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Pedraza

Corría el año 2009 y yo, a mis 20 añitos, me enfrentaba a uno de los mayores retos de toda la humanidad: guiar por primera vez a un grupo. Bueno seguro que ahora estáis pensando que no es para tanto, pues si, para mi lo era. Yo, tan yogurina, tan inexperta, con las piernecitas temblando, una carpeta bajo el brazo para parecer profesional y unas extensiones horribles (¿ de verdad me veía mona así?), me puse delante de un grupo y les dije: Pues eso, que voy a ser vuestra guía. Ya os podéis imaginar la cara que puso el grupo. Una abuela me dio hasta un bocata, me vio cara de nieta.

Una vez pasado el shock inicial, pusimos camino de Segovia. Cada vez que recuerdo aquel primer viaje me entra vergüenza ajena, pobre grupo. La voz me temblaba, el chófer era murciano cerrao y yo no lo entendía, y nunca en la vida había estado en Castilla y León, imagínense la situación.  Pero de pronto, llegamos a un pequeño pueblecito y mi suerte cambió. Pedraza, tan bonito, tan rural, tan tranquilo, taaaaaan todo, que me enamoré de él nada más poner el pie en el suelo. Fue mi primer gran amor viajero, fue dónde descubrí que mi pasión era visitar pequeños pueblitos bonitos. Pero estaba tan nerviosa que no pude disfrutarlo como yo hubiese querido, así que durante muchos años, Pedraza ha sido mi espinita clavada en mi cuaderno viajero.

Y ahora ya, a mi vejez ( que 8 años no es tontería, ¿eh?) decidí que era hora de volver. Cogí mi súper Nikon, me puse mona para la ocasión (no todos los días te reencuentras con un viejo amor) y hacia Pedraza que nos fuimos. Y si, es tal y como lo recordaba, bonico del todo.

Si vais en coche no tendréis ningún problema, repartidos por todo el pueblecito hay varios parkings donde poder dejar el coche y empezar a callejear. Nos da la bienvenida una antigua puerta de la muralla, conocida como la Puerta de la Villa. Es traspasar este arco y sentirte como en la Edad Media. De ella parten varias callecitas, escoger la que más os guste, todas  merecen la pena: casas llenas de tiestos con flores, viejas puertas, vid colgando de los muros… Pero si además queréis empaparos con algo de historia, justo al ladito de la puerta se encuentra la antigua cárcel, donde se pueden visitar las diferentes salas y aprender un poquitín sobre la historia local (precio 3€).

Pero el verdadero encanto de Pedraza reside en sus calles, oye y no lo digo yo. Sus vecinos han visto rodajes como Águila Roja, Toledo, e incluso aquel famoso anuncio de la lotería de navidad, donde Rafael entonaba el Na, na na na na naaaaa (sabes que lo has leído cantando). Así que, viajero mío, va siendo hora de que saques tu cámara a relucir y te saques unas cuantas fotos de postureo, ¡de esas que tanto nos gustan! ¡Qué no todos los días estamos paseando por las calles donde gravó el mismísimo Rafael!

Y uno de los puntos más fuertes que tiene Pedraza es su Plaza Mayor. Y aquí estoy indignada. Señor Alcalde o Alcaldesa de Pedraza, llevaba yo esperando volver a su municipio 8 añacos, y cuando llego a la plaza que recordaba con tanto cariño, ¿con qué me encuentro? ¡Con la plaza de toros medio a montar! ¡No pude hacerme la foto en esa plaza taaan bonica! Mira, casi me faltó llorar. Pensaréis que soy una peliculera, y si, pero vamos que a mi estas cosas me afectan mucho y casi no duermo yo luego por la noche. Pero que lo sepáis, Pedraza tiene una de las plazas mayores más bonicas que e visto en mi vida. Queda dicho.

Así que algo cabizbaja, seguí mi camino hacia el Castillo. Tengo que reconocer que se me pasó a los dos minutos cuando vi una casa hiper mega mona llena de florecitas como a mi me gusta, y le hice unas cuántas fotos. Si, a veces soy así de simple. Pues eso, que llegamos al Castillo y la vista es genial. Allí tan imponente, se alza la fortaleza de origen árabe. Se conserva muy muy bien y paseando por su interior te puedes llegar a sentir como la dueña y señora de Pedraza, que a mi eso de venirme arriba me lleva poco tiempo. Por si os interesa visitarlo la entrada son 6€ y abre de miércoles a domingo.

Hay algo muy curioso que siempre he querido ver de este encantador pueblo y es la famosa Noche de las Velas. Durante los dos primeros sábados de Julio, el pueblecito se llena con casi 40.000 velas repartidas por todas sus calles. Además se realizar actividades culturales y conciertos durante estos días…¿algún alma caritativa segoviana me quiere adoptar para julio? ¡Cruzo los dedos para poder ir al año que viene!

Y como no…¡no os podéis ir de Pedraza sin comer un buen cochinillo! Qué estamos en la provincia del buen yantar, y para los amantes de la carne es toda una delicia. Pero os voy a confesar algo, eso si, que no salga de aquí y se enteren los segovianos… no me gusta eso de que me sirvan el pobre cochinillo enterito… me da una penita verlo ahí. Eso si, ¡huele que alimenta!

Tenía tantas, tantas ganas de volver a mi primer pueblito bonito que la mañana se me pasó en un abrir y cerrar de ojos. Para mi, Pedraza siempre tendrá un huequito especial en mi corazón.

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

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Sala de escape Locus Fugae

Viajeros, siento comunicaros que nuestra queridísima tía Matilde ha fallecido.

Ayer, estaba yo comiéndome mi riguroso helado de cada día, cuando recibí una nota de su notario. Ya pensaba que venía a darnos el pésame a la familia, pero no, en su lugar nos entregó un misterioso sobre donde nos indicaba que si queríamos acceder a una jugosa herencia tendríamos que superar una serie de pruebas… ¿La tía Matilde, aquella mujer un pelín tacaña (por decirlo suavemente) que se gastaba todo el dinero de su paga en sus dos gatos tenía una gran fortuna? ¿Y nos enviaba una simple felicitación por navidad? Pero bueno, yo que me crié leyendo a Sherlok Holmes me empecé a emocionar… ¿Qué gran aventura nos habría dejado nuestra tita Matilde? ¿Valdría la pena hacer las maletas e ir hasta Alicante para averiguarlo? Elemental querido Watson.

Calle Calderón de la Barca, 25. Pues nada, aquí tiene que ser. Entro un poco asustada, no se muy bien que voy a encontrarme… ¿al mismísimo Dan Brown que me dará las pistas a seguir o tendré que hacer valer todos mis conocimientos de criminología aprendidos temporada tras temporada de CSI? Pues no, en la sala solo está el notario de nuestra tía, enfundado en un elegante traje negro (que calor tendrá que estar pasando el pobre). Pasamos a una sala donde solo hay un sobre encima de la mesa y un vídeo, bien, la cosa se va poniendo interesante.

“Señorita, cuando esté preparada le puede dar al play. Su tía Matilde ha dejado un mensaje grabado para usted”. Dicho esto, sale de la habitación y me deja a solas, con el sobre, el mando y dos gordos gatos que no dejan de mirarme. No se muy bien si darles de comer un sandwich que llevo en el bolso o echarlos de la habitación. Al final los dejo estar y cojo el mando, me sudan las manos, pero ya no puedo aguantar más. Ahí está, nuestra tía Matilde… ¿Qué querrá que hagamos?

Pues bien, viajeros míos, esto no es un cuento inventado, es la súper aventura que uno de vosotros podrá vivir en la maravillosa y trepidante sala de escape Locus Fugae. Yo fui y lo flipé, así tal cual. Desde el minuto uno, te hacen estar dentro del juego, ¡de verdad que acabas creyendo que Matilde era tu tía! Entras a la sala y te dan 60 minutos para poder descifrar las pruebas que os han dejado para poder llevaros su cuantioso testamento… ¡pero cuidado! El tiempo pasa tan deprisa ¡que en daros cuenta vuestro minutos se agotarán!

Locus Fugae Room Escape se encuentra en Alicante, justo en el centro, muy cerquita del Mercado Central y sus dueños son dos chicos jóvenes maravillosos que han puesto muchísimo ímpetu en los detalles para que te sumerjas en el juego. Desde su apertura se han llevado varios premios a la mejor sala de escape y mejor ambientación. Y no solo eso, desde hace unos meses han incluido dos nuevos juegos…Moorder, y Boom Scape, ¡así que no tienes excusa para volver si ya has estado! ¿no estás deseando probar tus habilidades detectivescas?

¡No te lo pienses dos veces y disfruta de algo diferente en tu aventura por la terreta!

¡A seguir sumando kilómetros mis viajeros!

 

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Road trip: las fiestas de pueblo

Pues si, que vivan las fiestas de pueblo.

¿Me vais a negar que no os mola cantidad bailar en la verbena de vuestro pueblo? Aunque durante el resto del año seamos los más cosmopolitas del mundo, es llegar agosto, irnos a casa de la abuela y nos trasformamos en una versión 1.1 de nosotros mismos (eso del 2.0 lo dejamos para la city).

Y os estaréis preguntando que hace un post como este en un blog como este. Pues bien, yo, como buena chica viajera, tengo creada una ruta de fiestas la cual me obliga a hacer más kilómetros con mi cochecito que un road trip por la ruta 66. Empezamos flojito en junio (no vaya a ser que nos perdamos alguna), ya en julio vamos calentando motores, y sin darte cuenta llega el plato fuerte: agosto, ahí ya, el cuerpo está tan cansado de bailar la canción de Despacito, que te aparece hasta en tus peores pesadillas. Y diréis, bueno ahí termina todo, ¡pues no! En septiembre vienen las súper fiestas de mi pueblito bonito y ahí si, es cuando te dejas la piel. Te pones la camiseta de tu peña (solo hay una para todos los días, así que al final de las fiestas, la camiseta anda sola), te preparas tu colección de gafas de sol (hay que aguantar como una campeona las mañanas con la charanga), y lo más importante de todo, te pones bien mona para las verbenas de la noche, que competimos por ver quien lleva el mejor modelito de las fiestas.

Y estas noches en las verbenas son las que luego recuerdas el resto del año enfrente del ordenador de la oficina. Y es que, lo mismo te da si bailas un pasodoble o una de perreo (bueno, eso serán las jovenzuelas de hoy en día, que a mi eso de mover el culo pa’ rriba y pa’bajo como que no se me da bien). La cuestión es darlo todo hasta que el sol te de los buenos días. ¿Y luego a dormir? Noooooo, por Dios, la gente de pueblo estamos hecha de otra pasta. Después del perreo intenso , nos tomamos unos churros con chocolate (o un kebab, eso depende del estómago de cada uno), y nos vamos junto con la charanga (benditas charangas, ¡monumento nacional ya!) a ver a quién pilla la vaquilla esa mañana. No se, llamadnos bestias, pero aquí en mi pueblo, día que no pilla a nadie, día que la gente se va a aburrida a casa… somos así, que vamos a hacerle.

¡Y la cosa no acaba ahí! Corre a tu casa, dúchate, y como buen valenciano vete al parque del pueblo a comerte la paella gigante. Yo he llegado a ver, a una mujer con una olla (de esas gigantes del puchero), ¡para que se la llenaran de arroz y así comer toda la semana! Y de esto me acuerdo a la perfección, doy fe que solo tenía una mínima resaca. Y ahora si, es justo cuando el cuerpo te pide un poco de descanso, que a los de pueblo eso de la siesta nos va muchísimo. Así que te vas a casa y al fin, te espera tu soñada cama.

¡Ey, pero no te confíes! Que en mi tierra nos van los petardos más que un niño a una piruleta. En cuanto más agustito estás, aparecen unos niños del mismísimo diablo… ¡¡¡¡¡¡y se ponen a tirar petardos en tu ventana!!!!!!! Así que ya piensas, bueno pa’que voy a dormir, te levantas, te plantas tu camiseta de la peña y te vas al bar a tomarte la primera de la noche. Y de nuevo, vuelta a empezar.

Pues si, viajeros, este es mi road trip de todos los veranos, me conozco la zona de mi alrededor al dedillo. Y en el fondo sabéis que tengo razón, sabéis que no deseáis que llegue verano para iros a una playa desértica del Mar Caribe… ¡si no para bailar Despacito hasta que te duelan los pies!

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros, bien sea a la China, a Canadá o a las fiestas del pueblo de al lado!

¡Qué vivan los pueblos y su gente bonita!

 

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Playa de Valdevaqueros

¿Queréis alegraros la vista viendo a chicos hiper mega guapos surcando las olas? ¡Pues bienvenidos a Valdevaqueros!

Allí estaba yo, en una de las playas más bonitas que había visto en mi vida, cámara en mano, esperando hacer mil fotos del paraíso, pero no, mi mente estaba ocupada en otra cosa… ¿habéis visto lo bien que les queda el traje de neopreno a los surferos? Ay Dios mío. Amorcillo, si lees esto, yo te quiero mucho, pero es que algo así solo lo había visto en las películas…

Pues a la media hora de estar yo allí embobada, me di cuenta de que las piernas me empezaban a doler…¡era como si miles de mosquitos me picaran todos a la vez! ¡El espectáculo era tan bonito como picante! El viento de levante levantaba la arena y hacia que se vieran olas en la arena, pero eso si, esas olas se estrellaban en tus piernas, ¡y duele mucho! Fue entonces cuando salí de mi mundo de imaginación de los Vigilantes de la Playa y me percaté de lo bonita que era la playa.

La arena era blanca, blanquísima diría yo. El agua, parecía sacada de una postal del Caribe, azul cielo. Y para rematar el conjunto, las dunas que se iban perdiendo en el horizonte. Empezamos a andar para alejarnos un poco de la gente, ya que aunque era maravilloso verlos volar en el aire con sus tablas, la playa merecía que le dedicaramos un largo paseo y unas mejores fotos.

Tuvimos la gran suerte de pillar marea baja y al poco de empezar a andar, cuando ya la gente quedaba a lo lejos, llegamos a una zona llena de pequeñas roquitas que al subir la marea quedaban escondidas. Y desde aquí, señores creadores de Juego de Tronos, si algún día leen esto ( yo apunto alto, oye), que sepan que sería un lugar fantástico para rodar alguna de sus escenas.

Yo me sentía como si estuviera en una película, como si los piratas fueran a venir de un momento a otro a guardar algún tesoro en las dunas que teníamos detrás. Al rato de estar soñando otra vez, salí corriendo del agua ¡qué fría estaba! ¡tenía los pies congeladitos!

Seguimos caminando un poco más y llegamos a lo que en principio parecía otra escena de película: los restos de un barco hundido. Me puse a hacer unas cuantas fotos, cuando de pronto caí en lo que era: una patera. No podía creerlo, a veces no somos conscientes sobre la realidad. Lo que para mi estaba siendo el paraíso, para estas personas que intentaban tener una vida mejor, había sido el infierno. Cada año miles de personas pierden la vida en nuestras costas y a veces, es mucho mejor mirar hacia otro lado y no querer ver la realidad. Pero allí estaba, me senté a su lado y empecé a llorar. Hacía viento, mucho viento… ¿se habrían hundido en un día como el de hoy? Se que siempre suelo escribir medio de broma, pero me sentí destrozada en ese momento y solo pude desearles suerte a todas aquellas personas que sueñan con una vida mejor.

Decidimos que ya era hora de volver, pero nos quedaba algo por hacer: subir una duna. Si, ahí a lo loco. Yo pensé: total, si al bajar la duna está la carretera, no se tardará mucho, ¿no? ¡Maldito el momento en el que tuve la idea! Después de una media hora larga, ¡la duna seguía creciendo! Cuando creíamos haber llegado a la cima… nooooooo era solo un espejismo,¡aún quedaba más!

¿Pero sabéis qué? Fue lo más bonito de todo el viaje. Allí arriba, viendo la panorámica de la playa, solo el amorcillo, la arena y yo, sentí una paz enorme. El tiempo se había parado y simplemente me senté y disfruté de las vistas. Pero tranquilos, ¡qué al fin llegamos a la carretera! ¡solo nos faltó besar el suelo!

Viajeros míos, si queréis pasar un día disfrutando de las olas, practicando un poquito de windsurf, recorrerte las dunas cual intrépido viajero en el Sahara, o simplemente convertirte en un cangrejito, la Playa de Valdevaqueros es tu opción número uno.

¡Ah y recordar las magníficas vistas con neopreno!

¡A seguir sumando kilómetros mis viajeros!

El Tumbao. Clases de windsurf y kitesurf

Hostal el Levante. Tarifa

 

 

Hostal El Levante, Tarifa

Hay persona que no se cruzan en tu camino por casualidad, y Diego llegó a la mía para hacer que me enamorara de Cádiz.

Todo un empezó una tarde, de esas de aburrimiento extremo que te pones a ver vídeos de gatitos en Youtube (son tan cuquis). Pues así estaba yo, vídeo tras vídeo (en el momento empiezas, no puedes parar), cuando de repente recibí una llamada de Diego para que me animara a conocer Cádiz en las vacaciones de Semana Santa… oye, ¿por qué no? Solecito, playas, chico surferos guapos, buena comida… ¡era el plan ideal!

Cargamos las maletas en el coche y pusimos rumbo hacia la paradisíaca Tarifa. Y allí, frente al Mar Altántico, encontramos un pequeño hostal, todo blanco, con pequeñas terracitas… ¡y una zurrapa que está para hacerle un monumento! Si hay algún andaluz en la sala, necesito que me envíe un camión lleno de esa delicia para el paladar ( y par las caderas…)

Diego, su gerente, nos recibió con los brazos abiertos, ¡con esa alegría andaluza que tanto me gusta! Nos dijo que nos iba a dar la mejor habitación de todo el Hostal El Levante… ¡y que gran razón! De un blanco impoluto, con una decoración minimalista pero exquisita, unas fotografías que te animan a dejar las maletas e irte corriendo a la playa, ¡y una cama que te atrapa y no te deja salir hasta que no duermas una buena siesta de unas tres horas! (ahí, como Dios manda). Y mirad que yo tenía un montón de ganas de conocer Tarifa, pero decidimos darnos un par de horitas en el Hostal y poder disfrutar del lujo andaluz.

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Saqué mi ordenador a nuestra terracita y fue todo un placer poder escribir escuchando las olas del mar y tomando el solecito que tanto necesitaba (!que en Tarifa están todos tostados por el sol¡). Mientras yo escribía, mi amorcillo se tumbó al sol y en cinco minutos, en el espectacular jardín del Hostal el Levante, ¡acabó mas tostado que mi desayuno por la mañana! Que le vamos a hacer, los hay con mucha suerte en este mundo…

Pero lo que más me gustó de todo es el ambiente familiar que se respira en el Hostal. Durante los días que pasamos allí todos y cada uno de los integrantes del equipo, nos hicieron sentir que eramos parte de esa familia. Entendieron en cada momento mi problema con las alergias alimenticias, me lo prepararon todo aparte y me dijeron que estaban muy concienciados sobre ese tema… ¡así que un 10 para vosotros familia!

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¿Y que deciros de su  maravillosa zurrapa casera? Yo, que nunca la había probado, decidí que era hora de que algún blog le rindiera homenaje a tan exquisito manjar. Restregadita en unas tostadas, es el mejor desayuno para empezar con fuerza la mañana para subir las dunas de las playas de Tarifa, Valdevaqueros, Bolonia… ¡Qué más da que se peguen en las cartucheras! ¡Viajamos para disfrutar, no para sufrir!

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Si vais a pasar unos días por la zona de Tarifa, el Hostal el Levante es vuestro sitio ideal: decoración cuquísima, precios económicos, desayunos de rechupete, gente encantadora… ¡Yo ya le he prometido a Diego que volveremos en verano para unas clases de surf! ¡Qué no se va a librar de mi tan fácilmente!

Viajeros, apostar por los alojamientos familiares, donde recibes un trato exquisito y siempre con una sonrisa. Así que apuntar el Hostal el Levante para vuestras próximas vacaciones por la provincia de Cádiz.

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Hello Gibraltar

¿Sabéis las ganas que tenía de volver a comer un buen fish and chips? Hace ya 6 años, (¡cómo pasa el tiempo!) cogí las maletas y me fui un año a vivir a Inglaterra. Allí aprendí a conducir por la izquierda, a llevar un chubasquero siempre en el bolso y a comer muchos, muchos fish and chips. Así que ya de camino hacia Gibraltar solo iba pensando en el festín que me iba a pegar.

Llegando nos surgió la primera duda, ¿dónde aparcamos? Pero al ver la cola de entrada en la frontera lo tuvimos claro, aparcamos en la parte española, en la Línea de la Concepción. Eso si, si queréis llenar el depósito de gasolina ¡entrar el coche al peñón! ¡Menudos precios más baratos! Le hice foto y todo para luego llorar cuando tuviera que poner la gasolina en mi pueblo… La única parte mala de aparcar en el parte española es que es todo zona azul, así que nos tocó pasar por caja y dejarnos unos cuantos eurillos en La Línea.

A la hora de pasar la frontera no tendréis ningún problema, enseñando el DNI y en tan solo unos segundos…¡te encuentras en otro país! Y no solo eso, ¡te encuentras con un aeropuerto! A partir de aquí tienes dos opciones: ir andando hasta Main Street (es un paseíto de unos 20 mintuos) o coger un autobús urbano que os va a dejar en el centro de la ciudad, el cual tiene una parada justo al lado de la ‘valla’ así que no tendréis ningún problema en localizarlo. Yo quería la típica foto de postureo cruzando el aeropuerto con el peñón al fondo, así que elegí ir andando y disfrutar del solecito gibraltareño.

Llegó un momento en el que no sabíamos muy bien por donde ir, así que preguntamos a una mujer que vimos por allí: ‘Excuse me, Where is the Main Street?’  A lo que la mujer nos miró y nos dijo: Pues lo tenéis muy fácil, to parriba. Gibraltar es to roca y to parriba’. En ese momento entendí que poco inglés iba a practicar yo… Y por si no fuera poco añadió: ‘Ufff que calor hace hoy, mi arma. Los guiris nos ponemos muy rojos en cuanto llega el buen tiempo’. ¡Pero como mola la gente de Gibraltar! ¡Esto de poder hablar con un inglés perfecto y con acento andaluz al mismo tiempo es todo un lujazo!

Con una gran sonrisa pasamos los dos puentes que dan acceso al casco antiguo y llegamos a ……. Allí yo ya no pude aguantar más las ganas de comerme un buen fish and chips y nos sentamos en el restaurante Rock English Fish and Chips ¡Y menos mal que pedimos el pequeño! ¡Era enorme y estaba buenísimo! Nos trajeron una salsa tártara que estaba para chuparse los dedos y unas patatas caseras que estaban para hacerle un monumento. ¡Cómo disfruté! Por 8 libras comimos mi amorcillo y yo súper bien. Él, que nunca había probado este plato, salió encantado. ¡A la próxima en Londres!

Seguimos nuestro camino por Main Street, y aquí fue cuando reviví mi época londisense: Mark and Spenncer, Top Shop, chololate Cardbury, pubs ingleses… Y si a todo esto le añadimos que la calle es preciosa, toda decorada con farolas de las cuales cuelgan flores de colores y casas señoriales con fachadas dignas de fotografiar, hace que el paseo por esta calle sea de lo más agradable y disfrutes de cada rinconcito.

Después de fundir mi tarjeta de crédito, que oye, esto de que los precios estén más baratos es todo un peligro, llegamos al final de Main Street y nos encontramos con un cementerio precioso. Si, se que esto de visitar un cementerio suena algo raro, pero merece la pena. En el yacen alguno de los que lucharon en la famosa Batalla de Trafalgar, en la Batalla de Algeciras, Sitio de Cádiz y la Batalla de Málaga. ¡Vamos, un lugar súper recomendado si eres un amante de la historia militar!

Y a pocos metros del cementerio, llega la atracción estrella de Gibraltar: el peñón con sus famosos monos… Si, esos monos que como te acerques mucho ¡te quitan hasta los pendientes de oro que lleves puestos! Todo aquello que reluzca capta su atención, ¡así que mucho cuidado con vuestros objetos personales! Quitando esto, la verdad es que es encantador poder contemplarlos en total libertad. Y por cierto, me contaron que corre una leyenda que el día que los monos desaparezcan de Gibraltar, ésta será española… así que gibraltareños ¡cuidar bien a vuestros monos!

Y para subir a ver el paraje natural del peñón hay varias opciones: el teleférico que cuesta 19€ subir y bajar, un bus turístico, que cuesta 30€ pero hacen varias paradas por el recorrido, y un taxi privado, son un poco más caros, pero puedes bajar allí donde quieras y puedes pactar el precio con el conductor desde un principio. Y las dos opciones low cost: en tu propio coche si lo has entrado, y la más mega económica, a pie (esto solo los recomiendo para los súper héroes). Ya, como subas lo dejo a tu elección, ya que cualquiera merece la pena para poder disfrutar de las maravillosas vistas que se observan desde el peñón.

A la bajada decidimos parar en el Jardín Botánico para tomar un poco el fresquito (que menudo calor nos hizo mi arma). ¡Y que agradable sorpresa! ¡Qué sitio más bonito! Tiene rincones preciosos con pequeñas cascadas, peces koi, cabinas telefónicas, cientos de flores… ¡e incluso si hay suerte se puede ver algún monito que otro! Si vais con peques es una visita súper obligatoria ya que pasarán un ratito muy entretenido (y los no tan peques también).

Para mi, visitar Gibraltar fue como transportarme a otra época. Me encantó volver a escuchar inglés mientras andaba por la calle, pero sobretodo me encantó ver la amabilidad de sus gentes. En todo momento nos atendieron con total amabilidad y salero, ¡los ingleses más salerosos del mundo mundial!

Así que, viajeros míos, si queréis descubrir algo totalmente diferente a pocos kilómetros de casa, Gibraltar es vuestro destino ideal. En tan solo unos minutos descubriréis una cultura y tradiciones diferentes. Abrir la mente y aceptar las decisiones de los demás, Gibraltar es inglés y yo, como buena viajera, estoy encantada de que así sea.

¡A seguir sumando kilómetros mis viajeros!

 

Tú, mujer viajera

¿De verdad vas a viajar sola?

Contemplo la escena desde la lejanía. La chica lleva una gran mochila a cuestas, zapatillas y un libro en la mano. A su lado, su madre no entiende nada. ¿Cómo es capaz su niña de volar ella sola por el mundo? ¿No le da miedo?

Miro a la valiente viajera a los ojos, si, tiene miedo. Sabe que va a tener que romper muchas reglas, tendrá que echar abajo muchos estigmas. ¿Por qué una mujer no puede viajar sola? ¿Acaso necesitamos un hombre a nuestro lado que luche por nosotras?

Isabella Bird, la viajera escritora.

No, claro que no lo necesitamos. Todas y cada una de nosotras libramos pequeñas batallas personales que, al juntarse, conforman una gran revolución femenina: Lucha por equiparar tu salario al de tu compañero, lucha por conseguir el puesto más alto en tu empresa, lucha por ser madre y no perder tu empleo, lucha por tu espacio personal, lucha por vestir a tu hija en carnaval de Spiderman, lucha por viajar sola…

Valiente viajera, no te rindas, tu pequeña revolución hará cambiar tu mundo y el de todo aquel que se cruce en tu camino. Enseña a todas aquellas mujeres que no se atreven a dar el paso, que nosotras solas nos valemos. Que vas a ir hasta Tanzania, China, Canadá o la Luna. Tú y solo tú, vas a marcar tu destino.

Annie Londonderry, la viajera ciclista.

Ha llegado el momento de marchar, su tren está apunto de partir. Le da un beso a su madre y le tranquiliza, todo irá bien. Volverá a casa con mil historias por contar y mil recuerdos que guardará bajo llave. En su recorrido encontrará la tolerancia, el respeto y puede ser que hasta el amor. Vive, valiente viajera, que nadie te corte nunca las alas para volar.

Amelia Earhart, la aviadora.

Amelia Mary Earhart, este microrelato va por ti. Gracias por hacer creer a toda una generación de mujeres que no somos el sexo débil:  «Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallaron sus intentos deben ser un reto para otros».

 

Niño Yuntero

Martes, 28 de marzo. La estación está empezando a cobrar vida, cada día nuevos pasajeros se cruzan en mi camino. Yo, como siempre, les observo, pero hoy, no veo nada especial.

De repente, una ráfaga de aire frío pasa por mi lado. Miro hacia atrás extrañada, no hay nadie. Las ventanas siguen cerradas y las puertas están lo bastante lejos como para hacerme llegar la más mínima brisa. Entonces me doy cuenta, la estación se ha quedado parada en el tiempo. Los transeúntes, que antes llenaban la estación con sus gritos y pasos acelerados, ahora están congelados, mudos, reina el silencio.

Lentamente me levanto, estoy temblando, las piernas no me funcionan y el corazón se va a salir del pecho. ¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué nadie se mueve? Miro alarmada a mi alrededor y solo quiero salir de allí, necesito tomar el aire. ¿Me estaré volviendo loca? Pero no puedo salir, las puertas están cerradas. Estoy a punto de gritar, pero de pronto lo veo. Allí, justo en el mismo asiento donde yo estaba antes, hay un viejo libro. Casi no me atrevo a tocarlo, lo acaricio con la yema de mis dedos, tengo fascinación por los libros antiguos. Antes de abrirlo, lo huelo. Si, adoro ese olor a libro viejo, desgastado.

Es entonces cuando me fijo en la portada. En ella solo hay escrita una fecha: 28 de marzo de 1942. Aún sigo presa del pánico, pero mi curiosidad puede conmigo. Lo abro y de él empieza a emerger música escrita. Se ha roto el silencio de la estación, ahora, escucho bellos sonetos, odas al amor y llantos desgarrados.

Cierro los ojos y percibo un ligero aroma a cebolla y pan. Ni siquiera me atrevo a preguntar como puede ser eso, simplemente me dejo llevar. Oigo el llanto de un bebé, un llanto desgarrador, tiene hambre. Junto a él hay una madre consolándole, dándole el poco alimento que sale de su ser: sangre de cebolla. No, mi niño, no llores, ríe. ‘Ríete, que te traigo la luna cuando es preciso’.

El viento vuelve a cambiar, pero el niño sigue ahí. Ha crecido, pero sigue estando hambriento. Sus manos están cansadas, su mirada desolada. Ya no juega, no ríe, no sueña. “Me duele este niño hambriento, como una grandiosa espina”. Sus días transcurren tras los surcos y los arados. Ya nadie bajará la luna por él. Quiero arrullarlo en mis manos, consolarlo, decirle que nunca más será un niño yuntero. Pero, al fin y al cabo, “¿quién salvará este chiquillo menor que un grano de avena?”

Voy corriendo hacia el, pero su silueta se va perdiendo en el tiempo. Me detengo y escucho pasos detrás de mí. Al girarme veo a un chico joven. Lo miro a los ojos y se que es mi niño yuntero. Ahí siguen fríos, vacíos, hambrientos. Se descalza y pone sus zapatos en el alféizar de la fría ventana. Se gira hacia mí y me susurra: “nunca tuve zapatos, ni trajes ni palabras.” Su vida transcurrió entre surcos y sangre de cebolla.  Su único vestido durante muchos años fue la pobreza. Me derrumbo, no puedo más. “Rabié de llanto, hasta cubrir de sal mi piel”. Vida, ¿cómo has podido ser tan cruel con mi niño yuntero? Me acerco a la fría ventana, acaricio sus raídos zapatos, y se que cuando me gire ya no estará, me habrá vuelto a dejar.

La luz empieza a tornarse más cálida. Ya no hace frío, la ventana ha dejado de estar helada. Ansío ver a mi niño yuntero, pero, en su lugar, aparece una bella mujer de con aroma de rosas. Por primera vez sonrío: mi niño hambriento se ha enamorado. Luchan por un amor dividido por la guerra. Ella espera ansiosa cada poema escrito con sangre de cebolla. Mujer rosada, “ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo.”  Tranquila, yo te guiaré, te cuidaré. Esperaremos juntas a nuestro niño yuntero. Él, desde las trincheras, te está gritando, ¿no lo oyes? “Tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.”

No deseo que se vaya, pero se que tiene que partir. Al decirle adiós la estación se queda completamente a oscuras. No veo nada, estoy helada. Presiento que algo malo va a pasar. Ya nadie me acompaña, ¿dónde está mi niño hambriento? Intento salir, correr hacia mi libertad, pero estoy encerrada. Grito desesperada, ¿por qué nadie me ayuda? Yo solo quería escribir, solo quería ser feliz. Voy a un rincón y me doy por rendida, ya está, “aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue.” Suspiro y entiendo que todo llega a su fin. Mi viaje, el viaje de mi niño yuntero, acaba aquí, solo, encerrado, a oscuras. “Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte.” Sus días han acabado como empezaron, con llantos, cebolla y pan.

Alguien me despierta. Una mujer, me mira con ojos rosados y me dice que mi tren acaba de partir, que es hora de irme a casa. Tiene razón, no quiero explicarme lo que acaba de pasar. Igual solo fue un sueño, no hay que darle más vueltas. Salgo lentamente de la estación pero tengo el corazón en un puño. Antes de marcharme por completo, algo en mi me dice que entre a la librería de la esquina. Y allí estaba, esperándome. Entre libros de ciencia ficción y amores imposibles, veo a mi niño de ojos vacíos, Miguel. Me sonríe y me entrega un viejo libro: 28 de marzo de 1942. Lo guardaré, mi niño poeta, lo guardaré otros 75 años más.

Sayech beach, by Josan

Tacos, nachos, empanadas, hamburgesas, patatas… ¡De solo pensarlo mi boca se hace agua! Ese fue mi gran dilema de ayer, ¿qué me pido? Allí estábamos mi amorcillo y yo, a pie de playa, con un solecito espectacular, una ligera brisa mediterránea y una gran calavera mexicana que nos quería obligar a comer todas y cada una de las cosas de la carta (que lo hice obligada, que conste).

Y no, no hace falta irte a México para probar unos tacos que están de rechupete, unos nachos repletos de queso fundido que aparecerán en tus mejores sueños, y una hamburgesa gourmet que te reafirmarán tus ganas de ser carnívoro. Solo con que vayas a Urbanova en Alicante (la millor terreta del món, por cierto), los tendrás al alcance de tu mano… ¡y de tu bolsillo!

Hace tres semanas recibí una llamada que me hizo especial ilusión: ¡estábamos invitados a la apertura del nuevo Sayech beach, by Josan! Y yo, que no me pierdo un sarao, allí que me planté. Además que soy una defensora de los grandes proyectos diferentes y originales. Que dos chicos jóvenes como son Ángela y Josan, hayan decidido abrir su tercer local en la provincia de Alicante, es algo digno de admirar hoy en día. Gracias a gente como ellos (y no gracias a quienes se creen que tienen el poder absoluto), nuestro país irá resurgiendo poco a poco de sus cenizas. Así que chicos, mil gracias por ser gente tan molona y emprendedora.

¿Y que deciros de la comida? Es de 10. Su carácter joven se nota en cada uno de los platos que te sirven. Toda su carta es de estilo callejero internacional (palabras de la propia Ángela) y lo mejor, es que todo está cocinado a la brasa, ¡así que ya podéis imaginaros que placer al darle el primer mordisco a la hamburgesa! (cual Crónicas Carnívoras). ¿Sois más amantes del pescado? No os preocupéis, a partir de veranito van a incluir carta de pescados recién traídos de los mejores puertos de la Costa Blanca… ¡apostando por el producto nacional de calidad! ¡Así me gusta! Y por si no fuera poco, llevan muchísimo cuidado con el tema de los alérgenos. Su carta está totalmente detallada y al no poder comer la gran mayoría de los platos (ya me he acostumbrado a comer por la vista), tuvieron el gran detalle de servirme un platito de un embutido que estaba para rebañar el plato y un arroz que quitaba el sentio. De verdad, mil gracias por este detalle.

Mi parte favorita es la decoración del local. Su gran cartel en el exterior, la gran calavera que te da la bienvenida, la escalera colgada del techo, el banco blanco impoluto de madera… Si te gustan los locales modernos y acogedores al mismo tiempo, te vas a sentir como en casa. Y seguro que estáis pensando que toda esta comida tan moderna y este local tan guay, además de estar en pleno paseo marítimo, tiene un precio desorbitado… ¡Pues no! ¡Sus precios son de los mas económicos! Echarle un ojo a la carta vosotros mismos:

¿Y de dónde viene esta idea de mezclar comida mediterránea con latina? Pues veréis, Ángela tiene raíces latinas, colombianas. Su genial mamá (la cual tuve ayer el gusto de conocer), les eneñó desde bien pequeñas a cocinar recetas típicas de la gastronomía de su país de origen. Fue cosa del destino que en su vida entrara Josan, un gran chef amante de la cocina tradicional pero con un toque moderno. Y el resto ya es historia, decidieron emprender su primer negocio juntos y tuvo tanto éxito, que a día de hoy son nº1 en Tripadvisor en la ciudad de Elda. ¡Estoy segura que vendrán muchos éxitos más!

Así que recordar, mis viajeros, si veraneáis unos días en la provincia de Alicante, apuntar Sayech beach, by Josan como uno de vuestros referentes para pasar un buen rato en uno de los locales mas molones de la terreta. Y os dejo su frase más famosa, de la cual estoy totalmente enamorada: A comer, beber y bailar, que el mundo se va a acabar. ¡A disfrutar de la vida mis viajeros!

Surcos en la piel

Siempre he sabido que no estaba sola en mi días de observación. Justo en la otra punta de la estación cada día, a la misma hora, se sienta mi fiel compañero.

Sus movimientos son lentos, los años ya hace tiempo que pesan sobre sus hombros. Sin prisas, a la misma hora todos los días, entra en la estación, mira a su alrededor y se sienta en el banco al que empiezan a darle los primeros rayos vespertinos. La verdad es que nunca me había fijado en él. Siempre estoy ocupada imaginando la vida de todos aquellas personas que se cruzan en mi camino tan solo un segundo. Y sin embargo, él está ahí todos los días, sin falta.

¿Qué le empujará a venir aquí todos los días? ¿Será un amante de las vidas cruzadas como yo? Si, seguro que es eso. Veo como observa a la gente que pasa por su lado, los mira con atención, fijándose en cada detalle. No habla con nadie, solo se sienta y observa. Y yo, a su vez, lo observo a él. Me provoca ternura, quisiera sentarme a su lado y que me contara toda su vida, cuales fueron sus sueños, sus amores y sus mayores triunfos. Pero no me atrevo, sería romper mis reglas.

Cientos de arrugas surcan su piel. Todas y cada una de ellas hablan de historias pasadas, de momentos vividos que ya no volverán. Unas me hablan de su gran amor, un amor que se fue y ya no volverá a estar junto a él. La añora, recuerda cuando venían juntos y se sentaban a contemplar a los transeúntes. A ella le divertía ver a los hombres de negocios tan bien vestidos, con sus elegantes trajes, corriendo detrás de un tren que se había marchado sin ellos. A él simplemente, le gustaba verla sonreir.

Otras me hablan de años cansados en el campo. Años en los que el sol encurtía su piel y la tierra endurecía sus manos. Pero pese al cansancio, fueron años felices. Tenía todo lo que necesitaba, a su familia. Con el paso de los años, sus seres queridos se fueron disipando, y las visitas se fueron alargando en el tiempo, pero en cambio sus arrugas, siguieron aumentando.

Pero en conjunto, todas ellas me hablan de el gran hombre que fue. Superó malas épocas, luchó por su libertad, buscó un futuro mejor para cada uno de los suyos, amó con intensidad, imaginó miles de vidas cruzadas…. Ahora me toca a mi. Sus manos cansadas se apoyan sobre el bastón, se está haciendo tarde y tiene que volver a la tranquilidad de su hogar. Le veo desaparecer lentamente entre la multitud, no tiene prisa, sabe que deja las vidas cruzadas en buenas manos. Yo las cuidaré y las mostraré al mundo con el mismo cariño que él lo hizo. Si, he tenido un buen maestro.

(Siendo yo pequeña, me sentaba con mi abuela en la plaza del pueblo. Nos gustaba ver la gente pasar y ella me contaba la historia de cada una de esas extrañas personas para mi. Nunca lo había pensado, pero esos momentos fueron los que han dado vida a Vidas Cruzadas. Este micorrelato va por todos nuestros abuelos que nos han ayudado a ser quienes somos hoy en día).