesurf

Hostal el Levante. Tarifa

 

 

¡Valencia en fallas!

¡Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà!

Mira, es solo pensar en ese momento y se me pone el pelo de punta. Y es que, no hay mayor placer para un valenciano que el olor a pólvora. No nos preguntes el por qué, pero nos encanta, creo que va incrustado en nuestro ADN. Desde pequeños nuestra mayor diversión es tirar petardos, y cuanto más gordo sea su sonido, más mola. Pero para mi, hay algo superior a la pólvora: las charangas. Ni Enrique Iglesias, ni Beyoncé,  ni el mismísimo Bon Jovi, a mi tócame Paquito el Chocolatero y me vengo arriba. El ‘He He’ lo tenemos más que dominado, bailamos el Caballo camina pa’ lante que ni el mejor ballet ruso, y seguimos al pie de la letra el ‘No en volem cap que no estiga borratxo’… Aish, ¡qué buenas son las fiestas valencianas!

Y es que, viajeros míos, si visitáis este fin de semana Valencia, os vais a enamorar de su cultura y sus tradiciones. Si ya de por si es una ciudad preciosa, en fiestas aún lo es más. Todos y cada uno de sus barrios engalanan sus calles con dos monumentos: la Falla Infantil y la Falla Adulta. Son monumentos con fecha limitada, ya que la noche del 19 de marzo arderán al son de la dolçaina y el tabal, acompañados por las lágrimas de sus Falleras Mayores que tienen que despedirse de unas fiestas llenas de emociones.

Las fallas no son solo fiesta nocturna, que la hay y mucha, para mi es una fiesta para vivirla por el día. Como no, uno de mis actos favoritos es la mascletà. Y ahí va un consejo: se tiran a las 14.00h, pero no esperéis ir media hora antes y coger un buen sitio. ¡El año pasado estuve plantada desde las 11 del medio día justo debajo del balcón del Ayuntamiento! (no hace falta que seáis tan exagerados como yo, fue por el puro postureo fallero). Estaría bien ir unas dos horas u hora y media antes, buscáis un buen sitio a la sombra, te sacas tu bocata y tu bebida !y a disfrutar con la música fallera¡

Y como no, el gran consejo de las Fallas: paciencia, mucha paciencia. La ciudad durante sus días grandes recibe a miles de turistas, así que sus calles, negocios, transportes… ¡están abarrotados! ¡Ríete tu del metro de China comparado con el de Valencia en los días de Fallas! Si vais en coche, dejarlo aparcado muy a las afueras y coged el transporte público, madrugar para poder ver los monumentos ganadores sin el menor numero de personas posibles, y si sois de un tono de piel rojo gamba de Denia como el mío, no os olvidéis de la crema solar ¡no veas como pega el caloret faller!

Hay una foto que todo buen turista de postureo que se precie, tiene que llevarse de Valencia: ¡la foto con una Fallera Mayor! Ellas estarán encantadas de pararse un segundo y posar para vuestro objetivo, y tu podrás apreciar de cerca lo maravillosos que son estos trajes. Siguen un estricto protocolo para recrear a la perfección la vestimenta del s. XVIII. ¡Espero algún día poder ponerme uno de esos trajes! ¡Son taaaaan bonitos!

Mi lugar favorito de la ciudad es la Plaza de la Virgen, justo a espaldas de la Catedral. Y durante los días de Fallas, es una plaza que tiene un olor especial. Cientos de flores, entregadas por los falleros a su virgen, ‘La Cheperudeta’, conforman un manto florar de vivos colores, que además de ser precioso, es uno de los actos más esperado por los valencianos: el día 18, por la noche, la Fallera Mayor de Valencia, entregará su ramo entre las lágrimas y los aplausos de los allí presentes. Si queréis presenciar este maravilloso momento,  ya podéis tener mucha, mucha, pero que mucha paciencia. ¡Hay gente esperando desde por la mañana para coger sitio! ¡Así que mucha suerte!

Y después de ver todos los monumentos falleros, vamos a lo que de verdad importa: comer. ¡Qué de eso en Valencia saben, y mucho! Yo cada vez que voy hacia allí, se me hace la boca agua pensando en una horchata fresquita con fartons. ¡Son dos de mis cosas favoritas en este mundo! Encontraréis un montón de puestos callejeros donde degustar un vasito fresquito o en cualquier horchatería típica de la ciudad ¡hay una en cada esquina!

¿Y que me decís dels bunyols? En nuestra tierra, el día el padre es sinónimo de estos dulces, hechos con calabaza, harina, levadura y fritos en aceite. Se suelen mojar en chocolate, pero yo, que soy más valenciana que los murciélagos, ¡los mojo en la horchata! ¡todo en uno! ¿Y la paella? ¿Donde mejor para degustar un rico arroz que en la Comunidad Valenciana? Intentad saliros del centro para comer, ¡ya que durante esos días os van a sacar un riñón por una ración de paella!

Y si, por la noche, si aún tenéis fuerzas, hay dos cosas imprescindibles para hacer: ver las luces de algunas fallas como Cuba Literato Azorín, las cuales se llenan con millones de bombillas y crean un espectáculo de luces y sonido, que os va a fascinar. Y como no, si estáis en Valencia la noche del 19 de marzo, acudir a la Cremà. Es el momento más esperado pero también el más triste. Toca decir adiós a los monumentos falleros y dar la bienvenida a las fiestas del año que viene. ¡En el momento veáis la cremà de la alguna de las fallas, entenderéis la pasión que tenemos los valencianos por el fuego! ¡Te hechiza tanto que no puedes dejar de mirar!

Así que ya sabéis, si queréis pasar unos días inolvidables, rodeados de buena comida, buen ambiente y mucha fiesta, ¡os espero este fin de semana en Valencia! ¿quedamos y nos tomamos una horchata fresquita?

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!