Que llevar en una maleta de postureo festivalero

Pues si, viajeros míos, Anís Tenis ha decidido que yo (la reina del postureo viajil) sea la encargada de retransmitir el súper, mega, maravilloso San San Festival!!!!!!!!

Pero ahora enserio, (y espero que esto no lo lean los dueños de la famosa fábrica de anís) ¿de verdad saben a quién van a enviar a cubrirles las espaldas? Pues les pongo en situación: nunca he estado en un festival, soy una súper loca del postureo y además, mi cuerpo, al mínimo contacto con la luz solar, se vuelve de un color rojo gamba de Dénia, que ríete tu de los ingleses que vienen a Benidorm en verano. Yo, de verdad, no se si las fotos van a salir decentes, miedo me doy a mi misma.

Bueno pues una vez ha quedado claro que estos de Anís Tenís están algo locos (pero a la vez muy geniales, por si acaso lo leen), he decidido que va siendo hora de hacerme la maleta. Que si, quedan aún dos semanas, pero yo soy ansia viva. Y además recordar que nunca he estado en un festival y no se cual es el postureo que se estila en este tipo de eventos. Pero no os preocupéis que le e puesto remedio. Me he documentado, como buena reportera. He buscado fotos de festivales en las páginas más hiper mega cools del panorama nacional musical, y creo que ya tengo mi lista definitiva de qué tiene que contener una maleta de postureo festivalero:

Ropa bohochic: Y viajeros míos, este punto es casi más importante que llevarte las entradas. ¿Dónde vas tu a un festival de las dimensiones del San San con tu chandal de los domingos? No, no. Como buena futura festivalera, mañana mismo me voy de compras (de verdad que soy una genial reportera, y si hay que sacrificarse y comprarse modelitos a la última, yo lo hago). ¿No sabéis que es eso del bohochic? Es muy fácil. Solo tienes que mezclar tus botas de cowboy desgastadas (si están nuevas es como las Converse, no tiene la misma gracia), tus shorts vaqueros para lucir piernas, un cinturón bien mono de flecos, y el complemento estrella: el chaleco hecho de ganchillo. Aquí tienes dos opciones: o que te lo haga tu abuela (version low cost) o irte a Ibiza y comprate uno bien bonico. Yo, optaré por la segunda.

Palo selfie: Si vas al San San y no subes una foto de postureo con Sansito, otra dándolo todo con Los del Río y otra de mira que foto más casual mirando al atardecer mientras escucho a Miss Cafeina, no has ido de verdad al San San. Y la realidad es esta, viajeros míos. Cualquier buen festivalero, tiene que subir sus fotos de postureo de rigor. Y en esta tarea tu mejor aliado será tu palo selfie. Y ya, si la foto es con una cámara deportiva que se ve toda la gente a tu alrededor, apaga y vámonos.

Bikini: No solo de música vive el San San. ¿Que sería de las mañanas de resaca festivalera sin la playa al lado? ¡Qué enorme placer el levantarte de una noche de fiesta junto a Niños Mutantes, coger tu bikini mas cuqui, tu toalla y darte un chapuzón en la playita de Beniccàssim! Además que todo tiene sus ventajas. Vas a volver a casa, con tu pulsera de postureo del festival y un morenazo que parece que hayas estado una semana en el Caribe. Eso si, si eres como yo, blanca nuclear, te vas a volver a casa con un quemazo del 15. (Nota mental, crema del sol de factor 50).

Tienda de campaña: Y aquí viene lo complicado. ¿Alguien en la sala que se venga conmigo y me monte la tienda? Si no hay nadie, no os preocupéis, tengo un plan B. Comprarme una de esas que las tiras en el aire y por arte de magia, al tocar el suelo, ya están montadas (eso si que es invertir en tecnología de la buena). Pues eso, que nunca he dormido en una tienda de campaña… Me llevaré una esterilla, un saco de dormir y chuf chuf de ese antimosquitos. ¡Que no se que es lo que tengo, pero todos vienen a mi, oye!

Equipo fotográfico: ¿Cómo iba yo a dejarme a mi Nikon en casa? No me lo perdonaría. Eso si, igual le soy algo infiel: no se lo digáis pero me llevo también mi cámara deportiva. Yo ya estoy viendo el momento en el que los grandísimos Del Río canten La Macarena… Pienso grabaros a todos y cada uno de los que estéis allí presentes. Aaayyyy (leer con acento Macarena). Prometo fotos de postureo nivel mil con mis trenzas de boxeadora ( que por si no lo sabéis, es lo más en peinados festivaleros). ¡Pobre del fotógrafo que me lleve, lo que va a sufrir!

Merchandising Anís Tenis: Bueno, esto lo tengo ya metido en la maleta (que por si no lo sabéis, tienen una nueva bebida súper cool llamada Glee. La botella es muy yo, rosa, monísima). Pues lo dicho, que ya tengo metido el abanico (complemento súper importante en un festival si queréis ir muy flamencas y airearos un pelín de la brisa mediterránea). Camiseta genial para las fotos de postureo también ya metida, y cruzo los dedos para que me regalen unas súper gafas de sol muy molonas ( guiño, guiño).

Pues creo que ya tengo mi maleta hecha. En llegar allí veré que me faltan veinte cosas y me dará la histeria viajera (no preocuparos, me pasa siempre). Pero, ¿sabéis que? Pienso pasármelo en grande, voy a bailar hasta que me duelan los pies, voy a conocer a gente maravillosa, disfrutaremos de la mejor música del panorama nacional y espero encontrar alguno de mis queridos viajeros por allí, ¡me haría tanta ilusión una foto con vosotros!

Se me olvidaba, si vais al San San, beberos un chupito de Anís Tenis a mi salud. ¡A disfrutar de la vida mis viajeros!

Nota mental: Noelia, que no se te olviden las entradas. Ya verás tu la que lío…

 

San San Festival

Anís Tenis

 

 

 

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Alcalá del Júcar

¡Hola de nuevo, viajeros!

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El otro día, viendo las noticias, salió un reportaje de los pueblos más bonitos de España. Según contaron le habían concedido ya el título a 57 pueblos. Y yo, que soy viajera de culo inquieto pensé: ¿Qué hago yo en mi casa aún? ¡esos 57 pueblecitos no pueden vivir sin que yo los visite! Así que cogí mi Nikon, una bufanda y unos guantes (que nos íbamos a la España profunda) y para Alcalá que me marché.

Y aquí va el primer consejito, si os soléis marear, no olvidéis la Biodramina…¡menudas curvas! Eso si, merece totalmente la pena. A pocos kilómetros de llegar paramos en un mirador donde se aprecia el perfil tan característico que tiene Alcalá del Júcar: casitas blancas en la ladera, coronadas por un majestuoso castillo. Pues allí estábamos todos los domingueros cámara en mano, pasando un frío del carajo, pero poniendo cara de postureo, que eso es imprescindible en cualquier viaje, a ver como si no fardas luego en Instagram.

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Decidimos seguir el viaje y llegar ya al pueblo. ¿Tema de aparcamiento? La verdad que lo tienen controlado. En la parte baja del pueblo hay varios rellanos, al lado del río, donde se puede aparcar perfectamente, y a partir de ahí cogemos el coche de San Fernando. Nada de subir con su vehículo hasta el castillo, ¡se van a perder las preciosas calles del municipio! Son todo casitas blancas bien cuidadas, tiendecitas, bares… Pese al frío siberiano que pasamos fue todo un placer pasear y fotografiar cada detalle.

Antes de llegar al castillo decidimos parar en algunas de las casas cueva que se pueden visitar. Nos decantamos por las del Diablo, ¿la razón? Nos gustó su nombre, somos así de simples… ¡Pero oye, fue todo un acierto! Su construcción data del año 1905 y se puede apreciar como era la vida en aquella época en una cueva. Además tiene un mirador precioso a la ciudad. La entrada son 3€ y su horario de apertura es de 10.00-21.00h. ¡Visita muy recomendada si vais con niños!

Salimos de la casa cueva y seguimos las flechas que nos iban indicando la subida al castillo. Después de unos 15 minutos de: ‘yo me quedo aquí, si eso me recogéis al bajar’ o ‘¿no hacía frío? A mi me sobra todo ya ‘… Llegamos, al fin, al deseado castillo. La entrada al monumento es a través de la tienda (hay que ser siempre listos en esta vida). La muchacha nos ofreció dos packs: castillo más plaza de toros ( muy curiosa por cierto, con forma ovalada y en una ladera) por 3€; o solo el castillo por 2€. Nos decantamos por la segunda opción ya que no somos muy taurinos nosotros.

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Una vez dentro puedes visitar las diferentes salas, el calabozo ( como dato, es solo una sala con una silla… por supuesto, fotografiamos la silla, como buenos postureantes), y la parte superior, desde donde se sacan unas fotografías maravillosas de todo el municipio. Si el tiempo acompaña es un placer pasear por el antiguo patio, desde donde se aprecia a la perfección la curiosa plaza de toros.

Una vez nos cansamos de recrear la Edad Media, decidimos visitar la parte baja del pueblo. Mientras íbamos bajando la frase predominante fue: ‘pues prefería subir, que al bajar me duelen las rodillas, ¡estamos ya mayores!’. La cuestión, amigos míos, es quejarse por todo…

Y como necesitábamos descansar esas rodillas de abueletes de 20 años, decidimos hacer un alto en el camino y parar a visitar la Iglesia de San Andrés. Una parroquia muy pequeñita y austera, ya que fue construida con el dinero de los agricultores de la zona, que no contaban con mucho capital.

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A la salida, vimos unas grandes escaleras que te conducían hacia el puente romano. Y ya os digo de antemano, que merece mucho, pero mucho la pena. ¡Que cosa más bonita! Los diferentes colores de las hojas otoñales, el río con todo su caudal, la vista de la ciudad en lo alto, el lago con los patitos… De verdad que solo por este rinconcito merece la pena, y mucho, venir hasta este pueblecito de Albacete. Tomaros vuestro tiempo y disfrutar de este pequeño trozo de paraíso manchego.

Y ahora si que si, vamos a lo que importa: COMER. Ya os digo que con este frío de Invernalia, os apetecerá algo muy calentito. Nosotros nos decantamos por un restaurante que está justo al lado del Río Júcar: Casa el Molí. Tenían un menú de barbacoa por 15€ con el que nos pusimos las botas… ¡qué buena está la ensalada de gorrinera manchega, oye! La única pega que vi ¡es que el baño estaba fuera! y claro, daba algo de perecilla ir hasta allí. Pero vamos que es muy recomendable si queréis comer buena carne de la zona.

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Con el estómago bien lleno, y encantados de la vida con Alcalá del Júcar decidimos volvernos para casa y dar por finalizada nuestra visita. Pero no me voy a despedir sin dejaros algunos consejitos para visitar el municipio:

-Por esta vez, pero solo por esta vez, dejar los tacones en casa. Unas buenas zapatillas, que ya estamos mayores y las rodillas se resienten.

– Si viajáis con bebes, no es nada recomendable llevar el carrito del niño. Vi a unos cuantos super papás, sudando la gota gorda intentando subir al castillo. Mejor alguna mochilita donde el bebé vaya cómodo y calentito.

-Ropa de abrigo si vais en invierno, de verdad que aquello parecía Siberia ( hablo desde mis genes levantinos).

-Si coméis en algún restaurante hacer la reserva con antelación. Es uno de los pueblos más visitados de España y si os descuidáis no tendréis sitio para comer.

Sin más, espero que os haya gustado la entrada de hoy. Está hecha desde el gran cariño que tengo a las tierras manchegas, de las cuales me declaro una total enamorada.

Y recordad… El paraíso está mucho más cerca de lo que imagináis.

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Web turismo Alcalá del Júcar