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Estudios Bolonia

Durante un par de días tuve de vecinos a dos caballos encantadores. Era levantarme, salir al jardín, y allí estaban, esperándome moviendo el rabo (yo, sigo pensando que lo hacían porque estaban contentos, como mi Charli). Y pese al enorme viento que nos hizo esos días, merecía la pena despertar así.

Los Estudios Bolonia se encuentran en el paraíso. Una playa de aguas cristalinas, junto a una duna de arena blanca finísima. Cuentan que en verano se masifica de turistas, pero para estas épocas fue todo un placer poder tener la playa para mi sola. Fue como si fuera mi playa privada, solo me faltaba el mojito en la mano y un mayordomo abanicándome ( que el pobre amorcillo no da para tanto).

Desde el primer momento que pisas los estudios no te quieres marchar. Olían a flores frescas, y es que la dueña tuvo el enorme detalle de recogernos unas flores y ponerlas en un jarrocito para que todo oliera a las mil maravillas, y además no   les falta detalle: cocina completa, baño, habitación con una cama enorme, sala de estar… ¡hasta teníamos WIFI, que oye, una puede estar en el paraíso, pero tiene que documentarlo mediante las fotos de postureo en Instagram!

Y si lo que quieres es disfrutar del solecito andaluz sin que nadie te moleste, tienes un perfecto jardín donde ponerte como las gambas de Dénia de tanto vuelta y vuelta. El amorcillo que no es mucho de tomar el sol (ya es moreno de naturaleza, le odio un poquito por ese sutil detalle), se sentó en la terraza del estudio a tomarse una cerveza y reírse un rato de mi al ver mi piel quemarse por momentos.

Yo me sentí tan como en casa que empecé a hacer planes para volver en verano y poder disfrutar de toda la costa en condiciones: clases de surf y windsurf, visitar las ruinas de Baelo Claudia, ir de fiestuki a los locales tan cools que hay en Tarifa, hincharme a comer pescaíto frito y tortitas de camarones… ¿Alguien que me quiera acompañar?

De verdad, que si visitáis las tierras gaditanas y queréis un alojamiento muy tranquilo a orillas de una playa paradisíaca, Estudios Bolonia es vuestra elección ideal. ¡Y no sabéis lo majetes que son sus dueños! ¡Hay selfie que lo atestigua! Y si vais, no os olvidéis de saludar de mi parte a mis dos amables vecinos, ¡fue todo un placer conocerlos!

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

Reservas: https://www.homeaway.es/p1541

http://www.andaluciasur.com/alojamientos/cadiz/tarifa/07_apartamento/

https://www.airbnb.es/rooms/2481369

 

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Hotel Montreal, Benicàssim

La belleza está en los pequeños detalles. Esos detalles, que en un principio pasan desapercibidos pero que poco a poco se van convirtiendo en imprescindibles. Un libro esperando ser leído en la mesita de noche, una sonrisa que te da la bienvenida cuando vuelves cansado o unos caramelos esperando endulzarte tus días de vacaciones.

Nada más entrar en el Hotel Montreal me dí cuenta de que tiene algo especial. Traspasas sus puertas y te invade la tranquilidad. El hall del hotel presidido por su preciosa recepción con música relajante, la piscina thai con su gran buda y sus camas relajantes, sus talleres de yoga, masajes y tratamientos corporales. No podía creer que un hotel de playa fuera tan bonito y relajante.

Nos recibió su dueño con una sonrisa enorme, estaba encantado de tenernos por allí. Nos explicó que son un hotel atípico, que apoya el turismo responsable y las actividades culturales. Una vez al año organizan un concurso de microrrelatos, ¡con lo que me gustan a mi! Le prometí que participaría en el próximo, ya que tienen el bonito detalle, de imprimir los relatos ganadores y regalar el libro a sus clientes. ¿Veis el nivel de detalles que os decía? Además tienen prestamos de libros para que los disfrutes en su precioso jardín thai… ¡De solo pensarlo quiero volver allí unos cuantos días más!

Yo ya estaba encantada con el hotel elegido para pasar unos días en la ciudad costera de Benicàssim. Pero mi mayor sorpresa vino a la hora del desayuno… ¡tenían todos los alérgenos etiquetados en cada alimento! ¡Casi me da algo de la emoción! Yo, que siempre me quejo de que me resulta muy difícil viajar por culpa de mis alergias alimenticias, me encuentro con que tienen mucho cuidado en ese tema. Extremo cuidado de hecho: te dan pinzas y cubiertos para ti solo, te cocinan aparte todo lo que puedas comer y están pendientes de que solo te encargues de disfrutar de la comida. Estuve a punto de llorar de la emoción.

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Además tienen otra zona para diabéticos, y me contaron que poco a poco iban a sustituir todos los alimentos con aceite de palma, ya que están muy comprometidos con la buena alimentación. ¡Un 10 en este tema, de verdad! Mil gracias desde mi humilde blog.

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La playa se encuentra a tan solo unos metros del hotel, y es de las que a mi me gustan, de piedrecitas. Tiene una pequeña parte de arena que hace que se forme como una pequeña piscina natural genial para los niños. Disfrutamos un ratito del Mediterraneo, vuelta y vuelta, cual gamba de Denia acabé. Y a mi que me da un poquito de asco eso de ir llenita de arena, fue todo un placer el llegar al hotel en un segundo y darme un bañito en su jacuzzi relajante…¡no está pagado ese momento!

Si queréis relajaros, y olvidaros un poco de vuestra vida cotidiana, tienen a su disposición un montón de masajes a la carta. Yo no tuve ocasión de probarlos, ya que estuvimos muy ocupadas con el SanSan Festival, pero está prometido que la próxima vez que vaya (que espero que sea pronto), dedicaré un día entero a mimarme a mi misma con unos cuantos de ellos.

Resumiendo, el Hotel Montreal, me enamoró por los pequeños detalles. Son pequeñas cosas que las grandes cadenas hoteleras no prestan atención, pero que llegan al corazoncito de los clientes. Pero lo más importante de todo, es la gran calidad humana de sus trabajadores. Siempre nos han recibido con la mejor de sus sonrisas y nos han tratado a las mil maravillas. ¡Hasta nos sirvieron un plato de potaje que habían hecho para sus empleados! ¡Me dieron muchas ganas de abrazarlos!

Viajeros, apostar por los pequeños pero grandes proyectos. Proyectos que dan su apoyo al turismo sostenible, a la exquisita atención hacia los clientes y donde te sientes como parte de la familia.

Desde aquí mil gracias a todos los trabajadores del Hotel Montreal: desde su encantador dueño, las chicas de recepción ( a la chica del turno de noche, sentimos despertarte a esas horas), a las chicas de la limpieza, por esa sensación de limpio que dejaban en la habitación… en resumen, a todos y cada uno de ellos: mil gracias por hacer que mis días en Benicàssim fueran inolvidables.

¡Venga, a descubrir Benicàssim mis viajeros!

Hotel Montreal

Turismo de Benicàssim