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Pedraza

Corría el año 2009 y yo, a mis 20 añitos, me enfrentaba a uno de los mayores retos de toda la humanidad: guiar por primera vez a un grupo. Bueno seguro que ahora estáis pensando que no es para tanto, pues si, para mi lo era. Yo, tan yogurina, tan inexperta, con las piernecitas temblando, una carpeta bajo el brazo para parecer profesional y unas extensiones horribles (¿ de verdad me veía mona así?), me puse delante de un grupo y les dije: Pues eso, que voy a ser vuestra guía. Ya os podéis imaginar la cara que puso el grupo. Una abuela me dio hasta un bocata, me vio cara de nieta.

Una vez pasado el shock inicial, pusimos camino de Segovia. Cada vez que recuerdo aquel primer viaje me entra vergüenza ajena, pobre grupo. La voz me temblaba, el chófer era murciano cerrao y yo no lo entendía, y nunca en la vida había estado en Castilla y León, imagínense la situación.  Pero de pronto, llegamos a un pequeño pueblecito y mi suerte cambió. Pedraza, tan bonito, tan rural, tan tranquilo, taaaaaan todo, que me enamoré de él nada más poner el pie en el suelo. Fue mi primer gran amor viajero, fue dónde descubrí que mi pasión era visitar pequeños pueblitos bonitos. Pero estaba tan nerviosa que no pude disfrutarlo como yo hubiese querido, así que durante muchos años, Pedraza ha sido mi espinita clavada en mi cuaderno viajero.

Y ahora ya, a mi vejez ( que 8 años no es tontería, ¿eh?) decidí que era hora de volver. Cogí mi súper Nikon, me puse mona para la ocasión (no todos los días te reencuentras con un viejo amor) y hacia Pedraza que nos fuimos. Y si, es tal y como lo recordaba, bonico del todo.

Si vais en coche no tendréis ningún problema, repartidos por todo el pueblecito hay varios parkings donde poder dejar el coche y empezar a callejear. Nos da la bienvenida una antigua puerta de la muralla, conocida como la Puerta de la Villa. Es traspasar este arco y sentirte como en la Edad Media. De ella parten varias callecitas, escoger la que más os guste, todas  merecen la pena: casas llenas de tiestos con flores, viejas puertas, vid colgando de los muros… Pero si además queréis empaparos con algo de historia, justo al ladito de la puerta se encuentra la antigua cárcel, donde se pueden visitar las diferentes salas y aprender un poquitín sobre la historia local (precio 3€).

Pero el verdadero encanto de Pedraza reside en sus calles, oye y no lo digo yo. Sus vecinos han visto rodajes como Águila Roja, Toledo, e incluso aquel famoso anuncio de la lotería de navidad, donde Rafael entonaba el Na, na na na na naaaaa (sabes que lo has leído cantando). Así que, viajero mío, va siendo hora de que saques tu cámara a relucir y te saques unas cuantas fotos de postureo, ¡de esas que tanto nos gustan! ¡Qué no todos los días estamos paseando por las calles donde gravó el mismísimo Rafael!

Y uno de los puntos más fuertes que tiene Pedraza es su Plaza Mayor. Y aquí estoy indignada. Señor Alcalde o Alcaldesa de Pedraza, llevaba yo esperando volver a su municipio 8 añacos, y cuando llego a la plaza que recordaba con tanto cariño, ¿con qué me encuentro? ¡Con la plaza de toros medio a montar! ¡No pude hacerme la foto en esa plaza taaan bonica! Mira, casi me faltó llorar. Pensaréis que soy una peliculera, y si, pero vamos que a mi estas cosas me afectan mucho y casi no duermo yo luego por la noche. Pero que lo sepáis, Pedraza tiene una de las plazas mayores más bonicas que e visto en mi vida. Queda dicho.

Así que algo cabizbaja, seguí mi camino hacia el Castillo. Tengo que reconocer que se me pasó a los dos minutos cuando vi una casa hiper mega mona llena de florecitas como a mi me gusta, y le hice unas cuántas fotos. Si, a veces soy así de simple. Pues eso, que llegamos al Castillo y la vista es genial. Allí tan imponente, se alza la fortaleza de origen árabe. Se conserva muy muy bien y paseando por su interior te puedes llegar a sentir como la dueña y señora de Pedraza, que a mi eso de venirme arriba me lleva poco tiempo. Por si os interesa visitarlo la entrada son 6€ y abre de miércoles a domingo.

Hay algo muy curioso que siempre he querido ver de este encantador pueblo y es la famosa Noche de las Velas. Durante los dos primeros sábados de Julio, el pueblecito se llena con casi 40.000 velas repartidas por todas sus calles. Además se realizar actividades culturales y conciertos durante estos días…¿algún alma caritativa segoviana me quiere adoptar para julio? ¡Cruzo los dedos para poder ir al año que viene!

Y como no…¡no os podéis ir de Pedraza sin comer un buen cochinillo! Qué estamos en la provincia del buen yantar, y para los amantes de la carne es toda una delicia. Pero os voy a confesar algo, eso si, que no salga de aquí y se enteren los segovianos… no me gusta eso de que me sirvan el pobre cochinillo enterito… me da una penita verlo ahí. Eso si, ¡huele que alimenta!

Tenía tantas, tantas ganas de volver a mi primer pueblito bonito que la mañana se me pasó en un abrir y cerrar de ojos. Para mi, Pedraza siempre tendrá un huequito especial en mi corazón.

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

La antiblogger

¿Sabéis de esas influencers (llámense de viajes, moda, estilo de vida fit…) que siempre salen hiper mega monas en las fotos? Pues bien, dadle la vuelta a todo eso y me tendréis a mi. Así tal cual, influencer de pueblo.

Que a mi me dan envidia sana, y lo reconozco. Pero siempre me pregunto: ¿Son de este planeta o las han traído una serie de marcianitos con la malvada idea de conquistar nuestro mundo a base de melenazas surferas y dientes blanquísimos? Pensadlo bien, igual el día que menos lo esperemos…zasca!!! Darán el golpe maestro a nuestro influenciable mundo.

¿Qué no? Mirad la primera prueba está en su pelazo. Cualquier blogger mortal de este mundo no tiene esa melenaza. Se levantan de dormir, melenaza; se van a dar un paseo por el parque mas cool del mundo, melenaza; ojo, se van a la playa y… ¡¡¡melenaza!!! ¿Cómo es posible si yo voy a la playa y a los dos segundos tengo el pelo tan a lo rey de la selva que hasta me envían whatsapps los del musical para ser parte del elenco (y ahorrarse así las pelucas). ¿Por qué yo me levanto con unos pelos nivel loca de los gatos y ellas parece que se vayan a casar? ¿Qué mundo injusto y cruel es este?

Pero no, la cosa no acaba ahí, en todos estos meses de influencer de pueblo, me he percatado de otra señal extraterrestre: solo comen fruta y ensaladas. Y no solo eso, se parten de risa mientras comen esas cosas insulsas e insípidas. Que si, no nos engañemos, que mucha vida fit y demás, pero cuando nos plantan una buena paella (valenciana por cierto), un buen cocido, o una buena hamburguesa XXL, ¡se nos hace la boca agua! En cambio ellas, míralas, divirtiéndose al máximo con su ensalada de brotes verdes de lechuga con semillas de chía y quinoa…¡puaj! ¿Habéis probado la quinoa? No lo hagáis, ya me lo agradeceréis. Pues si, las super influencers de hoy en día, se divierten comiendo lechuga. Extraterrestres.

Y tengo la teoría de que estas influencers de otro planeta tienen todo el dinero del mundo disponible a su alcance. Que si me hago una foto en una playa paradisíaca de una isla desierta privada en pleno Mar Caribe;  Que si me alojo en un hotelazo de 8 estrellas ( lo de 5 estrellas es para cutrecillos); Que si os muestro lo guays que son las sábanas de cuatro hilos de oveja virgen enrrollándome en ellas y haciendo que me acabo de despertar…. Pues yo me alojo en hostales, para sacar una foto de un monumento sin nadie alrededor me puedo tirar como tres horas esperando el momento oportuno, y me llevo la mochila con un bocata, que así me ahorro un dinerillo oye.

Y ya para que hablar de esos cuerpazos que tienen. Piernas kilométricas, ojazos grandes, sonrisa perfecta y blanca… y sin una sola estría o celulitis en tooodo su cuerpo. Y claro, luego la influencer de pueblo, se pone a hacerse fotos en sitios muy cools como Albacete o Ávila y pues no, el resultado no es el mismo. Siempre me sobra alguna lorza, o me ha salido un grano justo en la punta de la nariz, o me ha salido una nueva estría que hace una semana no estaba ahí… ¡A este paso los seguidores los consigo con cuentagotas!

¿Pero sabéis que? Cuando ya creía que si no eres una mujer 10 no puedes inspirar a nadie se cruzó en mi camino LuciaBe, ella, tan de pueblo, tan mona y tan ámate a ti misma. Gracias a ella me di cuenta de que somos todas muy bonicas, que mas da si tu talla es una 34 o una 44, que más da si tu culete no está tieso, qué más da si sales mal (pero mal) en todas las fotos. Todo eso qué más da, somos mujeres de verdad. Somos viajeras a las que no les importa salir mal en la foto, lo que nos importa es contar la realidad de los viajes, contar la realidad del día a día de una mujer. Porque si, comemos ensalada, pero también, hamburguesas, pizzas y perritos; tenemos días de pelufos, pero también días en los que te plantas un lazo y te sientes bonita. Y nuestras fotos muestran eso, la realidad. Y sea cual sea nuestra realidad, es la más bonita de todas.

Así que antibloggers mundanas del mundo… ¡seguid sumando kilómetros! ¡Y a posturearlos en Instagram!

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Sala de escape Locus Fugae

Viajeros, siento comunicaros que nuestra queridísima tía Matilde ha fallecido.

Ayer, estaba yo comiéndome mi riguroso helado de cada día, cuando recibí una nota de su notario. Ya pensaba que venía a darnos el pésame a la familia, pero no, en su lugar nos entregó un misterioso sobre donde nos indicaba que si queríamos acceder a una jugosa herencia tendríamos que superar una serie de pruebas… ¿La tía Matilde, aquella mujer un pelín tacaña (por decirlo suavemente) que se gastaba todo el dinero de su paga en sus dos gatos tenía una gran fortuna? ¿Y nos enviaba una simple felicitación por navidad? Pero bueno, yo que me crié leyendo a Sherlok Holmes me empecé a emocionar… ¿Qué gran aventura nos habría dejado nuestra tita Matilde? ¿Valdría la pena hacer las maletas e ir hasta Alicante para averiguarlo? Elemental querido Watson.

Calle Calderón de la Barca, 25. Pues nada, aquí tiene que ser. Entro un poco asustada, no se muy bien que voy a encontrarme… ¿al mismísimo Dan Brown que me dará las pistas a seguir o tendré que hacer valer todos mis conocimientos de criminología aprendidos temporada tras temporada de CSI? Pues no, en la sala solo está el notario de nuestra tía, enfundado en un elegante traje negro (que calor tendrá que estar pasando el pobre). Pasamos a una sala donde solo hay un sobre encima de la mesa y un vídeo, bien, la cosa se va poniendo interesante.

“Señorita, cuando esté preparada le puede dar al play. Su tía Matilde ha dejado un mensaje grabado para usted”. Dicho esto, sale de la habitación y me deja a solas, con el sobre, el mando y dos gordos gatos que no dejan de mirarme. No se muy bien si darles de comer un sandwich que llevo en el bolso o echarlos de la habitación. Al final los dejo estar y cojo el mando, me sudan las manos, pero ya no puedo aguantar más. Ahí está, nuestra tía Matilde… ¿Qué querrá que hagamos?

Pues bien, viajeros míos, esto no es un cuento inventado, es la súper aventura que uno de vosotros podrá vivir en la maravillosa y trepidante sala de escape Locus Fugae. Yo fui y lo flipé, así tal cual. Desde el minuto uno, te hacen estar dentro del juego, ¡de verdad que acabas creyendo que Matilde era tu tía! Entras a la sala y te dan 60 minutos para poder descifrar las pruebas que os han dejado para poder llevaros su cuantioso testamento… ¡pero cuidado! El tiempo pasa tan deprisa ¡que en daros cuenta vuestro minutos se agotarán!

Locus Fugae Room Escape se encuentra en Alicante, justo en el centro, muy cerquita del Mercado Central y sus dueños son dos chicos jóvenes maravillosos que han puesto muchísimo ímpetu en los detalles para que te sumerjas en el juego. Desde su apertura se han llevado varios premios a la mejor sala de escape y mejor ambientación. Y no solo eso, desde hace unos meses han incluido dos nuevos juegos…Moorder, y Boom Scape, ¡así que no tienes excusa para volver si ya has estado! ¿no estás deseando probar tus habilidades detectivescas?

¡No te lo pienses dos veces y disfruta de algo diferente en tu aventura por la terreta!

¡A seguir sumando kilómetros mis viajeros!

 

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Playa de Valdevaqueros

¿Queréis alegraros la vista viendo a chicos hiper mega guapos surcando las olas? ¡Pues bienvenidos a Valdevaqueros!

Allí estaba yo, en una de las playas más bonitas que había visto en mi vida, cámara en mano, esperando hacer mil fotos del paraíso, pero no, mi mente estaba ocupada en otra cosa… ¿habéis visto lo bien que les queda el traje de neopreno a los surferos? Ay Dios mío. Amorcillo, si lees esto, yo te quiero mucho, pero es que algo así solo lo había visto en las películas…

Pues a la media hora de estar yo allí embobada, me di cuenta de que las piernas me empezaban a doler…¡era como si miles de mosquitos me picaran todos a la vez! ¡El espectáculo era tan bonito como picante! El viento de levante levantaba la arena y hacia que se vieran olas en la arena, pero eso si, esas olas se estrellaban en tus piernas, ¡y duele mucho! Fue entonces cuando salí de mi mundo de imaginación de los Vigilantes de la Playa y me percaté de lo bonita que era la playa.

La arena era blanca, blanquísima diría yo. El agua, parecía sacada de una postal del Caribe, azul cielo. Y para rematar el conjunto, las dunas que se iban perdiendo en el horizonte. Empezamos a andar para alejarnos un poco de la gente, ya que aunque era maravilloso verlos volar en el aire con sus tablas, la playa merecía que le dedicaramos un largo paseo y unas mejores fotos.

Tuvimos la gran suerte de pillar marea baja y al poco de empezar a andar, cuando ya la gente quedaba a lo lejos, llegamos a una zona llena de pequeñas roquitas que al subir la marea quedaban escondidas. Y desde aquí, señores creadores de Juego de Tronos, si algún día leen esto ( yo apunto alto, oye), que sepan que sería un lugar fantástico para rodar alguna de sus escenas.

Yo me sentía como si estuviera en una película, como si los piratas fueran a venir de un momento a otro a guardar algún tesoro en las dunas que teníamos detrás. Al rato de estar soñando otra vez, salí corriendo del agua ¡qué fría estaba! ¡tenía los pies congeladitos!

Seguimos caminando un poco más y llegamos a lo que en principio parecía otra escena de película: los restos de un barco hundido. Me puse a hacer unas cuantas fotos, cuando de pronto caí en lo que era: una patera. No podía creerlo, a veces no somos conscientes sobre la realidad. Lo que para mi estaba siendo el paraíso, para estas personas que intentaban tener una vida mejor, había sido el infierno. Cada año miles de personas pierden la vida en nuestras costas y a veces, es mucho mejor mirar hacia otro lado y no querer ver la realidad. Pero allí estaba, me senté a su lado y empecé a llorar. Hacía viento, mucho viento… ¿se habrían hundido en un día como el de hoy? Se que siempre suelo escribir medio de broma, pero me sentí destrozada en ese momento y solo pude desearles suerte a todas aquellas personas que sueñan con una vida mejor.

Decidimos que ya era hora de volver, pero nos quedaba algo por hacer: subir una duna. Si, ahí a lo loco. Yo pensé: total, si al bajar la duna está la carretera, no se tardará mucho, ¿no? ¡Maldito el momento en el que tuve la idea! Después de una media hora larga, ¡la duna seguía creciendo! Cuando creíamos haber llegado a la cima… nooooooo era solo un espejismo,¡aún quedaba más!

¿Pero sabéis qué? Fue lo más bonito de todo el viaje. Allí arriba, viendo la panorámica de la playa, solo el amorcillo, la arena y yo, sentí una paz enorme. El tiempo se había parado y simplemente me senté y disfruté de las vistas. Pero tranquilos, ¡qué al fin llegamos a la carretera! ¡solo nos faltó besar el suelo!

Viajeros míos, si queréis pasar un día disfrutando de las olas, practicando un poquito de windsurf, recorrerte las dunas cual intrépido viajero en el Sahara, o simplemente convertirte en un cangrejito, la Playa de Valdevaqueros es tu opción número uno.

¡Ah y recordar las magníficas vistas con neopreno!

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El Tumbao. Clases de windsurf y kitesurf

Hostal el Levante. Tarifa

 

 

Hostal El Levante, Tarifa

Hay persona que no se cruzan en tu camino por casualidad, y Diego llegó a la mía para hacer que me enamorara de Cádiz.

Todo un empezó una tarde, de esas de aburrimiento extremo que te pones a ver vídeos de gatitos en Youtube (son tan cuquis). Pues así estaba yo, vídeo tras vídeo (en el momento empiezas, no puedes parar), cuando de repente recibí una llamada de Diego para que me animara a conocer Cádiz en las vacaciones de Semana Santa… oye, ¿por qué no? Solecito, playas, chico surferos guapos, buena comida… ¡era el plan ideal!

Cargamos las maletas en el coche y pusimos rumbo hacia la paradisíaca Tarifa. Y allí, frente al Mar Altántico, encontramos un pequeño hostal, todo blanco, con pequeñas terracitas… ¡y una zurrapa que está para hacerle un monumento! Si hay algún andaluz en la sala, necesito que me envíe un camión lleno de esa delicia para el paladar ( y par las caderas…)

Diego, su gerente, nos recibió con los brazos abiertos, ¡con esa alegría andaluza que tanto me gusta! Nos dijo que nos iba a dar la mejor habitación de todo el Hostal El Levante… ¡y que gran razón! De un blanco impoluto, con una decoración minimalista pero exquisita, unas fotografías que te animan a dejar las maletas e irte corriendo a la playa, ¡y una cama que te atrapa y no te deja salir hasta que no duermas una buena siesta de unas tres horas! (ahí, como Dios manda). Y mirad que yo tenía un montón de ganas de conocer Tarifa, pero decidimos darnos un par de horitas en el Hostal y poder disfrutar del lujo andaluz.

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Saqué mi ordenador a nuestra terracita y fue todo un placer poder escribir escuchando las olas del mar y tomando el solecito que tanto necesitaba (!que en Tarifa están todos tostados por el sol¡). Mientras yo escribía, mi amorcillo se tumbó al sol y en cinco minutos, en el espectacular jardín del Hostal el Levante, ¡acabó mas tostado que mi desayuno por la mañana! Que le vamos a hacer, los hay con mucha suerte en este mundo…

Pero lo que más me gustó de todo es el ambiente familiar que se respira en el Hostal. Durante los días que pasamos allí todos y cada uno de los integrantes del equipo, nos hicieron sentir que eramos parte de esa familia. Entendieron en cada momento mi problema con las alergias alimenticias, me lo prepararon todo aparte y me dijeron que estaban muy concienciados sobre ese tema… ¡así que un 10 para vosotros familia!

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¿Y que deciros de su  maravillosa zurrapa casera? Yo, que nunca la había probado, decidí que era hora de que algún blog le rindiera homenaje a tan exquisito manjar. Restregadita en unas tostadas, es el mejor desayuno para empezar con fuerza la mañana para subir las dunas de las playas de Tarifa, Valdevaqueros, Bolonia… ¡Qué más da que se peguen en las cartucheras! ¡Viajamos para disfrutar, no para sufrir!

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Si vais a pasar unos días por la zona de Tarifa, el Hostal el Levante es vuestro sitio ideal: decoración cuquísima, precios económicos, desayunos de rechupete, gente encantadora… ¡Yo ya le he prometido a Diego que volveremos en verano para unas clases de surf! ¡Qué no se va a librar de mi tan fácilmente!

Viajeros, apostar por los alojamientos familiares, donde recibes un trato exquisito y siempre con una sonrisa. Así que apuntar el Hostal el Levante para vuestras próximas vacaciones por la provincia de Cádiz.

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Hello Gibraltar

¿Sabéis las ganas que tenía de volver a comer un buen fish and chips? Hace ya 6 años, (¡cómo pasa el tiempo!) cogí las maletas y me fui un año a vivir a Inglaterra. Allí aprendí a conducir por la izquierda, a llevar un chubasquero siempre en el bolso y a comer muchos, muchos fish and chips. Así que ya de camino hacia Gibraltar solo iba pensando en el festín que me iba a pegar.

Llegando nos surgió la primera duda, ¿dónde aparcamos? Pero al ver la cola de entrada en la frontera lo tuvimos claro, aparcamos en la parte española, en la Línea de la Concepción. Eso si, si queréis llenar el depósito de gasolina ¡entrar el coche al peñón! ¡Menudos precios más baratos! Le hice foto y todo para luego llorar cuando tuviera que poner la gasolina en mi pueblo… La única parte mala de aparcar en el parte española es que es todo zona azul, así que nos tocó pasar por caja y dejarnos unos cuantos eurillos en La Línea.

A la hora de pasar la frontera no tendréis ningún problema, enseñando el DNI y en tan solo unos segundos…¡te encuentras en otro país! Y no solo eso, ¡te encuentras con un aeropuerto! A partir de aquí tienes dos opciones: ir andando hasta Main Street (es un paseíto de unos 20 mintuos) o coger un autobús urbano que os va a dejar en el centro de la ciudad, el cual tiene una parada justo al lado de la ‘valla’ así que no tendréis ningún problema en localizarlo. Yo quería la típica foto de postureo cruzando el aeropuerto con el peñón al fondo, así que elegí ir andando y disfrutar del solecito gibraltareño.

Llegó un momento en el que no sabíamos muy bien por donde ir, así que preguntamos a una mujer que vimos por allí: ‘Excuse me, Where is the Main Street?’  A lo que la mujer nos miró y nos dijo: Pues lo tenéis muy fácil, to parriba. Gibraltar es to roca y to parriba’. En ese momento entendí que poco inglés iba a practicar yo… Y por si no fuera poco añadió: ‘Ufff que calor hace hoy, mi arma. Los guiris nos ponemos muy rojos en cuanto llega el buen tiempo’. ¡Pero como mola la gente de Gibraltar! ¡Esto de poder hablar con un inglés perfecto y con acento andaluz al mismo tiempo es todo un lujazo!

Con una gran sonrisa pasamos los dos puentes que dan acceso al casco antiguo y llegamos a ……. Allí yo ya no pude aguantar más las ganas de comerme un buen fish and chips y nos sentamos en el restaurante Rock English Fish and Chips ¡Y menos mal que pedimos el pequeño! ¡Era enorme y estaba buenísimo! Nos trajeron una salsa tártara que estaba para chuparse los dedos y unas patatas caseras que estaban para hacerle un monumento. ¡Cómo disfruté! Por 8 libras comimos mi amorcillo y yo súper bien. Él, que nunca había probado este plato, salió encantado. ¡A la próxima en Londres!

Seguimos nuestro camino por Main Street, y aquí fue cuando reviví mi época londisense: Mark and Spenncer, Top Shop, chololate Cardbury, pubs ingleses… Y si a todo esto le añadimos que la calle es preciosa, toda decorada con farolas de las cuales cuelgan flores de colores y casas señoriales con fachadas dignas de fotografiar, hace que el paseo por esta calle sea de lo más agradable y disfrutes de cada rinconcito.

Después de fundir mi tarjeta de crédito, que oye, esto de que los precios estén más baratos es todo un peligro, llegamos al final de Main Street y nos encontramos con un cementerio precioso. Si, se que esto de visitar un cementerio suena algo raro, pero merece la pena. En el yacen alguno de los que lucharon en la famosa Batalla de Trafalgar, en la Batalla de Algeciras, Sitio de Cádiz y la Batalla de Málaga. ¡Vamos, un lugar súper recomendado si eres un amante de la historia militar!

Y a pocos metros del cementerio, llega la atracción estrella de Gibraltar: el peñón con sus famosos monos… Si, esos monos que como te acerques mucho ¡te quitan hasta los pendientes de oro que lleves puestos! Todo aquello que reluzca capta su atención, ¡así que mucho cuidado con vuestros objetos personales! Quitando esto, la verdad es que es encantador poder contemplarlos en total libertad. Y por cierto, me contaron que corre una leyenda que el día que los monos desaparezcan de Gibraltar, ésta será española… así que gibraltareños ¡cuidar bien a vuestros monos!

Y para subir a ver el paraje natural del peñón hay varias opciones: el teleférico que cuesta 19€ subir y bajar, un bus turístico, que cuesta 30€ pero hacen varias paradas por el recorrido, y un taxi privado, son un poco más caros, pero puedes bajar allí donde quieras y puedes pactar el precio con el conductor desde un principio. Y las dos opciones low cost: en tu propio coche si lo has entrado, y la más mega económica, a pie (esto solo los recomiendo para los súper héroes). Ya, como subas lo dejo a tu elección, ya que cualquiera merece la pena para poder disfrutar de las maravillosas vistas que se observan desde el peñón.

A la bajada decidimos parar en el Jardín Botánico para tomar un poco el fresquito (que menudo calor nos hizo mi arma). ¡Y que agradable sorpresa! ¡Qué sitio más bonito! Tiene rincones preciosos con pequeñas cascadas, peces koi, cabinas telefónicas, cientos de flores… ¡e incluso si hay suerte se puede ver algún monito que otro! Si vais con peques es una visita súper obligatoria ya que pasarán un ratito muy entretenido (y los no tan peques también).

Para mi, visitar Gibraltar fue como transportarme a otra época. Me encantó volver a escuchar inglés mientras andaba por la calle, pero sobretodo me encantó ver la amabilidad de sus gentes. En todo momento nos atendieron con total amabilidad y salero, ¡los ingleses más salerosos del mundo mundial!

Así que, viajeros míos, si queréis descubrir algo totalmente diferente a pocos kilómetros de casa, Gibraltar es vuestro destino ideal. En tan solo unos minutos descubriréis una cultura y tradiciones diferentes. Abrir la mente y aceptar las decisiones de los demás, Gibraltar es inglés y yo, como buena viajera, estoy encantada de que así sea.

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Niño Yuntero

Martes, 28 de marzo. La estación está empezando a cobrar vida, cada día nuevos pasajeros se cruzan en mi camino. Yo, como siempre, les observo, pero hoy, no veo nada especial.

De repente, una ráfaga de aire frío pasa por mi lado. Miro hacia atrás extrañada, no hay nadie. Las ventanas siguen cerradas y las puertas están lo bastante lejos como para hacerme llegar la más mínima brisa. Entonces me doy cuenta, la estación se ha quedado parada en el tiempo. Los transeúntes, que antes llenaban la estación con sus gritos y pasos acelerados, ahora están congelados, mudos, reina el silencio.

Lentamente me levanto, estoy temblando, las piernas no me funcionan y el corazón se va a salir del pecho. ¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué nadie se mueve? Miro alarmada a mi alrededor y solo quiero salir de allí, necesito tomar el aire. ¿Me estaré volviendo loca? Pero no puedo salir, las puertas están cerradas. Estoy a punto de gritar, pero de pronto lo veo. Allí, justo en el mismo asiento donde yo estaba antes, hay un viejo libro. Casi no me atrevo a tocarlo, lo acaricio con la yema de mis dedos, tengo fascinación por los libros antiguos. Antes de abrirlo, lo huelo. Si, adoro ese olor a libro viejo, desgastado.

Es entonces cuando me fijo en la portada. En ella solo hay escrita una fecha: 28 de marzo de 1942. Aún sigo presa del pánico, pero mi curiosidad puede conmigo. Lo abro y de él empieza a emerger música escrita. Se ha roto el silencio de la estación, ahora, escucho bellos sonetos, odas al amor y llantos desgarrados.

Cierro los ojos y percibo un ligero aroma a cebolla y pan. Ni siquiera me atrevo a preguntar como puede ser eso, simplemente me dejo llevar. Oigo el llanto de un bebé, un llanto desgarrador, tiene hambre. Junto a él hay una madre consolándole, dándole el poco alimento que sale de su ser: sangre de cebolla. No, mi niño, no llores, ríe. ‘Ríete, que te traigo la luna cuando es preciso’.

El viento vuelve a cambiar, pero el niño sigue ahí. Ha crecido, pero sigue estando hambriento. Sus manos están cansadas, su mirada desolada. Ya no juega, no ríe, no sueña. “Me duele este niño hambriento, como una grandiosa espina”. Sus días transcurren tras los surcos y los arados. Ya nadie bajará la luna por él. Quiero arrullarlo en mis manos, consolarlo, decirle que nunca más será un niño yuntero. Pero, al fin y al cabo, “¿quién salvará este chiquillo menor que un grano de avena?”

Voy corriendo hacia el, pero su silueta se va perdiendo en el tiempo. Me detengo y escucho pasos detrás de mí. Al girarme veo a un chico joven. Lo miro a los ojos y se que es mi niño yuntero. Ahí siguen fríos, vacíos, hambrientos. Se descalza y pone sus zapatos en el alféizar de la fría ventana. Se gira hacia mí y me susurra: “nunca tuve zapatos, ni trajes ni palabras.” Su vida transcurrió entre surcos y sangre de cebolla.  Su único vestido durante muchos años fue la pobreza. Me derrumbo, no puedo más. “Rabié de llanto, hasta cubrir de sal mi piel”. Vida, ¿cómo has podido ser tan cruel con mi niño yuntero? Me acerco a la fría ventana, acaricio sus raídos zapatos, y se que cuando me gire ya no estará, me habrá vuelto a dejar.

La luz empieza a tornarse más cálida. Ya no hace frío, la ventana ha dejado de estar helada. Ansío ver a mi niño yuntero, pero, en su lugar, aparece una bella mujer de con aroma de rosas. Por primera vez sonrío: mi niño hambriento se ha enamorado. Luchan por un amor dividido por la guerra. Ella espera ansiosa cada poema escrito con sangre de cebolla. Mujer rosada, “ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo.”  Tranquila, yo te guiaré, te cuidaré. Esperaremos juntas a nuestro niño yuntero. Él, desde las trincheras, te está gritando, ¿no lo oyes? “Tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.”

No deseo que se vaya, pero se que tiene que partir. Al decirle adiós la estación se queda completamente a oscuras. No veo nada, estoy helada. Presiento que algo malo va a pasar. Ya nadie me acompaña, ¿dónde está mi niño hambriento? Intento salir, correr hacia mi libertad, pero estoy encerrada. Grito desesperada, ¿por qué nadie me ayuda? Yo solo quería escribir, solo quería ser feliz. Voy a un rincón y me doy por rendida, ya está, “aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue.” Suspiro y entiendo que todo llega a su fin. Mi viaje, el viaje de mi niño yuntero, acaba aquí, solo, encerrado, a oscuras. “Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte.” Sus días han acabado como empezaron, con llantos, cebolla y pan.

Alguien me despierta. Una mujer, me mira con ojos rosados y me dice que mi tren acaba de partir, que es hora de irme a casa. Tiene razón, no quiero explicarme lo que acaba de pasar. Igual solo fue un sueño, no hay que darle más vueltas. Salgo lentamente de la estación pero tengo el corazón en un puño. Antes de marcharme por completo, algo en mi me dice que entre a la librería de la esquina. Y allí estaba, esperándome. Entre libros de ciencia ficción y amores imposibles, veo a mi niño de ojos vacíos, Miguel. Me sonríe y me entrega un viejo libro: 28 de marzo de 1942. Lo guardaré, mi niño poeta, lo guardaré otros 75 años más.

Sayech beach, by Josan

Tacos, nachos, empanadas, hamburgesas, patatas… ¡De solo pensarlo mi boca se hace agua! Ese fue mi gran dilema de ayer, ¿qué me pido? Allí estábamos mi amorcillo y yo, a pie de playa, con un solecito espectacular, una ligera brisa mediterránea y una gran calavera mexicana que nos quería obligar a comer todas y cada una de las cosas de la carta (que lo hice obligada, que conste).

Y no, no hace falta irte a México para probar unos tacos que están de rechupete, unos nachos repletos de queso fundido que aparecerán en tus mejores sueños, y una hamburgesa gourmet que te reafirmarán tus ganas de ser carnívoro. Solo con que vayas a Urbanova en Alicante (la millor terreta del món, por cierto), los tendrás al alcance de tu mano… ¡y de tu bolsillo!

Hace tres semanas recibí una llamada que me hizo especial ilusión: ¡estábamos invitados a la apertura del nuevo Sayech beach, by Josan! Y yo, que no me pierdo un sarao, allí que me planté. Además que soy una defensora de los grandes proyectos diferentes y originales. Que dos chicos jóvenes como son Ángela y Josan, hayan decidido abrir su tercer local en la provincia de Alicante, es algo digno de admirar hoy en día. Gracias a gente como ellos (y no gracias a quienes se creen que tienen el poder absoluto), nuestro país irá resurgiendo poco a poco de sus cenizas. Así que chicos, mil gracias por ser gente tan molona y emprendedora.

¿Y que deciros de la comida? Es de 10. Su carácter joven se nota en cada uno de los platos que te sirven. Toda su carta es de estilo callejero internacional (palabras de la propia Ángela) y lo mejor, es que todo está cocinado a la brasa, ¡así que ya podéis imaginaros que placer al darle el primer mordisco a la hamburgesa! (cual Crónicas Carnívoras). ¿Sois más amantes del pescado? No os preocupéis, a partir de veranito van a incluir carta de pescados recién traídos de los mejores puertos de la Costa Blanca… ¡apostando por el producto nacional de calidad! ¡Así me gusta! Y por si no fuera poco, llevan muchísimo cuidado con el tema de los alérgenos. Su carta está totalmente detallada y al no poder comer la gran mayoría de los platos (ya me he acostumbrado a comer por la vista), tuvieron el gran detalle de servirme un platito de un embutido que estaba para rebañar el plato y un arroz que quitaba el sentio. De verdad, mil gracias por este detalle.

Mi parte favorita es la decoración del local. Su gran cartel en el exterior, la gran calavera que te da la bienvenida, la escalera colgada del techo, el banco blanco impoluto de madera… Si te gustan los locales modernos y acogedores al mismo tiempo, te vas a sentir como en casa. Y seguro que estáis pensando que toda esta comida tan moderna y este local tan guay, además de estar en pleno paseo marítimo, tiene un precio desorbitado… ¡Pues no! ¡Sus precios son de los mas económicos! Echarle un ojo a la carta vosotros mismos:

¿Y de dónde viene esta idea de mezclar comida mediterránea con latina? Pues veréis, Ángela tiene raíces latinas, colombianas. Su genial mamá (la cual tuve ayer el gusto de conocer), les eneñó desde bien pequeñas a cocinar recetas típicas de la gastronomía de su país de origen. Fue cosa del destino que en su vida entrara Josan, un gran chef amante de la cocina tradicional pero con un toque moderno. Y el resto ya es historia, decidieron emprender su primer negocio juntos y tuvo tanto éxito, que a día de hoy son nº1 en Tripadvisor en la ciudad de Elda. ¡Estoy segura que vendrán muchos éxitos más!

Así que recordar, mis viajeros, si veraneáis unos días en la provincia de Alicante, apuntar Sayech beach, by Josan como uno de vuestros referentes para pasar un buen rato en uno de los locales mas molones de la terreta. Y os dejo su frase más famosa, de la cual estoy totalmente enamorada: A comer, beber y bailar, que el mundo se va a acabar. ¡A disfrutar de la vida mis viajeros!

Surcos en la piel

Siempre he sabido que no estaba sola en mi días de observación. Justo en la otra punta de la estación cada día, a la misma hora, se sienta mi fiel compañero.

Sus movimientos son lentos, los años ya hace tiempo que pesan sobre sus hombros. Sin prisas, a la misma hora todos los días, entra en la estación, mira a su alrededor y se sienta en el banco al que empiezan a darle los primeros rayos vespertinos. La verdad es que nunca me había fijado en él. Siempre estoy ocupada imaginando la vida de todos aquellas personas que se cruzan en mi camino tan solo un segundo. Y sin embargo, él está ahí todos los días, sin falta.

¿Qué le empujará a venir aquí todos los días? ¿Será un amante de las vidas cruzadas como yo? Si, seguro que es eso. Veo como observa a la gente que pasa por su lado, los mira con atención, fijándose en cada detalle. No habla con nadie, solo se sienta y observa. Y yo, a su vez, lo observo a él. Me provoca ternura, quisiera sentarme a su lado y que me contara toda su vida, cuales fueron sus sueños, sus amores y sus mayores triunfos. Pero no me atrevo, sería romper mis reglas.

Cientos de arrugas surcan su piel. Todas y cada una de ellas hablan de historias pasadas, de momentos vividos que ya no volverán. Unas me hablan de su gran amor, un amor que se fue y ya no volverá a estar junto a él. La añora, recuerda cuando venían juntos y se sentaban a contemplar a los transeúntes. A ella le divertía ver a los hombres de negocios tan bien vestidos, con sus elegantes trajes, corriendo detrás de un tren que se había marchado sin ellos. A él simplemente, le gustaba verla sonreir.

Otras me hablan de años cansados en el campo. Años en los que el sol encurtía su piel y la tierra endurecía sus manos. Pero pese al cansancio, fueron años felices. Tenía todo lo que necesitaba, a su familia. Con el paso de los años, sus seres queridos se fueron disipando, y las visitas se fueron alargando en el tiempo, pero en cambio sus arrugas, siguieron aumentando.

Pero en conjunto, todas ellas me hablan de el gran hombre que fue. Superó malas épocas, luchó por su libertad, buscó un futuro mejor para cada uno de los suyos, amó con intensidad, imaginó miles de vidas cruzadas…. Ahora me toca a mi. Sus manos cansadas se apoyan sobre el bastón, se está haciendo tarde y tiene que volver a la tranquilidad de su hogar. Le veo desaparecer lentamente entre la multitud, no tiene prisa, sabe que deja las vidas cruzadas en buenas manos. Yo las cuidaré y las mostraré al mundo con el mismo cariño que él lo hizo. Si, he tenido un buen maestro.

(Siendo yo pequeña, me sentaba con mi abuela en la plaza del pueblo. Nos gustaba ver la gente pasar y ella me contaba la historia de cada una de esas extrañas personas para mi. Nunca lo había pensado, pero esos momentos fueron los que han dado vida a Vidas Cruzadas. Este micorrelato va por todos nuestros abuelos que nos han ayudado a ser quienes somos hoy en día).

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Altea, la villa blanca

Como en la terreta en ningún sitio. Y mira que yo he viajado, y me enamoro de cada uno de los sitios a los que voy, pero como mi terreta, ninguna.

Altea tiene algo que te cautiva desde el minuto uno. No se si es su buen clima, su ambiente bohemio, sus preciosos miradores o su blanco impoluto que anima a sacarse mil fotos de postureo (que se lo digan a mi hermano, que al pobre lo tuve posando en cada rincón del casco antiguo, cansadito acabó el pobre de Altea). Sea como sea, es una de las visitas obligatorias cuando pasan unos días por la maravillosa Costa Blanca. Es uno de esos sitios, donde dejas un pedacito de tu corazón y gustosamente te quedarías allí a vivir una temporada. Cada una de sus callecitas, enlucidas de blanco, nos regalan unas vistas preciosas del azul Mediterraneo. Y si, me estoy poniendo muy romanticona, pero de verdad, Altea lo merece.

Para celebrar el día del padre, nos subimos los 5 al coche y nos pusimos camino de Altea (bueno antes tocó nuestra pelea de rigor por ver quien va en el asiento del medio, y por una sola vez en la vida, perdió mi hermano Pablo, ¡que gran placer!). Nada más llegar, dejamos aparcado el coche en la parte baja de el casco antiguo (era línea azul, pero al ser domingo, evitamos pagarla). Si no encontráis aparcamiento en esta zona, no os preocupéis, avanzáis un poquito más y hay dos aparcamientos grandes en la parte de arriba del todo de la ciudad donde podréis dejar el coche y empezar con la visita.

Y ahí va mi primer consejo: zapato cómodo. Mira que yo soy defensora de ir siempre monísima de la muerte, pero el casco antiguo es toooodo de piedrecitas, y ya vi a varias mujeres pasarlas canutas intentando que su tacón no se atascara entre una de ellas, así que evitar ir como un pato mareao, y poneros un zapatosos cuquis, pero adecuado para Altea. No os aconsejo subir por ninguna calle especial, simplemente dejaros llevar. Todas y cada una tienen algo bonito: una tiendecita de arte, un mirador hacia el mar, una puerta azul preciosa… No tengáis prisa y disfrutar de cada rinconcito.

Al poco, llegaremos a la Plaza Mayor, y lo primero que nos va a llamar la atención será la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Tiene dos preciosas cúpulas de color azul, conocidas como las cúpulas del Mediterraneo, y son tan famosas que ningún visitante se marcha de Altea sin su foto de rigor ¡no puedes evitar dejar de mirarlas!

Una vez te has deleitado con las preciosas cúpulas, ves que la plaza es todo un encanto: hay varios barecitos donde tomarte una cerveza fresquita y lo mejor de todo, calles blancas que contrastan con el azul del mar y un mirador que hará que me des la razón de lo bonita que es mi tierra. Desde él podrás apreciar la parte baja de la ciudad, el mar Mediterráneo, el Parque natural de la Sierra Helada e incluso, en días despejados, Alicante y Benidorm. Tuvimos el enorme placer de disfrutar de estas magníficas vistas acompañados por el sonido de la guitarra de un fabuloso artista callejero… ¡fue un momento mágico!

A continuación os recomiendo pasear por la Calle San Miguel, se encuentra a mano izquierda de la Iglesia y es una de las calles con más encanto de la ciudad. Está repleta de tiendas artesanas, y es que, Altea se caracteriza por ser el refugio de grandes artistas como Rafael Alberti o Vicente Blasco Ibáñez. Hoy en día aloja la facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández y eso le da un toque aún más especial. En esta calle encontraremos tiendecitas de cuadros, jabones artesanos, ropa hecha a mano, arstesanía local… ¡Muy recomendable para los amantes del mundo bohemio!

Otra de las calles con más encanto de Altea es la Calle Santa Bárbara. Se encuentra justo enfrente de la Plaza Mayor y tiene la clásica foto de la ciudad con el mar en el fondo. Además justo en la parte baja, tiene otro mirador precioso en el cual, nos sentamos un rato a la sombra y disfrutamos de las maravillosas vistas.

Mi hermano pequeño, que es de muy buen comer, ya tenía un hambre voraz, así que decidimos ir a llenar el estómago. Bajamos por la Calle Mayor (preciosa con puertas azules, talleres de artesanía y varios restaurantes), y entramos al Restaurante El Castell. Tiene una terraza preciosa, que para las noches de verano tiene que ser toda una delicia. Y aquí empezó el espectáculo: estaba yo, la rarita de las alergias; mi madre, con el brazo escayolado; y mi padre, que se adentró en un restaurante con comida italiana, y no le gusta el queso. La verdad es que la cosa empezó mal: no tenían carta de alérgenos. Para mi, eso fue un punto muy negativo, solo pude pedirme una sepia a la plancha y una triste (aunque buena ensalada). Lo peor vino cuando a los demás les trajeron sus pizzas… ¡según decían era la mejor pizza que habían probado nunca! Y yo allí, mirando mi triste ensalada y maldiciendo mis alergias… Así que, ¿lo recomendaría? Si buscáis un restaurante con buenas pizzas, buen ambiente y precios no muy caros, si. Si tenéis alguna especie de intolerancia o alergia, no. Yo no estuve muy agusto.

Después de comer, decidimos callejear un poquito más y bajar a la zona del paseo marítimo. Es ideal para pasear por la playa, tomarte un buen helado y disfrutar del buen tiempo de la primavera o darte un bañito en verano. Decidí que sería una buena idea que me diera un poquito el sol… de buena idea nada, vuelvo a tener mi piel de un color rojo gamba de Dènia, a que mala hora se me ocurrió…

Y si aún tenéis más ganas de turismear, os dejo dos recomendaciones muy interesantes y atípicas. La primera de ellas es la Iglesia Ortodoxa Rusa San Miguel Arcángel Se trata de un edificio espectacular, y único en España. Es tan curiosa que todos los materiales utilizados en su construcción, e incluso los propios trabajadores, son de origen ruso. Se empezó a construir en el 2002 y es una réplica de una iglesia del siglo XVII que se encuentra en la región de los urales.

Y la otra visita especial, es el El Jardín de los Sentidos. Se trata de una tetería, en la cual nada más entrar, te transportas a otro país, a otra época. La entrada son 7,5€ e incluye un te y un trozo de tarta. Además podréis pasear por sus jardines ¡y hacer mil fotos que os harán recordar al mundo asiático!

Así que, mis viajeros, si queréis disfrutar del placer y la tranquilidad de la Costa Blanca, Altea es vuestro destino idea: buen ambiente, buena comida y unas vistas espectaculares. ¡Si os animáis a venir avisadme y os hago una visita turística por la zona!

 

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!