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La viajera ‘especial’

Si, soy una viajera rarita.

Señores hosteleros españoles, si algún día me veis cruzar la puerta de vuestro local, yo de vosotros pondría el cartel de reservado en todas las mesas, advertidos estáis.  Si corréis el riesgo y me dejáis sentarme, os pediré carta de alérgenos (hay Dios mío, ¿eso existe?), os rogaré que me tratéis como una marquesa y lo cocinéis todo para mi solita y tendré el morro de sacar mi propio pan, y si me apuráis hasta mis propios cubiertos.

Ya, estaréis pensando menuda viajera más arrogante. Pues bien, eso es lo que piensan en la mayoría de sitios a los que acudo. Piensan que soy rarita, especial, señorona… Pero nada más lejos de la realidad. Soy multialérgica, no puedo comer nada que contenga ni huevo, cereales, leche de vaca, soja, kiwi, berenjena, tomate, pimiento, melocotón, almendras… Ya os aseguro que soy yo quien peor lo pasa.

Adoro visitar pueblitos nuevos y probar su gastronomía local, para mi es uno de los mayores placeres que te puede dar el viajar. Ir a Cuenca y comerte unas buenas migas, ir a Segovia e hincharte a cochinillo, y algo tan simple como visitar Cataluña y degustar un pa amb tumaca que quita el hipo. Yo todo eso no puedo hacerlo, de esos platos, lo único que degusto es el flash de mi Nikon al fotografiarlos para el blog. Así que, queridos hosteleros, ¿de verdad pensáis que es un simple capricho o una moda pasajera?

Cada uno, día a día tiene que luchar sus propias batallas, a mi me ha tocado esta. Desde mi humilde blog quiero empezar una campaña de concienciación en mundo del turismo en cuanto a las alergias alimenticias. Hay viajeros de todo tipo: celíacos, veganos, diabéticos, vegetarianos, intolerantes… y como en mi caso multialérgicos. Si cada bar, hotel, restaurante, camping… pusiera su granito de arena, muchísima gente que está en la misma situación que yo, se animaría a viajar, a descubrir nuevos lugares, a expandir sus horizontes.

¿Qué puedes hacer por nosotros?

  • ¡Carta de alérgenos!: Parece algo que se da ya por hecho, pero en el 80% de los bares a los que he ido, ¡no tienen! Para mi, el que un establecimiento la tenga, ya me da un poquito más de seguridad ¡y dejo mi cámara a un lado para disfrutar de la comida!

  • Menús adaptados a diferentes alergias o intolerancias: Se que esto conlleva un poco de trabajo, pero es taaan de agradecer cuando un restaurante te ofrece una alternativa que ¡si que puedes comer! ¡Se me saltan hasta las lágrimas!
  • Formación de los empleados: Y es que, me han llegado a decir, ¿no puedes comer huevo? ¡Te quito el huevo de la ensaladilla y apañao! Ummm… ¿Contaminación cruzada? ¿De que está hecha la mayonesa? Hay que llevar mucho cuidado con lo que se le recomienda comer a un cliente, si el camarero en cuestión no sabe si puede contener un alérgeno, ¡mejor consultarlo antes de meter la pata!
  • Contaminación cruzada: Aquí viene el graaaan problema. No os pido que me cocinéis mi pechugita de pollo aparte por capricho, si la sartén, el cuchillo, las pinzas… han tocado algo que lleve un alérgeno…¡Peligro! Este es nuestro mayor miedo, el no controlar lo que pasa en la cocina.

  • Una sonrisita por favor: Ya lo estoy pasando lo suficientemente mal por no poder probar vuestro plato de huevos estrellados con bacon y queso fundido, así que hazme el favor, y al menos no me pongas cara de muerto cuando te hablo de mis alergias, lo agradecería muchísimo. Parece una tontería, pero cuando intentan que yo me sienta cómoda, ¡mi pechuga a la plancha solitaria sabe mucho mejor!

Así que, viajeros míos, mi intención es ir creando una lista de establecimientos donde he sido atendida a las mil maravillas. Y aquí es donde pido vuestra colaboración. ¿Conocéis algún establecimiento turístico donde cumplan al menos gran parte de estos requisitos? Entre todos seguro que podremos crear una red de servicios turísticos donde no nos traten de raritos y hagan que nuestras vacaciones se disfruten en todos los sentidos.

Os agradecería muchísimo que compartáis este post para que llegue a la mayor gente posible, esta es mi lucha, y no voy a dejarla hasta que pueda viajar tranquila. Y dicho esto, solo me queda decir… ¡Qué viva la gastronomía española! Sus tortillas, sus paellas, sus caldos, sus tapitas, sus vinos… Y que por favor… ¡Algún día los pueda volver a disfrutar!

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros! 

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¡Valencia en fallas!

¡Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà!

Mira, es solo pensar en ese momento y se me pone el pelo de punta. Y es que, no hay mayor placer para un valenciano que el olor a pólvora. No nos preguntes el por qué, pero nos encanta, creo que va incrustado en nuestro ADN. Desde pequeños nuestra mayor diversión es tirar petardos, y cuanto más gordo sea su sonido, más mola. Pero para mi, hay algo superior a la pólvora: las charangas. Ni Enrique Iglesias, ni Beyoncé,  ni el mismísimo Bon Jovi, a mi tócame Paquito el Chocolatero y me vengo arriba. El ‘He He’ lo tenemos más que dominado, bailamos el Caballo camina pa’ lante que ni el mejor ballet ruso, y seguimos al pie de la letra el ‘No en volem cap que no estiga borratxo’… Aish, ¡qué buenas son las fiestas valencianas!

Y es que, viajeros míos, si visitáis este fin de semana Valencia, os vais a enamorar de su cultura y sus tradiciones. Si ya de por si es una ciudad preciosa, en fiestas aún lo es más. Todos y cada uno de sus barrios engalanan sus calles con dos monumentos: la Falla Infantil y la Falla Adulta. Son monumentos con fecha limitada, ya que la noche del 19 de marzo arderán al son de la dolçaina y el tabal, acompañados por las lágrimas de sus Falleras Mayores que tienen que despedirse de unas fiestas llenas de emociones.

Las fallas no son solo fiesta nocturna, que la hay y mucha, para mi es una fiesta para vivirla por el día. Como no, uno de mis actos favoritos es la mascletà. Y ahí va un consejo: se tiran a las 14.00h, pero no esperéis ir media hora antes y coger un buen sitio. ¡El año pasado estuve plantada desde las 11 del medio día justo debajo del balcón del Ayuntamiento! (no hace falta que seáis tan exagerados como yo, fue por el puro postureo fallero). Estaría bien ir unas dos horas u hora y media antes, buscáis un buen sitio a la sombra, te sacas tu bocata y tu bebida !y a disfrutar con la música fallera¡

Y como no, el gran consejo de las Fallas: paciencia, mucha paciencia. La ciudad durante sus días grandes recibe a miles de turistas, así que sus calles, negocios, transportes… ¡están abarrotados! ¡Ríete tu del metro de China comparado con el de Valencia en los días de Fallas! Si vais en coche, dejarlo aparcado muy a las afueras y coged el transporte público, madrugar para poder ver los monumentos ganadores sin el menor numero de personas posibles, y si sois de un tono de piel rojo gamba de Denia como el mío, no os olvidéis de la crema solar ¡no veas como pega el caloret faller!

Hay una foto que todo buen turista de postureo que se precie, tiene que llevarse de Valencia: ¡la foto con una Fallera Mayor! Ellas estarán encantadas de pararse un segundo y posar para vuestro objetivo, y tu podrás apreciar de cerca lo maravillosos que son estos trajes. Siguen un estricto protocolo para recrear a la perfección la vestimenta del s. XVIII. ¡Espero algún día poder ponerme uno de esos trajes! ¡Son taaaaan bonitos!

Mi lugar favorito de la ciudad es la Plaza de la Virgen, justo a espaldas de la Catedral. Y durante los días de Fallas, es una plaza que tiene un olor especial. Cientos de flores, entregadas por los falleros a su virgen, ‘La Cheperudeta’, conforman un manto florar de vivos colores, que además de ser precioso, es uno de los actos más esperado por los valencianos: el día 18, por la noche, la Fallera Mayor de Valencia, entregará su ramo entre las lágrimas y los aplausos de los allí presentes. Si queréis presenciar este maravilloso momento,  ya podéis tener mucha, mucha, pero que mucha paciencia. ¡Hay gente esperando desde por la mañana para coger sitio! ¡Así que mucha suerte!

Y después de ver todos los monumentos falleros, vamos a lo que de verdad importa: comer. ¡Qué de eso en Valencia saben, y mucho! Yo cada vez que voy hacia allí, se me hace la boca agua pensando en una horchata fresquita con fartons. ¡Son dos de mis cosas favoritas en este mundo! Encontraréis un montón de puestos callejeros donde degustar un vasito fresquito o en cualquier horchatería típica de la ciudad ¡hay una en cada esquina!

¿Y que me decís dels bunyols? En nuestra tierra, el día el padre es sinónimo de estos dulces, hechos con calabaza, harina, levadura y fritos en aceite. Se suelen mojar en chocolate, pero yo, que soy más valenciana que los murciélagos, ¡los mojo en la horchata! ¡todo en uno! ¿Y la paella? ¿Donde mejor para degustar un rico arroz que en la Comunidad Valenciana? Intentad saliros del centro para comer, ¡ya que durante esos días os van a sacar un riñón por una ración de paella!

Y si, por la noche, si aún tenéis fuerzas, hay dos cosas imprescindibles para hacer: ver las luces de algunas fallas como Cuba Literato Azorín, las cuales se llenan con millones de bombillas y crean un espectáculo de luces y sonido, que os va a fascinar. Y como no, si estáis en Valencia la noche del 19 de marzo, acudir a la Cremà. Es el momento más esperado pero también el más triste. Toca decir adiós a los monumentos falleros y dar la bienvenida a las fiestas del año que viene. ¡En el momento veáis la cremà de la alguna de las fallas, entenderéis la pasión que tenemos los valencianos por el fuego! ¡Te hechiza tanto que no puedes dejar de mirar!

Así que ya sabéis, si queréis pasar unos días inolvidables, rodeados de buena comida, buen ambiente y mucha fiesta, ¡os espero este fin de semana en Valencia! ¿quedamos y nos tomamos una horchata fresquita?

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

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Viajar con niños por carretera

Yo, de pequeña, era la típica niña que daba por saco en el coche. Eso de dormirme durante el trayecto no iba conmigo. Mis ganas de llegar al destino eran tan grandes, que me tiraba toooodo el viaje preguntando a mi padre: ¿Hemos llegado ya? ¿Cuánto falta? ¿Por dónde vamos?… Ah y a todo esto añadidle él: Mamaaaa tengo hambre, me hago pis… Pero el caos total llegaba cuando abría mi boca para decir: Estoy aburrida, ¿jugamos a algo?

Año tras año, mis padres fueron mejorando su táctica, el Veo Veo ya me aburría y pedía a a gritos un juego nuevo. Juego del cual, me aburría a la media hora y pedía otro (¿divertidos mis trayectos en coche, eh?). Así que he decidido hacer la vida un poquito más fácil a aquellos papis viajeros. Que si, que el ser padres no puede ser una excusa para viajar. ¿Qué mejor educación le puedes dar a tu hijo que ver mundo? Así que, coged las cuarenta maletas que hacen falta para mover a vuestro bebé, y cargad una dosis extra de paciencia, que allá vamos.

BEBES

Recuerda llevar siempre su peluche, mantita o sonajero favorito, eso le ayudará a relajarse y a mantenerse entretenido durante el trayecto. Si tu bebé está muy pegado a su mantita o su juguete, apúntalo el primero en la lista ¡pobre de vosotros como se os olvide!

Muy importante que vuestro bebito conserve su rutina del sueño, ya que se adaptará mucho mejor a la llegada al hotel. Una buena ayuda pueden ser las canciones relajantes al empezar el viaje…¡seguro que tarda muy poquito en caer rendido! En cuanto se duerma ya podemos poner nuestro mejor repertorio de reaggeton… ¡Qué una vez al año no hace daño!

Otra opción que, además de segura, le sirve para entretenerse, son los protectores de cinturones con forma de animal. Podrá pasar un buen rato toqueteando el peluche a la par que va seguro en su sillita.

Además si vuestro peque es aún muy bebé, mi recomendación es que al menos un adulto lo acompañe en el asiento trasero. Esto le dará seguridad y podremos entretenerlo mediante juegos o canciones. Eso si, y esto va para todas las edades: aunque yo sea una férrea defensora de la lectura, evitarla a ser posible en el coche. ¡A mi me entran unos mareos! Así que, si no queréis que vuestro peque se maree más de la cuenta, ¡dejad los cuentos para el hotel!

 

NIÑOS

Para los niños un poco más mayorcitos hay que echar muuucha  imaginación. Van a querer cambiar mucho de juego, ¡así que intentad llevar varios preparados! Además, yo recuerdo que me encantaba el chantaje con comida (siempre he sido muy golosa). Es bueno llevar siempre una neverita con algunas bebidas frías, (sobretodo en los meses de verano) para que se puedan ir hidratando, y algo de comer que les guste y les permita ir un pelín más contentos.

¿Algunas ideas de juegos? Ahí van mis sugerencias:

El personaje escondido: Es un juego muy divertido. Se trata de adivinar el personaje famoso en el que esté pensando cada uno de los jugadores, y las respuestas se limitan a un “No”, “Sí” o “A veces”. Jugadores de fútbol, actores, personajes de dibujos animados, cantantes… Este juego hará que los niños ejerciten su mente tratando de adivinar quién es el personaje.

Suma la matrícula: Y para que también practiquen el cálculo mental otro de los juegos que no pueden faltar cuando viajamos con niños es el de… ¡Suma la matrícula! Deberán sumar cada número de la matrícula y el primero que diga el resultado correcto ganará un punto

Cambiar las vocales: Tienen que ir nombrando cosas que vayan viendo por la carretera. A continuación se dice una vocal y todo aquello que vean se tiene que decir completamente con esa vocal: ¡Ahora todos hablamos con la E! ¡Ya verás las risas de tus peques!

Jugar con un mapa: Esto puede ser interesante si lo enfocamos bien, y es mejor si usamos un mapa de papel. El juego puede ser tan simple como pedirles que sigan el viaje en el mapa, con un lápiz y señalando las ciudades y pueblos por los que vayamos pasando. ¡Este juego es muy indicado para miniviajeros que les gusten las aventuras!

Adivina la canción: Juego super entretenido y además se lo van a pasar pipa. Descargamos en el móvil o un Pendrive sus canciones favoritas. El juego consiste en poner los primeros segundos de la canción y darle al stop. Tienen que adivinar qué canción es y cantar un trocito. Cuándo acierten se le da al play otra vez y se les anima a que la vayan cantando la canción entera.

Trivial viajero: Recomiendo este juego para el viaje de vuelta. Se preparan una serie de preguntas (fáciles, que estamos de vacaciones) sobre los lugares que hemos visitado, su gastronomía, sus costumbres, sus monumentos… Por cada pregunta acertada se les da un quesito (pueden ser gomets, o cualquier cosita que se os ocurra como una chuche). Al final del juego gana el que más quesitos haya conseguido. Es un juego genial para ver cuánto han aprendido nuestros peques durante el viaje.

Además os puede servir cualquier juego de vuestra infancia que recordéis: El Veo Veo, Palabras Encadenadas, juegos de Mímica, el clásico de Piedra, papel o tijera… Y como útlima, pero última opción, estarían las nuevas tecnologías. Y es que, viajeros míos, vamos a reconocerlo… es taaan facil enchufar el DVD portátil o darle la tablet y olvidarnos durante un ratito que en el asiento trasero va un pequeñajo deseoso de llegar… Evitarlo hasta último momento, enseñarle que podemos disfrutar del trayecto tanto como del destino.

Ya veis, viajar con peques es algo más duro de lo habitual, pero seguro que en un futuro, os agradecerán todos y cada uno de los momentos vividos viajando. ¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

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Amor

Un rayo de luz acaba de iluminar la estación. Una chica de unos 20 años, sonríe y mira nerviosa el móvil. Sonríe tanto que me entra una enorme curiosidad por saber qué le provoca esa felicidad.

Sus piernas empiezan a moverse nerviosas. Tanto como sus dedos al teclear. Si, está esperando a su Romeo. Le delata el brillo que irradian sus ojos cada vez que mira hacia las vías del tren. No puede esperar ni un segundo más, lo necesita ya en sus brazos.

Esto me hace pensar en lo bonita qué está la estación hoy. Tiene un brillo especial, igual es por el haz de luz que ha entrado hace unos instantes, o quizás es porque el amor y la belleza se contagian, te hacen ver la vida de color de rosa. Sea como sea, una sonrisa se empieza a dibujar también en mi cara. ¡Qué emoción! ¿Cómo será él?

Ansiosas las dos, anuncian la llegada del tren de las 18.30 con salida desde Sevilla. ¡Cómo no! Sevilla, tierra de colores, de sabores y de amores. Y allí estaba él. Tal y como lo había imaginado. Sus miradas se funden en un gran beso antes de que sus cuerpos puedan siquiera tocarse.

Los veo marchar de la mano, no pueden dejar de acariciarse, de besarse, de amarse. Y yo, que solo he sido una simple espectadora, sonrío y pienso en que no hay nada más bonito en esta vida que el amor. Si, ámense.

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Monóvar

Toda persona tiene su corazoncito anclado en algún lugar. Para mi, ese lugar es Monóvar.

Vivo en una pequeña ciudad (la Ilustre, Fiel y Leal Ciudad de Monóvar…casi ná), pero la verdad es que no la consideramos como tal. Para nosotros es ‘el nostre poble‘. Somo monoveros, de pueblo, y a mucha honra. Nos encantan los concursos de gachamiga, bailar al son de la dolçaina y nos morimos por un chocolatito caliente mojado con tonya.

Pero hay algo que me apena: no sabemos valorar lo que tenemos. Somos un pueblo rico en patrimonio cultural, arquitectónico y gastronómico. Tenemos viejas casonas modernistas, grandes edificios religiosos, y puntos tan singulares como la Torre del Reloj o la querida Ermita de Santa Bárbara. Y no, no vemos lo que tenemos. Esta tarde, he estado haciendo fotos por el pueblo para el blog, y la propia gente me miraba extrañada… ¿Qué hace esta chica fotografiando las calles de Monóvar? Pues muy fácil, queridos vecinos, hacer ver a todo aquel que nos visite, lo bonito que es nuestro pueblo.

Hace unos meses se puso en marcha una iniciativa que me encanta: Acción poética. Consiste en volver a dar vida a viejas paredes mediante frases bonitas y murales a todo color. Y la verdad, el resultado no puede ser mejor. Hacen que el pueblo se vea más bonito, más romántico. Te dan ganas de pasear y descubrir todos estos murales, y como no ¡foto de postureo en cada uno de ellos! ¡Qué son mano de santo para Instagram! ¿Un punto de partida de inicio de la ruta? En la Plaza de Toros nos encontramos el primero, y ya que estamos, empezaremos nuestra ruta para visitar el pueblecito desde ese mismo lugar.

Os aconsejo dejar aparcado el coche y subir andando. A lo largo de toda la Calle Mayor, nos vamos a encontrar con viejos edificios con fachadas espectaculares. Si sois unos frikis como yo de las puertas y fachadas bonitas, Monóvar os va a enamorar. Mi favorita es una vieja fábrica de jabones. Ya de pequeñita le decía a mi madre que quería vivir ahí de mayor (bueno, no lo he conseguido aún, pero tiempo al tiempo).

Casi sin darnos cuenta, nos encontraremos con la Plaza de la Iglesia. Es uno de los puntos más bonitos que tiene mi pueblo. El jardín es un lugar magnífico donde parar a descansar y de paso, tomar unas magníficas fotografías de este encantador rinconcito. Si os gusta la arquitectura religiosa, no dudéis en pasar a visitar la Iglesia, ya que tiene uno de los órganos mejor conservados de toda la Comunidad Valenciana.

A tan solo dos pasos, se encuentra la Plaza de la Sala, con su Ayuntamiento. Aquí me he pasado yo muchas mañanas de mi infancia, de la mano de mi abuelo, nos sentábamos en los bancos de la plaza y me daba cinco duros para comprarme gominolas ¡qué feliz era en ese momento! Me agrada pasar y ver que aún siguen reuniéndose ahí los ancianos, es bonito ver que algunas costumbres no se pierden.

Y justo a mano derecha del Ayuntamiento, está, para mi, el lugar más especial de Monóvar: la Torre del Reloj. Mis abuelos vivían justo debajo de esta torre, y los mejores días de mi vida los he pasado ahí. Noches de verano, en las cuales todos los vecinos sacaban sus sillas a la calle y daban las tantas hablando de cómo solucionar el mundo. Quizás por estos momentos es por los que adoro los pueblos, esto no se vive en una gran ciudad,y no, no lo cambiaría por nada del mundo.

Desde este punto, os aconsejo visitar el Barrio de la Palera. Este barrio tiene un gran potencial turístico, sus viejas callecitas te llevan a unas maravillosas vistas del pueblo. Pero voy a ser sincera, necesita una pequeñita ayuda. Podría llegar a ser el barrio más visitado de nuestro pueblo si entre todos lo cuidamos un poquito más. Desde este barrio podremos visitar las ruinas del Castillo (solo queda una pared, pero mejor eso que nada oye), y subir a la Ermita de Santa Bárbara. Todos los monoveros le tenemos especial cariño a esta parte del pueblo. Sus fiestas son el último fin de semana de agosto, y desde aquí lanzo una pequeñita campaña para que no se pierdan. Son tiempos difíciles, pero si todos ponemos un granito de arena, al final este tradicional barrio podrá seguir teniendo año tras año sus fiestas.

A la bajada, viene una visita obligatoria: la Casa-Museo Azorín. Tenemos el honor, de haber tenido entre nuestros vecinos al ilustre escritor José Martínez Ruíz. Dicho museo se puede visitat y además, este año se celebrará el año de Azorín, para conmemorar el 50 aniversario de la muerte del escritor. Durante varios meses se van a realizar diferentes actividades en torno a su figura, que nos os podéis perder.

Si queréis tomar un tentempié con un entorno inmejorable, os aconsejo parar en la Sociedad Cultural Casino de Monóvar. Es un edificio de planta modernista, con un precioso jardín para pasear, y una terracita donde descansar y tomar algo fresquito. O mejor, ¿qué tal un vino de la zona? Tenemos varias bodegas donde hacen unos vinos especiales (como me tira la terreta, eh?): Bodegas Monóvar, Bodega Primitivo Quiles y Bodega Santa Catalina del Mañan. En cualquiera de ellas os atenderán amablemente y os harán una visita por sus instalaciones (eh,y con cata incluída).

Antes de iros, no os perdáis las vistas de las casas tan espectaculares que hay justo enfrente del Casino…¡Quién tuviera la suerte de vivir ahí!

Y para finalizar nuestro recorrido, visitaremos el antiguo Exconvento y la Plaza del Cristo. Desde aquí, en Semana Santa (que por cierto, una de las mejores de toda la Comunidad Valenciana, y no lo digo yo porque sea de aquí), se le cantan saetas a la imagen de la Cofradía del Cristo en el Jueves del Silencio. Si tenéis la ocasión, apuntar Monóvar para estos días, de verdad, os va a encantar su Semana Santa.

Pero eh, de mi pueblo no os podéis ir sin probar su comida. ¡Qué mira que se come bien en la terreta! Comeros una tonya, una gachamiga, unas cocas en aceite, una buena paella alicantina, una sopa con faseguras y un buen plato de embutido seco de la zona… ¡tengo la boca agua de solo pensarlo! Y es que, queridos viajeros, si mi pueblo es bonito, su gastronomía aún lo es más.

A los turistas que nos visiten, apreciar la belleza de los pueblecitos, son lugares especiales, y a mis queridos vecinos, amar y promover más nuestra cultura, que al fin y al cabo, si no lo hacemos nosotros…¿quién lo va a hacer? Espero que os guste este post especial, está hecho con todo mi cariño hacia el mejor pueblo del mundo: Monòver (bueno, Munove, que así lo diría un monovero de pro).

¡Seguir haciendo kilómetros mis viajeros!

 

Web ayuntamiento de Monóvar

Junta Festera de Monóver

Ruta del Vino Monóvar

 

 

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Chinchilla de Montearagón

Cuando empecé a planear la visita a este precioso pueblo, lo primero que hice fue buscar imágenes en Google para asegurarme que cumplía todos los requisitos de un pueblo bonico. Tecleé Chinchilla, y estuve como diez minutos mirando fotos de roedores adorables (eran tan peluditos y monos). Al final, recordé cual era mi acometido, y esta vez si, puse el nombre entero: Chinchilla de Montearagón.

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Pues tenía muy buena pinta, parecía que la plaza era encantadora y su castillo pintaba muuuy bien, así que cogimos nuestras queridas Nikon, me vestí mona (ya sabéis que soy la reina del postureo viajil), y hacia la Mancha que nos fuimos.

Decidimos dejar el coche aparcado en la parte baja del municipio, justo al lado de la escultura de un Nazareno (por lo visto, todo buen pueblecito manchego que se precie tiene que tener una figura de un Nazareno, buena tiene que ser su Semana Santa…), y nos encaminamos hacia el casco antiguo. Ya, para que os hagáis una idea de lo que os espera en este pueblecito, la entrada a la plaza, se hace a través de un arco de la antigua muralla. Nada más pasar el arco, te dan la bienvenida dos grandes cañones y la escultural Iglesia de Santa María del Salvador. Fue la gran sorpresa de nuestra visita,¡qué grande y bonita! El exterior está muy bien conservado y su interior, con su imponente órgano, hace envidiar a cualquiera de las grandes catedrales españolas.

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Pero ahí no acaba la cosa, justo enfrente de la iglesia se encuentra la Torre del Reloj. Es un portal precioso, de madera e ideal para sentarse a tomar una cervecita en alguna de sus cafeterías y disfrutar de las vistas. ¡Y qué vistas! Para ser exactos 20 Porsches… Si, no habéis leído mal. Tuvimos la suerte de coincidir con una convención de estos clásicos vehículos, y ya podéis imaginaros el caso que mi hizo mi novio el tiempo que estuvimos en la plaza…

Mientras el seguía con la boca abierta mirando los coches, yo me dediqué a observar a sus vecinos: me encantó ver la preciosa frutería, con sus cestos y flores fuera de la tienda, animándote a pasar; los abuelitos sentados en los bancos, ajenos a el revuelo armado ese día en el pueblo a causa de tan curiosa visita; la charanga,ultimando canciones antes de animar al pueblo en sus futuras fiestas patronales… Ya está, me había enamorado de nuevo de otro pueblecito encantador.

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Cuando conseguí separar a mi novio de los coches, fuimos por la calle de la Iglesia, donde justo enfrente tienen la oficina de turismo. Allí nos proporcionaron un mapa y nos explicaron el recorrido a seguir para no perdernos ninguna de sus maravillas.La subida hacia el Castillo es encantadora: antiguos palacetes (como la Casa de los Soler Núñez Robres), baños árabes, casas cueva… Está la opción de subir en coche, pero no lo hagáis, es un placer pasear por estas callecitas, la cual más bonita que la anterior, y dejaros llevar por el aroma a pueblecito encantador que desprende.

Antes de adentrarnos en el Castillo decidimos bordearlo y ¡fue todo un acierto! A sus faldas hay un barrio taaaan bonito: está lleno de casitas cuevas, cada una de un color, todas con sus nombres en la puerta, con los vecinos en sus portales saludándonos…¡Qué encantadora es la gente de la Mancha! De verdad, no olvidaros de este rinconcito, es toda una decilia.

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Ya en el imponente Castillo nos llevamos una pequeña desilusión, no se puede visitar su interior. Una pena enorme, está tan bien conservado por fuera, con su impresionante foso (de los más grandes que recuerdo haber visitado), y con un portal de aceso con cadenas, que te dan ganas de pedir la llave al alcalde y abrirlo tu mismo. Desde aquí, hago un llamamiento para que se pueda restaurar su interior, y así podamos disfrutar de este maravilloso patrimonio. De todas formas, merece muchísmo la pena la vista, te transporta a la Edad Media, ¡y da un pelín de vértigo pasar por su puente levadizo! ¡Juraría que se movió un poco y todo!

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A la bajada, nos perdimos deliberadamente en sus callecitas. Nos sentamos en una de ellas e hicimos un nuevo amiguito: un encantador gato que se sentó a nuestro lado a tomar el sol. Una vecina, pasó y se animó a conversar con nosotros. Éstos son los momentos que más me gustan de visitar pueblitos, el estar en contacto con sus vecinos y hacerles ver que son unos privilegiados por vivir en lugares tan maravillosos como Chinchilla de Montearagón.

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Pero no os voy a mentir, tenia hambre. Tanta cuesta para arriba y cuesta para abajo, había abierto mi apetito. Yo, ya había fichado un restaurante a la entrada del pueblo que tenía pinta de que ahí se comía hasta reventar: Rincón Manchego. Y así fue. Comida típica manchega, de esa que tu abuela te hace los domingos. Tienen un menú que por 10€ te toca desabrocharte el botón del pantalón a la salida. Así que, más feliz que una perdiz, decidimos dar por finalizada nuestra visita. Eso si, me he prometido volver para las fiestas del pueblo. Que si ya de normal me ha enamorado, en fiestas, ¡con peñas y charangas ni te digo! ¡Vecinos de Chinchilla, nos veremos pronto!

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Por cierto, ¡encontré mi rinconcito azul! (soy una friki total de las puertas y ventanas azules). ¡Que vivan los pueblitos bonitos!

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¡Seguid haciendo muchos kilómetros mis viajeros! Y recordar: Ser de pueblo, mola mogollón.

Web turismo de Chinchilla de Montearagón

Web turismo Castilla la Mancha

Reserva alojamiento con 15€ de reembolso

 

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Soledad

Y de pronto, apareció él. Él y su maleta. Siempre he ansiado tener un tesoro como ese, tan antiguo, tan raído, tan único. ¿Qué maravillosos lugares habrá visitado una maleta como esa? ¿Qué tesoros habrá guardado en su interior? La quiero, la necesito.

Una vez pude apartar la vista de su equipaje me fijé en su expresión. ¿Tristeza? Quizás dejaba atrás épocas mejores, épocas en las que la vida había sido generosa con él. Ahora en cambio, su semblante era serio, bueno, solitario.

Todo en él creaba misterio, quería saber quién era, cuál era su historia y cuál era su destino. Ese halo de misterio empezaba en su gabardina. Larga, muy larga, hasta casi los tobillos. De un color negro intenso, color que hacía conjunto con la expresión de tristeza de su cara. Y coronando, un perfecto sombrero. Para mi sorpresa, vi que tenía un toque de color, azul vibrante. Quizás, detrás de toda esa fachada de soledad, había una pequeña mota de esperanza queriendo salir.

Eran las 17:13, eso significaba que el misterioso señor cogería el tren con destino a Barcelona. Sí, sin duda alguna es un personaje digno de pasear por las mágicas calles de Gaudí. Me lo imagino con su perfecto sombrero comprando flores de colores, de mil y un colores, para dejar atrás su oscura gabardina, para olvidarse del pasado.

Llegó la hora de decirle adiós, su tren ha llegado. Y como si supiera que he estado pensando en él, se gira, se toca el ala del sombrero y me dedica una media sonrisa. Sí, nada mejor que coger tu raída maleta y dejar atrás la soledad.

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Verdadero amor

Banyoles, 2013. Fue en ese mismo lugar donde comprendí qué era el amor.

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Allí estaban, sentados frente al lago, como si nada más en este mundo les importara. Sólo ellos dos y su nieto. El niño estaba sentado a sus pies, jugando con los patos. Tenía un trozo de pan en las manos e iba dándoles pequeñas migajas. De vez en cuando, giraba la cabeza y les sonreía a sus abuelos.

Decidí hacer un alto en el camino y sentarme a observarlos. Sus arrugadas y gastadas manos no dejaban de tocarse. Se acariciaban. Se besaban. Se amaban.

La gente seguía pasando pero nadie les miraba. ¿Cómo puede ser que nadie viera tan bonita escena? ¿Nadie se había fijado cómo sus miradas se entrecruzaban y se besaban sin ni siquiera tocarse? Hemos dejado de creer en el amor, pero no el tipo de amor que nos venden en las películas, si no el verdadero. Ése que se demuestra día tras día, semana tras semana, año tras año. El amor de los pequeños detalles: una sonrisa al despertar, un beso al volver a casa, una caricia al acostarse…

Y yo, a kilómetros de casa, comprendí qué era el amor. Me habían hecho falta muchos viajes a mis espaldas, muchas aventuras, muchas fotografías. Pero allí estaba, ante mis ojos. Fue un bonito golpe del destino que lo descubriera viajando. O igual no, al fin de cuentas el viajar es una de las mayores muestras de amor existentes. En cada viaje aprendes a amar de una forma diferente, cada kilómetro te enseña a querer cada rincón y cada persona de este planeta. Viajar nos abre la mente y el corazón. Así que era mi destino encontrar el verdadero amor viajando.

Les di las gracias desde la lejanía, y, como si lo supieran, la mujer se apoyó en el hombro del marido y sonrió (se que lo hizo,no me hacía falta verlo). Los miré una vez mas, tomé la fotografía y me fui. Quería guardar este recuerdo para siempre, que nunca se borrara de mi memoria. Ahora esta historia, la historia de dos desconocidos que cambiaron mi mundo, también es la vuestra. Cuidarla.

 

PD: Esta historia va para ti, se que serás el primero en leerla. ¡Qué suerte la mía!

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Ayna

Por mis venas corre sangre manchega. Me gusta el campo, correr detrás de las ovejitas (siempre he querido abrazar una…), y sacar una navaja para cortarme un buen trozo de chorizo, de esos caseros que trajo mi abuela del pueblo.

Siendo yo pequeña, mi abuelo me contaba sus andanzas de jovenzuelo. Me decía que en Albacete to’ era campo. Que allí, hasta para ir a ver el fútbol, iban en carro. Así que ya os podréis imaginar cuál era mi percepción de aquellas tierras, a lo película de Almodóvar. Cuál fue mi sorpresa, al echarme yo novio manchego (cosas del destino), que descubrí que Albacete no solo tiene molinos sacados de los mejores versos de Don Quijote, si no que tiene paisajes y pueblecitos dignos de aparecer en un blog de viajes (que si amigos, que lo tenemos olvidado en nuestros escritos).

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Y como estamos en la semana del amor, os voy a recomendar un pueblecito muy muy romántico: Ayna. Enclavado en plena Sierra del Segura, es conocido como ‘La Suiza Manchega’, ya que está situado en pleno cañón del Río Mundo. Para llegar hasta allí imaginaros la de curvas que os vais a encontrar…¡Viodramina a mano! Y para entender el por qué de este nombre tan curioso, os aconsejo parar en el Mirador del Diablo (que no os asuste el nombre, esta foto no puede faltar en vuestro álbum). Desde lo alto del mirador podremos apreciar la agradable visita que nos espera del pueblecito.

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Pero antes de llegar, hubo un detalle que me llamó muchísimo la atención: una vieja moto con sidecar. Al acercarnos nos dimos cuenta de que es un homenaje a una película grabada en estas tierras: ‘Amanece que no es poco’ (si no me equivoco del año 89). Y yo, que soy la reina del postureo turistil, no pude aguantar mis ganas de hacerme la foto con el sidecar y la Sierra de fondo. ¿Mola, eh?

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Ya llegamos y tuvimos la mejor suerte del mundo: ¡aparcamos justo a la entrada del pueblo! Nada más bajar del coche, sentí la paz que se respiraba en sus calles. Libres de turistas, (sólo estábamos nosotros en todo el pueblo), sin tiendas de souvenirs, y con las puertas de los vecinos abiertas de par en par.¡Me gustó tanto! Allí el tiempo se había parado, no importaban las prisas ni los atascos de las grandes ciudades. Varios vecinos, sentados en sus portales, nos saludaron y nos dieron la bienvenida. ¡Qué bonicos por Dios!

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¿Y que contaros del pueblo? Es precioso. Lo mejor es no ir con un plan establecido, simplemente dejarte llevar por sus callecitas. Cada rincón tiene algo especial, que te llama la atención para que le fotografíes. No esperéis grandes monumentos como iglesias grandiosas o murallas fortificadas. A cambio vais a encontrar un pueblo de verdad, de los que aún conservan sillas de mimbre en las calles, botijos colgados de las fachadas y olor a pan recién hecho en la panadería del pueblo.

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Lo mejor de Ayna son sus miradores, además del ya mencionado, en nuestro recorrido por el pueblo nos encontraremos con varios de ellos. Para mi, el más bonito es el Mirador de los Mayos. Se encuentra al fin de la Calle del Castillo y para poder acceder tienes que pasar por un cortado en la roca. ¡Si vais con niños les va a resultar super emocionante! (bueno y a los no tan niños también…). Y el otro que me llamó mucho la atención fue el Balcón de los Picarzos. Se encuentra junto al Centro Social y es ideal para tomarte un café acompañado de unas vistas inmejorables.

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Si os encanta disfrutar de la naturaleza, ¡estáis de suerte! El pueblecito cuenta con un mantial de agua y una pequeña cascada. Es un lugar ideal para sentarse y relajarse, dejar atrás el estrés y darte cuenta de que el paraíso está mucho más cerca de lo que nos pensamos.

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Nos sentamos en la plaza del pueblo para descansar un poco los pies y se nos acercó un adorable señor. Nos contó que era vecino de toda la vida y que le daba mucha pena ver que el pueblo se estaba despoblando. Los jóvenes estaban emigrando a las grandes ciudades y cada vez había más casas cerradas y abandonadas. Casas señoriales que en su época habían sido grandes almacenes de ropa, a los que acudían gente de toda la provincia, hoy estaban cerrados a cal y canto. Se que es difícil la vida en estos pueblecitos, pero Ayna no puede desaparecer. Su magia, sus tradiciones y sus encantadores vecinos merecen que sus calles vuelvan a estar repletas de turistas, turistas que aprecien las bellezas rurales.

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Antes de poner rumbo a casa tenía que hacer algo que llevaba toda la mañana deseando: entrar a la panadería y comprarme unos suspiros de Ayna. ¡Qué buenos estaban! Recién hechos, calentitos, con un olor a dulce casero… (si, podéis babear). ¡Qué bien sienta al cuerpo una ración de pueblecito encantador!

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Viajar mucho mis turistas, pero sobretodo, descubrir lugares tan maravillosos como Ayna, que a veces, pasan desapercibidos para el turista deseoso de grandes clichés turísticos.  Si buscáis un rinconcito de paz en pleno corazón de España, Ayna os va a enamorar.

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

 

– Turismo de Ayna

– Turismo Sierra de Albacete

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Presentación Vidas Cruzadas

Estaciones de tren.

Todas y cada una de ellas tienen encerradas miles de historias que están por contar. Sus muros están plagados de besos, llantos, deseos y añoranzas. Por sus andenes miles de vidas se cruzan por una milésima de segundo. Vidas, que por muy diferentes que sean, tienen algo en común: los viajes y los sentimiento. Vidas cruzadas.

Me gusta simplemente ir, sentarme y contemplar. Imaginarme cómo será la vida de los pasajeros. Suelo fijarme en los pequeños detalles, aquellos que nadie suele ver. Un tic nervioso en el pie, una vieja maleta que habla de vidas pasadas, unos labios rojos recién pintados… Con cada ínfimo detalle, la imaginación lo convierte en relato.

Imagino bellas historias de amor, largas ausencias, despedidas amargas y nuevos comienzos. Microrrelatos de vidas ajenas, vidas que el destino ha colocado en mi camino.

Una vez leído el relato, ni tú ni yo sabremos cuánto hay de cierto en cada historia.A lo mejor, esa vida cruzada no está conforme con mi visión de su realidad, pero así es el juego. Cada uno ve el mundo que le rodea con sus propios ojos.

¿Te animas a coger el próximo tren conmigo?