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El Caribe español

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¿Sueñas con viajar al Caribe y bañarte en sus playas de arena blanca y agua turquesa? ¿ Lo sueñas pero tu cuenta corriente acaba todos los meses en números rojos?

Shhhh ¡que no cunda el pánico! ¡No hace falta irte al Caribe para disfrutar de playas paradisíacas! Con dos tacones os trae la solución: Formentera. Si si, a tan solo unas horitas en ferry o en avión, podremos achicharrarnos cual cangrejo en Ses Illetes, cazar alguna que otra sargantana, y sentirte un millonetis en alguno de sus maravillosos, cools (y carísimos) chiringuitos.

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Estando de vacaciones en Ibiza, se me metió en la cabeza que quería visitar la isla de Formentera. Era Semana Santa y nos estaba haciendo unos días estupendos: sol, calorcito y baños en alguna calita que otra (esto incluye que mi piel se volvió de un tono rojo gamba, que ríete tu de los ingleses, oye). Así que decidimos liarnos la manta a la cabeza (bueno, la toalla en este caso), madrugamos, eso si, con un pelín de resaca…que ya se sabe lo que tiene Ibiza… y cogimos el primer ferry de la mañana dirección al paraíso.

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¿Qué empresa elegimos? La verdad es que hay muchísimas, con diferentes precios y horarios. Nosotros nos decantamos por  AquaBus Ferry, ya que no os voy a mentir, eran los que nos ofrecieron el precio más económico (20€ ida y vuelta, pero en temporada alta está más caro) y el viaje es cortito, unos 50 minutos aproximadamente. ¡Y ahí va un tip imortante!: las mismas empresas os van a ofrecer la opción de coger un pack de ferry+transporte en la isla…¡A ser posible evitarlo! ¿Por qué? Poneos os situación: llegáis al destino y unas 30 familias que iban en el mismo barco que vosotros, van a recoger su moto o coche… Solo con esto podéis perder fácilmente un par de horas… ¡y oye, que vienen de lujo para llegar los primeros a Ses Illetes!

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Pues lo dicho, desembarcamos en el puerto de Es Pujols y justo en la calle de detrás encontramos una oficina pequeñita, Motos Migjorn, donde por 15€ nos dieron una magnífica motocicleta, que eso no pasaba de los 40 km por hora. Allí nos ves, con nuestra mochilita colgada, las toallas en el hombro, y nuestra motito supersónica por las carreteras de la isla… Turista total.

Lo ideal es adjudicarse un mapita y visitar todo lo que se pueda… igual en un día no da tiempo a visitarla entera, pero si sus puntos claves:

-Primera y fundamental: Ses Iletes. ¡Que lujazo! Arena de coral blanca y roja, agua azul cristalina, los yates al fondo dándonos envidia al resto de los mortales… de verdad que en ese mismo momento llamé a mi madre y le dije: ‘mama tienes que venir a ver esto’. Yo fui en temporada baja y tuve la suerte de que habían muy poquitas personas y pude disfrutar de la playa en todo su esplendor. Me han contado que en verano, además de cobrar entrada, !es peor que la playa de Benidorm¡

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Faro Cap de Barbària. Está en una de las puntas de la isla y su gran altura hace que sea de visita imprescindible para hacernos una idea de toda la isla de Formentera. A cada paso, te vas a ir encontrando con la famosa sargantana, símbolo de las Islas Baleares, ¡incluso si tienes suerte te dejaran fotografiarlas! Y un secreto que muy poquita gente sabe.. cerquita del faro tenéis que buscar la Cova Foradada, que nos conduce a un balcón  impresionante sobre el Mar Mediterraneo. ¡Y alerta postureil! Si has sido a Formentera, y para que todo el mundo lo sepa, !te tienes que hacer la foto con el faro de fondo¡ !Es lo más ahora mismo¡

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Playa es Caló de San Agustín. ¡Mi segundo lugar favorito de la isla! Es una playa de roca, así que es recomendable llevar buen calzado, y es uno de los lugares más curiosos donde me he podido bañar. Se trata de un antiguo puerto pesquero, abandonado hoy en día, donde las antiguas casetas le dan un toque muy original a la cala. ¡Aquí solo me hubiera pasado un día entero!

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Sant Francesc Xavier. No solo de playas vive Formentera. San Francesc es la capital de la isla y la ciudad más grande: son unos 1500 habitantes. Es un pueblo precioso, con las casitas blancas y azules, la plaza del pueblo con la iglesia y sus tiendas de souvenirs. (me compré un barquito precioso para añadir a mi colección de viajera). Lugar ideal para parar y llenar el estómago, aunque yo, sabiendo los precios de Formentera, decidí ponerme unos bocatas a la mochila y nos los zampamos en una roca mirando al mar ( y ya os digo, que fue la mejor decisión ¡me supo a gloria ese bocata!, todo un lujo).

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-Formentera tiene muchísimas playas, calas y rincones por descubrir, pero no me daría suficiente con un post. Ahí os dejo algunos de los rinconcitos que también nos encantaron: Caló des Morts, Cala Saona, Faro de la Mola, Sant Ferran de Ses Roques… Deseando estoy volver a pasear por estos mágicos lugares.

Cansados al máximo y cayendo ya el sol, cogimos el ferry para volver a nuestro hotel en Ibiza. Pero por si no fuera poco, a mitad de trayecto pudimos disfrutar de la compañía de unos amigos inesperados… ¡delfines! ¡uno de mis sueños era ver delfines en libertad y allí los tenía, justo al lado del barco! Fue el broche final a un día en el paraíso.

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Así que si tenéis unos días libres no lo dudéis, Formentera es el trocito de paz que estáis buscando. ¿Cómo ir hasta allí? Desde Denia con la compañía Balearia, os dan la opción de embarcar vuestro propio vehículo, pero es algo más caro el pasaje la verdad. Desde los diferentes aeropuertos españoles con destino Ibiza, algunas compañías como Ryanair e Iberia tienen precios muy económicos (mi billete rondó los 60€). Y oye, si eres como David Meca, a nado… ¡más barato imposible!

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¡Y se me olvidaba! Este post, va dedicado a mi compi de mocos, babas y risas: Lucía. ¡Qué no hace falta que te me vayas al Caribe para disfrutar de las mejores playas del mundo! ¡Vámonos a Formentera, que como en casa en ningún lado!

¡Seguid viajando mis cuquiviajeros!

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Cañete de mis amores

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Allá por el año 2011, siendo yo una jovenzuela, decidí hacer la maleta e irme a vivir al campo. Y no un campo cualquiera no… ¿sabéis donde Cristo perdió la zapatilla? Pues allí. Grandes montañas, ríos caudalosos, ovejitas pastando al lado de tu casa, campos llenos de amapolas, y muchos, pero muchos, polares de Quechua…

Recuerdo mi primer fin de semana en el pueblo. Un vecino me dijo emocionado que había llegado en una época magnífica: ¡ese fin de semana celebraban la fiesta de los quintos! (Ya podéis imaginaros lo que yo creí que era la  fiesta de los quintos, cerveza everywhere…). Pues allí que me enfundé yo mi faldita roja, mis preciados tacones y me hice un moño bien bonico, que la ocasión lo merecía, oye. Al llegar a la carpa donde era la fiesta, me encontré ¡con que todo el mundo iba en vaqueros y con sus preciados polares de Quechua! Y no solo eso, amigos, ¡estaban bailando la Campanera! En ese mismo momento, me enamoré perdidamente de aquel pueblecito de la España profunda, Cañete.

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El pueblo te atrapa desde el primer momento en el que lo ves. Desde su calle más pequeña, la cascada del Río Tintes, la ermita en honor a la Virgen de la Zarza, la muralla que rodea la población y el imponente castillo en sus alturas. Y si todo esto lo adrezamos con la maravillosa comida que hay en la Serranía Conquese, ten por seguro que un trocito de tu corazón se quedará allí.

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Y es que, viajeros míos, ¿sabéis lo bien que se come en Cuenca? El Ajo arriero, es una especie de paté hecho con patatas, ajo, huevo, aceite y bacalao, que con unas tostaditas está para chuparse los dedos; el Morteruelo, es un guiso desmenuzado y bien machacado, cocinado con diferentes carnes de caza (es mi plato favorito de la zona, se me hace la boca agua al recordarlo); y los Zarajos… esto mejor no lo explico, os los pedís, los disfrutáis, y ya luego, si eso, preguntar de que está hecho este plato :).

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Desde Cañete, que está situado en pleno corazón de la Serranía, nos podremos desplazar y conocer sus alrededores:

-Mi favorito, el Nacimiento del Río Cuervo. Este paraje natural es precioso en cualquier época del año, de hecho, ahora en invierno, es toda una gozada ver la cascada totalmente helada formando estalactitas y estalacmitas. Si lo visitáis, no os olvidéis de parar en el  Bar la Tejera y decirle a su encantador dueño Luis, que os sirva una tapita de embutido de ciervo, que además de estar buenísimo, es muy bajo en grasa ¡y nos va a venir genial para la operación bikini post navidad!.

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La Ciudad Encantada. Se trata de un parque natural con formaciones rocosas, las cuales, si dejamos volar un poco nuestra imaginación, podremos distinguir un elefante, unos barcos, dos amantes a punto de besarse, un tormo… ¡Y hasta una pata de jamón! O al menos eso distiguí yo…igual es que ese día tenía yo mucha hambre… La entrada son 3€ y el recorrido dura sobre una hora.

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-A una horita de Cañete se encuentra Cuenca, ciudad Patrimio de la Humanidad. Si queréis quedar como dos turistas profesionales ahí van dos tips: Son casas colgadas, no colgantes (colgar cuelgan otras cosas); y nunca, pero nunca nunca, le digáis a un conquense: ¿Y hacia donde miran los de Cuenca? Que mal les sienta, oye.

La capital es muy sencillita de visitar. Es como una raspa de pesacao: tiene una arteria principal y luego espinitas que van saliendo hacia los lados. Mi recomendación es que aparquéis el coche arriba del todo y luego al finalizar la visita, toméis un autobús urbano para subir otra vez a la parte alta de la ciudad. Y esto os lo digo porque e visto a mas de un turista sudar la gota gorda con las cuestecitas de Cuenca…ya me lo agradeceréis ya.

¿Y que podremos visitar? La Catedral, Torrremangana, las famosas Casas Colgadas, el Puente de San Pablo, las hoces a los ríos Júcar y Húecar, sus preciosas callejuelas, los diferentes museos de arte contemporáneo que alberga la ciudad… y si todo esto os parece poco y queréis echaros unas risas, os recomiendo al mejor guía del mundo mundial, Guillermo,Turalia, es todo un espectáculo de hombre.

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Pero ahora nos volvemos a nuestro rinconcito de la Sierra, Cañete, ya que después de un día tan agotador, tendremos unas ganas enormes de tomarnos un buen vino de la zona, acompañado con un queso manchego, junto a la lumbre de una gran chimenea ( me estoy dando cuenta de que siempre hablo de comida… muy mal llevo la operación bikini). ¡Pues deseo concedido! En el Hotel Hostería de Cañete os vais a sentir como en casa. Es un establecimiento familiar, donde Cesar os va a hacer sentir como uno más. En todo momento estarán pendientes de que os encontréis cómodos, ¡y si os descuidáis hasta os ponen a cocinar con gorro de chef incluido!

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Eso si, que sepáis que de allí volvéis con cuatro kilos de más: un montado para ellos es la barra de pan menos el piquito, pides gachas manchegas para uno y de ese plato puede comer hasta el cura del pueblo… ¡y si no os lo creéis preguntarle a mis amigas!. ¡Aún me siguen recordando los bocatas de panceta y lomo que se metían entre pecho y espalda!.

Así que mis cuquiviajeros, si tenéis unos días libres y queréis perderos y que no os encuentre nadie (pero literal, había días en los que no tenía cobertura), vuestra mejor opción será mi querido Cañete. Disfrutar y llenaros de aire puro los pulmones, contar las infinitas estrellas que cubren su cielo, ¡y hacer miles de fotos! ¡que tu Instagram está deseando enseñar lo bien que te lo has pasado en el campo!.

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¡Seguid contando kilómetros mis viajeros!

 

Web turismo de Cuenca

Información Ciudad Encantada

Web turismo de Cañete

Información Nacimiento del Río Cuervo

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Alcalá del Júcar

¡Hola de nuevo, viajeros!

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El otro día, viendo las noticias, salió un reportaje de los pueblos más bonitos de España. Según contaron le habían concedido ya el título a 57 pueblos. Y yo, que soy viajera de culo inquieto pensé: ¿Qué hago yo en mi casa aún? ¡esos 57 pueblecitos no pueden vivir sin que yo los visite! Así que cogí mi Nikon, una bufanda y unos guantes (que nos íbamos a la España profunda) y para Alcalá que me marché.

Y aquí va el primer consejito, si os soléis marear, no olvidéis la Biodramina…¡menudas curvas! Eso si, merece totalmente la pena. A pocos kilómetros de llegar paramos en un mirador donde se aprecia el perfil tan característico que tiene Alcalá del Júcar: casitas blancas en la ladera, coronadas por un majestuoso castillo. Pues allí estábamos todos los domingueros cámara en mano, pasando un frío del carajo, pero poniendo cara de postureo, que eso es imprescindible en cualquier viaje, a ver como si no fardas luego en Instagram.

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Decidimos seguir el viaje y llegar ya al pueblo. ¿Tema de aparcamiento? La verdad que lo tienen controlado. En la parte baja del pueblo hay varios rellanos, al lado del río, donde se puede aparcar perfectamente, y a partir de ahí cogemos el coche de San Fernando. Nada de subir con su vehículo hasta el castillo, ¡se van a perder las preciosas calles del municipio! Son todo casitas blancas bien cuidadas, tiendecitas, bares… Pese al frío siberiano que pasamos fue todo un placer pasear y fotografiar cada detalle.

Antes de llegar al castillo decidimos parar en algunas de las casas cueva que se pueden visitar. Nos decantamos por las del Diablo, ¿la razón? Nos gustó su nombre, somos así de simples… ¡Pero oye, fue todo un acierto! Su construcción data del año 1905 y se puede apreciar como era la vida en aquella época en una cueva. Además tiene un mirador precioso a la ciudad. La entrada son 3€ y su horario de apertura es de 10.00-21.00h. ¡Visita muy recomendada si vais con niños!

Salimos de la casa cueva y seguimos las flechas que nos iban indicando la subida al castillo. Después de unos 15 minutos de: ‘yo me quedo aquí, si eso me recogéis al bajar’ o ‘¿no hacía frío? A mi me sobra todo ya ‘… Llegamos, al fin, al deseado castillo. La entrada al monumento es a través de la tienda (hay que ser siempre listos en esta vida). La muchacha nos ofreció dos packs: castillo más plaza de toros ( muy curiosa por cierto, con forma ovalada y en una ladera) por 3€; o solo el castillo por 2€. Nos decantamos por la segunda opción ya que no somos muy taurinos nosotros.

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Una vez dentro puedes visitar las diferentes salas, el calabozo ( como dato, es solo una sala con una silla… por supuesto, fotografiamos la silla, como buenos postureantes), y la parte superior, desde donde se sacan unas fotografías maravillosas de todo el municipio. Si el tiempo acompaña es un placer pasear por el antiguo patio, desde donde se aprecia a la perfección la curiosa plaza de toros.

Una vez nos cansamos de recrear la Edad Media, decidimos visitar la parte baja del pueblo. Mientras íbamos bajando la frase predominante fue: ‘pues prefería subir, que al bajar me duelen las rodillas, ¡estamos ya mayores!’. La cuestión, amigos míos, es quejarse por todo…

Y como necesitábamos descansar esas rodillas de abueletes de 20 años, decidimos hacer un alto en el camino y parar a visitar la Iglesia de San Andrés. Una parroquia muy pequeñita y austera, ya que fue construida con el dinero de los agricultores de la zona, que no contaban con mucho capital.

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A la salida, vimos unas grandes escaleras que te conducían hacia el puente romano. Y ya os digo de antemano, que merece mucho, pero mucho la pena. ¡Que cosa más bonita! Los diferentes colores de las hojas otoñales, el río con todo su caudal, la vista de la ciudad en lo alto, el lago con los patitos… De verdad que solo por este rinconcito merece la pena, y mucho, venir hasta este pueblecito de Albacete. Tomaros vuestro tiempo y disfrutar de este pequeño trozo de paraíso manchego.

Y ahora si que si, vamos a lo que importa: COMER. Ya os digo que con este frío de Invernalia, os apetecerá algo muy calentito. Nosotros nos decantamos por un restaurante que está justo al lado del Río Júcar: Casa el Molí. Tenían un menú de barbacoa por 15€ con el que nos pusimos las botas… ¡qué buena está la ensalada de gorrinera manchega, oye! La única pega que vi ¡es que el baño estaba fuera! y claro, daba algo de perecilla ir hasta allí. Pero vamos que es muy recomendable si queréis comer buena carne de la zona.

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Con el estómago bien lleno, y encantados de la vida con Alcalá del Júcar decidimos volvernos para casa y dar por finalizada nuestra visita. Pero no me voy a despedir sin dejaros algunos consejitos para visitar el municipio:

-Por esta vez, pero solo por esta vez, dejar los tacones en casa. Unas buenas zapatillas, que ya estamos mayores y las rodillas se resienten.

– Si viajáis con bebes, no es nada recomendable llevar el carrito del niño. Vi a unos cuantos super papás, sudando la gota gorda intentando subir al castillo. Mejor alguna mochilita donde el bebé vaya cómodo y calentito.

-Ropa de abrigo si vais en invierno, de verdad que aquello parecía Siberia ( hablo desde mis genes levantinos).

-Si coméis en algún restaurante hacer la reserva con antelación. Es uno de los pueblos más visitados de España y si os descuidáis no tendréis sitio para comer.

Sin más, espero que os haya gustado la entrada de hoy. Está hecha desde el gran cariño que tengo a las tierras manchegas, de las cuales me declaro una total enamorada.

Y recordad… El paraíso está mucho más cerca de lo que imagináis.

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Web turismo Alcalá del Júcar