¡Descubre los pueblitos bonitos que tenemos en España!
Ser de pueblo mola mogollón

Pedraza

Corría el año 2009 y yo, a mis 20 añitos, me enfrentaba a uno de los mayores retos de toda la humanidad: guiar por primera vez a un grupo. Bueno seguro que ahora estáis pensando que no es para tanto, pues si, para mi lo era. Yo, tan yogurina, tan inexperta, con las piernecitas temblando, una carpeta bajo el brazo para parecer profesional y unas extensiones horribles (¿ de verdad me veía mona así?), me puse delante de un grupo y les dije: Pues eso, que voy a ser vuestra guía. Ya os podéis imaginar la cara que puso el grupo. Una abuela me dio hasta un bocata, me vio cara de nieta.

Una vez pasado el shock inicial, pusimos camino de Segovia. Cada vez que recuerdo aquel primer viaje me entra vergüenza ajena, pobre grupo. La voz me temblaba, el chófer era murciano cerrao y yo no lo entendía, y nunca en la vida había estado en Castilla y León, imagínense la situación.  Pero de pronto, llegamos a un pequeño pueblecito y mi suerte cambió. Pedraza, tan bonito, tan rural, tan tranquilo, taaaaaan todo, que me enamoré de él nada más poner el pie en el suelo. Fue mi primer gran amor viajero, fue dónde descubrí que mi pasión era visitar pequeños pueblitos bonitos. Pero estaba tan nerviosa que no pude disfrutarlo como yo hubiese querido, así que durante muchos años, Pedraza ha sido mi espinita clavada en mi cuaderno viajero.

Y ahora ya, a mi vejez ( que 8 años no es tontería, ¿eh?) decidí que era hora de volver. Cogí mi súper Nikon, me puse mona para la ocasión (no todos los días te reencuentras con un viejo amor) y hacia Pedraza que nos fuimos. Y si, es tal y como lo recordaba, bonico del todo.

Si vais en coche no tendréis ningún problema, repartidos por todo el pueblecito hay varios parkings donde poder dejar el coche y empezar a callejear. Nos da la bienvenida una antigua puerta de la muralla, conocida como la Puerta de la Villa. Es traspasar este arco y sentirte como en la Edad Media. De ella parten varias callecitas, escoger la que más os guste, todas  merecen la pena: casas llenas de tiestos con flores, viejas puertas, vid colgando de los muros… Pero si además queréis empaparos con algo de historia, justo al ladito de la puerta se encuentra la antigua cárcel, donde se pueden visitar las diferentes salas y aprender un poquitín sobre la historia local (precio 3€).

Pero el verdadero encanto de Pedraza reside en sus calles, oye y no lo digo yo. Sus vecinos han visto rodajes como Águila Roja, Toledo, e incluso aquel famoso anuncio de la lotería de navidad, donde Rafael entonaba el Na, na na na na naaaaa (sabes que lo has leído cantando). Así que, viajero mío, va siendo hora de que saques tu cámara a relucir y te saques unas cuantas fotos de postureo, ¡de esas que tanto nos gustan! ¡Qué no todos los días estamos paseando por las calles donde gravó el mismísimo Rafael!

Y uno de los puntos más fuertes que tiene Pedraza es su Plaza Mayor. Y aquí estoy indignada. Señor Alcalde o Alcaldesa de Pedraza, llevaba yo esperando volver a su municipio 8 añacos, y cuando llego a la plaza que recordaba con tanto cariño, ¿con qué me encuentro? ¡Con la plaza de toros medio a montar! ¡No pude hacerme la foto en esa plaza taaan bonica! Mira, casi me faltó llorar. Pensaréis que soy una peliculera, y si, pero vamos que a mi estas cosas me afectan mucho y casi no duermo yo luego por la noche. Pero que lo sepáis, Pedraza tiene una de las plazas mayores más bonicas que e visto en mi vida. Queda dicho.

Así que algo cabizbaja, seguí mi camino hacia el Castillo. Tengo que reconocer que se me pasó a los dos minutos cuando vi una casa hiper mega mona llena de florecitas como a mi me gusta, y le hice unas cuántas fotos. Si, a veces soy así de simple. Pues eso, que llegamos al Castillo y la vista es genial. Allí tan imponente, se alza la fortaleza de origen árabe. Se conserva muy muy bien y paseando por su interior te puedes llegar a sentir como la dueña y señora de Pedraza, que a mi eso de venirme arriba me lleva poco tiempo. Por si os interesa visitarlo la entrada son 6€ y abre de miércoles a domingo.

Hay algo muy curioso que siempre he querido ver de este encantador pueblo y es la famosa Noche de las Velas. Durante los dos primeros sábados de Julio, el pueblecito se llena con casi 40.000 velas repartidas por todas sus calles. Además se realizar actividades culturales y conciertos durante estos días…¿algún alma caritativa segoviana me quiere adoptar para julio? ¡Cruzo los dedos para poder ir al año que viene!

Y como no…¡no os podéis ir de Pedraza sin comer un buen cochinillo! Qué estamos en la provincia del buen yantar, y para los amantes de la carne es toda una delicia. Pero os voy a confesar algo, eso si, que no salga de aquí y se enteren los segovianos… no me gusta eso de que me sirvan el pobre cochinillo enterito… me da una penita verlo ahí. Eso si, ¡huele que alimenta!

Tenía tantas, tantas ganas de volver a mi primer pueblito bonito que la mañana se me pasó en un abrir y cerrar de ojos. Para mi, Pedraza siempre tendrá un huequito especial en mi corazón.

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Hello Gibraltar

¿Sabéis las ganas que tenía de volver a comer un buen fish and chips? Hace ya 6 años, (¡cómo pasa el tiempo!) cogí las maletas y me fui un año a vivir a Inglaterra. Allí aprendí a conducir por la izquierda, a llevar un chubasquero siempre en el bolso y a comer muchos, muchos fish and chips. Así que ya de camino hacia Gibraltar solo iba pensando en el festín que me iba a pegar.

Llegando nos surgió la primera duda, ¿dónde aparcamos? Pero al ver la cola de entrada en la frontera lo tuvimos claro, aparcamos en la parte española, en la Línea de la Concepción. Eso si, si queréis llenar el depósito de gasolina ¡entrar el coche al peñón! ¡Menudos precios más baratos! Le hice foto y todo para luego llorar cuando tuviera que poner la gasolina en mi pueblo… La única parte mala de aparcar en el parte española es que es todo zona azul, así que nos tocó pasar por caja y dejarnos unos cuantos eurillos en La Línea.

A la hora de pasar la frontera no tendréis ningún problema, enseñando el DNI y en tan solo unos segundos…¡te encuentras en otro país! Y no solo eso, ¡te encuentras con un aeropuerto! A partir de aquí tienes dos opciones: ir andando hasta Main Street (es un paseíto de unos 20 mintuos) o coger un autobús urbano que os va a dejar en el centro de la ciudad, el cual tiene una parada justo al lado de la ‘valla’ así que no tendréis ningún problema en localizarlo. Yo quería la típica foto de postureo cruzando el aeropuerto con el peñón al fondo, así que elegí ir andando y disfrutar del solecito gibraltareño.

Llegó un momento en el que no sabíamos muy bien por donde ir, así que preguntamos a una mujer que vimos por allí: ‘Excuse me, Where is the Main Street?’  A lo que la mujer nos miró y nos dijo: Pues lo tenéis muy fácil, to parriba. Gibraltar es to roca y to parriba’. En ese momento entendí que poco inglés iba a practicar yo… Y por si no fuera poco añadió: ‘Ufff que calor hace hoy, mi arma. Los guiris nos ponemos muy rojos en cuanto llega el buen tiempo’. ¡Pero como mola la gente de Gibraltar! ¡Esto de poder hablar con un inglés perfecto y con acento andaluz al mismo tiempo es todo un lujazo!

Con una gran sonrisa pasamos los dos puentes que dan acceso al casco antiguo y llegamos a ……. Allí yo ya no pude aguantar más las ganas de comerme un buen fish and chips y nos sentamos en el restaurante Rock English Fish and Chips ¡Y menos mal que pedimos el pequeño! ¡Era enorme y estaba buenísimo! Nos trajeron una salsa tártara que estaba para chuparse los dedos y unas patatas caseras que estaban para hacerle un monumento. ¡Cómo disfruté! Por 8 libras comimos mi amorcillo y yo súper bien. Él, que nunca había probado este plato, salió encantado. ¡A la próxima en Londres!

Seguimos nuestro camino por Main Street, y aquí fue cuando reviví mi época londisense: Mark and Spenncer, Top Shop, chololate Cardbury, pubs ingleses… Y si a todo esto le añadimos que la calle es preciosa, toda decorada con farolas de las cuales cuelgan flores de colores y casas señoriales con fachadas dignas de fotografiar, hace que el paseo por esta calle sea de lo más agradable y disfrutes de cada rinconcito.

Después de fundir mi tarjeta de crédito, que oye, esto de que los precios estén más baratos es todo un peligro, llegamos al final de Main Street y nos encontramos con un cementerio precioso. Si, se que esto de visitar un cementerio suena algo raro, pero merece la pena. En el yacen alguno de los que lucharon en la famosa Batalla de Trafalgar, en la Batalla de Algeciras, Sitio de Cádiz y la Batalla de Málaga. ¡Vamos, un lugar súper recomendado si eres un amante de la historia militar!

Y a pocos metros del cementerio, llega la atracción estrella de Gibraltar: el peñón con sus famosos monos… Si, esos monos que como te acerques mucho ¡te quitan hasta los pendientes de oro que lleves puestos! Todo aquello que reluzca capta su atención, ¡así que mucho cuidado con vuestros objetos personales! Quitando esto, la verdad es que es encantador poder contemplarlos en total libertad. Y por cierto, me contaron que corre una leyenda que el día que los monos desaparezcan de Gibraltar, ésta será española… así que gibraltareños ¡cuidar bien a vuestros monos!

Y para subir a ver el paraje natural del peñón hay varias opciones: el teleférico que cuesta 19€ subir y bajar, un bus turístico, que cuesta 30€ pero hacen varias paradas por el recorrido, y un taxi privado, son un poco más caros, pero puedes bajar allí donde quieras y puedes pactar el precio con el conductor desde un principio. Y las dos opciones low cost: en tu propio coche si lo has entrado, y la más mega económica, a pie (esto solo los recomiendo para los súper héroes). Ya, como subas lo dejo a tu elección, ya que cualquiera merece la pena para poder disfrutar de las maravillosas vistas que se observan desde el peñón.

A la bajada decidimos parar en el Jardín Botánico para tomar un poco el fresquito (que menudo calor nos hizo mi arma). ¡Y que agradable sorpresa! ¡Qué sitio más bonito! Tiene rincones preciosos con pequeñas cascadas, peces koi, cabinas telefónicas, cientos de flores… ¡e incluso si hay suerte se puede ver algún monito que otro! Si vais con peques es una visita súper obligatoria ya que pasarán un ratito muy entretenido (y los no tan peques también).

Para mi, visitar Gibraltar fue como transportarme a otra época. Me encantó volver a escuchar inglés mientras andaba por la calle, pero sobretodo me encantó ver la amabilidad de sus gentes. En todo momento nos atendieron con total amabilidad y salero, ¡los ingleses más salerosos del mundo mundial!

Así que, viajeros míos, si queréis descubrir algo totalmente diferente a pocos kilómetros de casa, Gibraltar es vuestro destino ideal. En tan solo unos minutos descubriréis una cultura y tradiciones diferentes. Abrir la mente y aceptar las decisiones de los demás, Gibraltar es inglés y yo, como buena viajera, estoy encantada de que así sea.

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Altea, la villa blanca

Como en la terreta en ningún sitio. Y mira que yo he viajado, y me enamoro de cada uno de los sitios a los que voy, pero como mi terreta, ninguna.

Altea tiene algo que te cautiva desde el minuto uno. No se si es su buen clima, su ambiente bohemio, sus preciosos miradores o su blanco impoluto que anima a sacarse mil fotos de postureo (que se lo digan a mi hermano, que al pobre lo tuve posando en cada rincón del casco antiguo, cansadito acabó el pobre de Altea). Sea como sea, es una de las visitas obligatorias cuando pasan unos días por la maravillosa Costa Blanca. Es uno de esos sitios, donde dejas un pedacito de tu corazón y gustosamente te quedarías allí a vivir una temporada. Cada una de sus callecitas, enlucidas de blanco, nos regalan unas vistas preciosas del azul Mediterraneo. Y si, me estoy poniendo muy romanticona, pero de verdad, Altea lo merece.

Para celebrar el día del padre, nos subimos los 5 al coche y nos pusimos camino de Altea (bueno antes tocó nuestra pelea de rigor por ver quien va en el asiento del medio, y por una sola vez en la vida, perdió mi hermano Pablo, ¡que gran placer!). Nada más llegar, dejamos aparcado el coche en la parte baja de el casco antiguo (era línea azul, pero al ser domingo, evitamos pagarla). Si no encontráis aparcamiento en esta zona, no os preocupéis, avanzáis un poquito más y hay dos aparcamientos grandes en la parte de arriba del todo de la ciudad donde podréis dejar el coche y empezar con la visita.

Y ahí va mi primer consejo: zapato cómodo. Mira que yo soy defensora de ir siempre monísima de la muerte, pero el casco antiguo es toooodo de piedrecitas, y ya vi a varias mujeres pasarlas canutas intentando que su tacón no se atascara entre una de ellas, así que evitar ir como un pato mareao, y poneros un zapatosos cuquis, pero adecuado para Altea. No os aconsejo subir por ninguna calle especial, simplemente dejaros llevar. Todas y cada una tienen algo bonito: una tiendecita de arte, un mirador hacia el mar, una puerta azul preciosa… No tengáis prisa y disfrutar de cada rinconcito.

Al poco, llegaremos a la Plaza Mayor, y lo primero que nos va a llamar la atención será la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Tiene dos preciosas cúpulas de color azul, conocidas como las cúpulas del Mediterraneo, y son tan famosas que ningún visitante se marcha de Altea sin su foto de rigor ¡no puedes evitar dejar de mirarlas!

Una vez te has deleitado con las preciosas cúpulas, ves que la plaza es todo un encanto: hay varios barecitos donde tomarte una cerveza fresquita y lo mejor de todo, calles blancas que contrastan con el azul del mar y un mirador que hará que me des la razón de lo bonita que es mi tierra. Desde él podrás apreciar la parte baja de la ciudad, el mar Mediterráneo, el Parque natural de la Sierra Helada e incluso, en días despejados, Alicante y Benidorm. Tuvimos el enorme placer de disfrutar de estas magníficas vistas acompañados por el sonido de la guitarra de un fabuloso artista callejero… ¡fue un momento mágico!

A continuación os recomiendo pasear por la Calle San Miguel, se encuentra a mano izquierda de la Iglesia y es una de las calles con más encanto de la ciudad. Está repleta de tiendas artesanas, y es que, Altea se caracteriza por ser el refugio de grandes artistas como Rafael Alberti o Vicente Blasco Ibáñez. Hoy en día aloja la facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández y eso le da un toque aún más especial. En esta calle encontraremos tiendecitas de cuadros, jabones artesanos, ropa hecha a mano, arstesanía local… ¡Muy recomendable para los amantes del mundo bohemio!

Otra de las calles con más encanto de Altea es la Calle Santa Bárbara. Se encuentra justo enfrente de la Plaza Mayor y tiene la clásica foto de la ciudad con el mar en el fondo. Además justo en la parte baja, tiene otro mirador precioso en el cual, nos sentamos un rato a la sombra y disfrutamos de las maravillosas vistas.

Mi hermano pequeño, que es de muy buen comer, ya tenía un hambre voraz, así que decidimos ir a llenar el estómago. Bajamos por la Calle Mayor (preciosa con puertas azules, talleres de artesanía y varios restaurantes), y entramos al Restaurante El Castell. Tiene una terraza preciosa, que para las noches de verano tiene que ser toda una delicia. Y aquí empezó el espectáculo: estaba yo, la rarita de las alergias; mi madre, con el brazo escayolado; y mi padre, que se adentró en un restaurante con comida italiana, y no le gusta el queso. La verdad es que la cosa empezó mal: no tenían carta de alérgenos. Para mi, eso fue un punto muy negativo, solo pude pedirme una sepia a la plancha y una triste (aunque buena ensalada). Lo peor vino cuando a los demás les trajeron sus pizzas… ¡según decían era la mejor pizza que habían probado nunca! Y yo allí, mirando mi triste ensalada y maldiciendo mis alergias… Así que, ¿lo recomendaría? Si buscáis un restaurante con buenas pizzas, buen ambiente y precios no muy caros, si. Si tenéis alguna especie de intolerancia o alergia, no. Yo no estuve muy agusto.

Después de comer, decidimos callejear un poquito más y bajar a la zona del paseo marítimo. Es ideal para pasear por la playa, tomarte un buen helado y disfrutar del buen tiempo de la primavera o darte un bañito en verano. Decidí que sería una buena idea que me diera un poquito el sol… de buena idea nada, vuelvo a tener mi piel de un color rojo gamba de Dènia, a que mala hora se me ocurrió…

Y si aún tenéis más ganas de turismear, os dejo dos recomendaciones muy interesantes y atípicas. La primera de ellas es la Iglesia Ortodoxa Rusa San Miguel Arcángel Se trata de un edificio espectacular, y único en España. Es tan curiosa que todos los materiales utilizados en su construcción, e incluso los propios trabajadores, son de origen ruso. Se empezó a construir en el 2002 y es una réplica de una iglesia del siglo XVII que se encuentra en la región de los urales.

Y la otra visita especial, es el El Jardín de los Sentidos. Se trata de una tetería, en la cual nada más entrar, te transportas a otro país, a otra época. La entrada son 7,5€ e incluye un te y un trozo de tarta. Además podréis pasear por sus jardines ¡y hacer mil fotos que os harán recordar al mundo asiático!

Así que, mis viajeros, si queréis disfrutar del placer y la tranquilidad de la Costa Blanca, Altea es vuestro destino idea: buen ambiente, buena comida y unas vistas espectaculares. ¡Si os animáis a venir avisadme y os hago una visita turística por la zona!

 

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Monóvar

Toda persona tiene su corazoncito anclado en algún lugar. Para mi, ese lugar es Monóvar.

Vivo en una pequeña ciudad (la Ilustre, Fiel y Leal Ciudad de Monóvar…casi ná), pero la verdad es que no la consideramos como tal. Para nosotros es ‘el nostre poble‘. Somo monoveros, de pueblo, y a mucha honra. Nos encantan los concursos de gachamiga, bailar al son de la dolçaina y nos morimos por un chocolatito caliente mojado con tonya.

Pero hay algo que me apena: no sabemos valorar lo que tenemos. Somos un pueblo rico en patrimonio cultural, arquitectónico y gastronómico. Tenemos viejas casonas modernistas, grandes edificios religiosos, y puntos tan singulares como la Torre del Reloj o la querida Ermita de Santa Bárbara. Y no, no vemos lo que tenemos. Esta tarde, he estado haciendo fotos por el pueblo para el blog, y la propia gente me miraba extrañada… ¿Qué hace esta chica fotografiando las calles de Monóvar? Pues muy fácil, queridos vecinos, hacer ver a todo aquel que nos visite, lo bonito que es nuestro pueblo.

Hace unos meses se puso en marcha una iniciativa que me encanta: Acción poética. Consiste en volver a dar vida a viejas paredes mediante frases bonitas y murales a todo color. Y la verdad, el resultado no puede ser mejor. Hacen que el pueblo se vea más bonito, más romántico. Te dan ganas de pasear y descubrir todos estos murales, y como no ¡foto de postureo en cada uno de ellos! ¡Qué son mano de santo para Instagram! ¿Un punto de partida de inicio de la ruta? En la Plaza de Toros nos encontramos el primero, y ya que estamos, empezaremos nuestra ruta para visitar el pueblecito desde ese mismo lugar.

Os aconsejo dejar aparcado el coche y subir andando. A lo largo de toda la Calle Mayor, nos vamos a encontrar con viejos edificios con fachadas espectaculares. Si sois unos frikis como yo de las puertas y fachadas bonitas, Monóvar os va a enamorar. Mi favorita es una vieja fábrica de jabones. Ya de pequeñita le decía a mi madre que quería vivir ahí de mayor (bueno, no lo he conseguido aún, pero tiempo al tiempo).

Casi sin darnos cuenta, nos encontraremos con la Plaza de la Iglesia. Es uno de los puntos más bonitos que tiene mi pueblo. El jardín es un lugar magnífico donde parar a descansar y de paso, tomar unas magníficas fotografías de este encantador rinconcito. Si os gusta la arquitectura religiosa, no dudéis en pasar a visitar la Iglesia, ya que tiene uno de los órganos mejor conservados de toda la Comunidad Valenciana.

A tan solo dos pasos, se encuentra la Plaza de la Sala, con su Ayuntamiento. Aquí me he pasado yo muchas mañanas de mi infancia, de la mano de mi abuelo, nos sentábamos en los bancos de la plaza y me daba cinco duros para comprarme gominolas ¡qué feliz era en ese momento! Me agrada pasar y ver que aún siguen reuniéndose ahí los ancianos, es bonito ver que algunas costumbres no se pierden.

Y justo a mano derecha del Ayuntamiento, está, para mi, el lugar más especial de Monóvar: la Torre del Reloj. Mis abuelos vivían justo debajo de esta torre, y los mejores días de mi vida los he pasado ahí. Noches de verano, en las cuales todos los vecinos sacaban sus sillas a la calle y daban las tantas hablando de cómo solucionar el mundo. Quizás por estos momentos es por los que adoro los pueblos, esto no se vive en una gran ciudad,y no, no lo cambiaría por nada del mundo.

Desde este punto, os aconsejo visitar el Barrio de la Palera. Este barrio tiene un gran potencial turístico, sus viejas callecitas te llevan a unas maravillosas vistas del pueblo. Pero voy a ser sincera, necesita una pequeñita ayuda. Podría llegar a ser el barrio más visitado de nuestro pueblo si entre todos lo cuidamos un poquito más. Desde este barrio podremos visitar las ruinas del Castillo (solo queda una pared, pero mejor eso que nada oye), y subir a la Ermita de Santa Bárbara. Todos los monoveros le tenemos especial cariño a esta parte del pueblo. Sus fiestas son el último fin de semana de agosto, y desde aquí lanzo una pequeñita campaña para que no se pierdan. Son tiempos difíciles, pero si todos ponemos un granito de arena, al final este tradicional barrio podrá seguir teniendo año tras año sus fiestas.

A la bajada, viene una visita obligatoria: la Casa-Museo Azorín. Tenemos el honor, de haber tenido entre nuestros vecinos al ilustre escritor José Martínez Ruíz. Dicho museo se puede visitat y además, este año se celebrará el año de Azorín, para conmemorar el 50 aniversario de la muerte del escritor. Durante varios meses se van a realizar diferentes actividades en torno a su figura, que nos os podéis perder.

Si queréis tomar un tentempié con un entorno inmejorable, os aconsejo parar en la Sociedad Cultural Casino de Monóvar. Es un edificio de planta modernista, con un precioso jardín para pasear, y una terracita donde descansar y tomar algo fresquito. O mejor, ¿qué tal un vino de la zona? Tenemos varias bodegas donde hacen unos vinos especiales (como me tira la terreta, eh?): Bodegas Monóvar, Bodega Primitivo Quiles y Bodega Santa Catalina del Mañan. En cualquiera de ellas os atenderán amablemente y os harán una visita por sus instalaciones (eh,y con cata incluída).

Antes de iros, no os perdáis las vistas de las casas tan espectaculares que hay justo enfrente del Casino…¡Quién tuviera la suerte de vivir ahí!

Y para finalizar nuestro recorrido, visitaremos el antiguo Exconvento y la Plaza del Cristo. Desde aquí, en Semana Santa (que por cierto, una de las mejores de toda la Comunidad Valenciana, y no lo digo yo porque sea de aquí), se le cantan saetas a la imagen de la Cofradía del Cristo en el Jueves del Silencio. Si tenéis la ocasión, apuntar Monóvar para estos días, de verdad, os va a encantar su Semana Santa.

Pero eh, de mi pueblo no os podéis ir sin probar su comida. ¡Qué mira que se come bien en la terreta! Comeros una tonya, una gachamiga, unas cocas en aceite, una buena paella alicantina, una sopa con faseguras y un buen plato de embutido seco de la zona… ¡tengo la boca agua de solo pensarlo! Y es que, queridos viajeros, si mi pueblo es bonito, su gastronomía aún lo es más.

A los turistas que nos visiten, apreciar la belleza de los pueblecitos, son lugares especiales, y a mis queridos vecinos, amar y promover más nuestra cultura, que al fin y al cabo, si no lo hacemos nosotros…¿quién lo va a hacer? Espero que os guste este post especial, está hecho con todo mi cariño hacia el mejor pueblo del mundo: Monòver (bueno, Munove, que así lo diría un monovero de pro).

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Web ayuntamiento de Monóvar

Junta Festera de Monóver

Ruta del Vino Monóvar

 

 

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Chinchilla de Montearagón

Cuando empecé a planear la visita a este precioso pueblo, lo primero que hice fue buscar imágenes en Google para asegurarme que cumplía todos los requisitos de un pueblo bonico. Tecleé Chinchilla, y estuve como diez minutos mirando fotos de roedores adorables (eran tan peluditos y monos). Al final, recordé cual era mi acometido, y esta vez si, puse el nombre entero: Chinchilla de Montearagón.

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Pues tenía muy buena pinta, parecía que la plaza era encantadora y su castillo pintaba muuuy bien, así que cogimos nuestras queridas Nikon, me vestí mona (ya sabéis que soy la reina del postureo viajil), y hacia la Mancha que nos fuimos.

Decidimos dejar el coche aparcado en la parte baja del municipio, justo al lado de la escultura de un Nazareno (por lo visto, todo buen pueblecito manchego que se precie tiene que tener una figura de un Nazareno, buena tiene que ser su Semana Santa…), y nos encaminamos hacia el casco antiguo. Ya, para que os hagáis una idea de lo que os espera en este pueblecito, la entrada a la plaza, se hace a través de un arco de la antigua muralla. Nada más pasar el arco, te dan la bienvenida dos grandes cañones y la escultural Iglesia de Santa María del Salvador. Fue la gran sorpresa de nuestra visita,¡qué grande y bonita! El exterior está muy bien conservado y su interior, con su imponente órgano, hace envidiar a cualquiera de las grandes catedrales españolas.

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Pero ahí no acaba la cosa, justo enfrente de la iglesia se encuentra la Torre del Reloj. Es un portal precioso, de madera e ideal para sentarse a tomar una cervecita en alguna de sus cafeterías y disfrutar de las vistas. ¡Y qué vistas! Para ser exactos 20 Porsches… Si, no habéis leído mal. Tuvimos la suerte de coincidir con una convención de estos clásicos vehículos, y ya podéis imaginaros el caso que mi hizo mi novio el tiempo que estuvimos en la plaza…

Mientras el seguía con la boca abierta mirando los coches, yo me dediqué a observar a sus vecinos: me encantó ver la preciosa frutería, con sus cestos y flores fuera de la tienda, animándote a pasar; los abuelitos sentados en los bancos, ajenos a el revuelo armado ese día en el pueblo a causa de tan curiosa visita; la charanga,ultimando canciones antes de animar al pueblo en sus futuras fiestas patronales… Ya está, me había enamorado de nuevo de otro pueblecito encantador.

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Cuando conseguí separar a mi novio de los coches, fuimos por la calle de la Iglesia, donde justo enfrente tienen la oficina de turismo. Allí nos proporcionaron un mapa y nos explicaron el recorrido a seguir para no perdernos ninguna de sus maravillas.La subida hacia el Castillo es encantadora: antiguos palacetes (como la Casa de los Soler Núñez Robres), baños árabes, casas cueva… Está la opción de subir en coche, pero no lo hagáis, es un placer pasear por estas callecitas, la cual más bonita que la anterior, y dejaros llevar por el aroma a pueblecito encantador que desprende.

Antes de adentrarnos en el Castillo decidimos bordearlo y ¡fue todo un acierto! A sus faldas hay un barrio taaaan bonito: está lleno de casitas cuevas, cada una de un color, todas con sus nombres en la puerta, con los vecinos en sus portales saludándonos…¡Qué encantadora es la gente de la Mancha! De verdad, no olvidaros de este rinconcito, es toda una decilia.

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Ya en el imponente Castillo nos llevamos una pequeña desilusión, no se puede visitar su interior. Una pena enorme, está tan bien conservado por fuera, con su impresionante foso (de los más grandes que recuerdo haber visitado), y con un portal de aceso con cadenas, que te dan ganas de pedir la llave al alcalde y abrirlo tu mismo. Desde aquí, hago un llamamiento para que se pueda restaurar su interior, y así podamos disfrutar de este maravilloso patrimonio. De todas formas, merece muchísmo la pena la vista, te transporta a la Edad Media, ¡y da un pelín de vértigo pasar por su puente levadizo! ¡Juraría que se movió un poco y todo!

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A la bajada, nos perdimos deliberadamente en sus callecitas. Nos sentamos en una de ellas e hicimos un nuevo amiguito: un encantador gato que se sentó a nuestro lado a tomar el sol. Una vecina, pasó y se animó a conversar con nosotros. Éstos son los momentos que más me gustan de visitar pueblitos, el estar en contacto con sus vecinos y hacerles ver que son unos privilegiados por vivir en lugares tan maravillosos como Chinchilla de Montearagón.

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Pero no os voy a mentir, tenia hambre. Tanta cuesta para arriba y cuesta para abajo, había abierto mi apetito. Yo, ya había fichado un restaurante a la entrada del pueblo que tenía pinta de que ahí se comía hasta reventar: Rincón Manchego. Y así fue. Comida típica manchega, de esa que tu abuela te hace los domingos. Tienen un menú que por 10€ te toca desabrocharte el botón del pantalón a la salida. Así que, más feliz que una perdiz, decidimos dar por finalizada nuestra visita. Eso si, me he prometido volver para las fiestas del pueblo. Que si ya de normal me ha enamorado, en fiestas, ¡con peñas y charangas ni te digo! ¡Vecinos de Chinchilla, nos veremos pronto!

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Por cierto, ¡encontré mi rinconcito azul! (soy una friki total de las puertas y ventanas azules). ¡Que vivan los pueblitos bonitos!

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¡Seguid haciendo muchos kilómetros mis viajeros! Y recordar: Ser de pueblo, mola mogollón.

Web turismo de Chinchilla de Montearagón

Web turismo Castilla la Mancha

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Cehegín

Fíjense que yo, siendo de Alicante (la mejor terreta del mon, por cierto), nunca había pisado tierras murcianas. Bueno, miento, como cualquier buen dominguero que se precie, un día mi padre nos subió al coche y nos dijo: ‘ale, nos vamos al Ikea’. Y si, el Ikea y la Nueva Condomina son muy bonicos, pero… mi instinto viajero me estaba pidiendo a gritos que me dejara de tanto domingueo y visitara las tierras murcianas como se merecen. Así que, convencí a mi amorcillo (que la verdad, lo chantajeé facilmente con un bocata y un fuet… si es así de facilón), cargamos el coche y hacia Murcia que nos fuimos.

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Tenía ya bastante ganas de visitar un pueblecito del cual siempre me habían hablado: Cehegín (que por cierto, lo mio me costó aprenderme el nombre). Así que por supuestísimo fue la primera parada de nuestra ruta. A la entrada de la población hay una vista espectacular de la silueta del pueblo: casitas de colores, campanarios, huertecitas típicas murcianas… Medio le grité emocionada a mi chico para que parara el coche, ¡esa foto no podía faltar en mi blog! Después de bajar, hacer la foto y tranquilizarme (si, tranquilizarme, y es que cuando un pueblecito veo que me va a enamorar, me empieza a entrar la histeria viajera), decidimos buscar un lugar para aparcar.

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Y en eso de aparcar, la verdad es que siempre tengo suerte. ¡Aparcamos en plena plaza del pueblo! Nada mas bajarnos del coche vimos como unos vecinos de Cehegín estaban montando como una especie de hoguera. Yo, que soy la reina de las cotillas viajeras, me acerqué a un mozo del pueblo para saber qué era lo que celebraban. Bueno pues según me contó, eran las fiestas en honor a San Sebastián (aplazadas desde el fin de semana del 20 de enero a causa del temporal de frío) y que esa misma noche encenderían la hoguera y habría música y ¡migas!. ¡Qué alegría más grande, fiesta, pueblecito encantador y comida todo en uno! ¡Mi paraíso!

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Decidimos dejarnos las migas para más tarde y empezamos nuestra visita por las calles del pueblo. Y reconozco que no esperaba la maravilla que me encontré. ¡El casco antiguo está lleno de antiguos palacetes!: la Casa de las Columnas, la Casa de las Boticarias, Palacio de los Fajardo, Palacio de la Tercia… ¡menudo patrimonio arquitectónico que tiene Cehegín! De verdad que con un mapa en la mano, es un placer poder visitar todos y cada uno de los palacetes, cada cual mas colorido y bonito que el anterior.

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Y en cuanto a monumentos religiosos Cehegín no se queda corto. Cuenta con una sinagoga y cuatro magníficas iglesias: Iglesia de la Soledad, Santo Cristo, Concepción y Santa María Magdalena. He de reconocer, que para mi la más bonita fue la de Santa María Magdalena, que se encuentra justo en la plaza del Castillo y tiene un torreón espectacular que se ve desde diferentes lugares del pueblo. Pero hubo un riconcito que se convirtió en uno de mis favoritos: La ermita de la Purísima Concepción, que, ademas de tener una plaza bien bonita, justo en sus espaldas, tiene la mejor vista de todo Cehegín. ¡Que belleza! No os olvidéis de este rinconcito ya que merece mucho la pena.

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Lo mejor es perderse en sus callecitas, ya que en cada una de ellas encontraréis algo digno de fotografiar: las diferentes puertas de la antigua muralla, las diferentes plazas, torres, casitas antiguas con un encanto especial… ¡Qué queréis que os cuente si me enamoró este pueblecito murciano!

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Volvimos a la Plaza del Castillo y en ese momento me fijé en lo bonita que era. Tiene un edificio con portales, pintado de un color amarillo vibrante, que hace que no puedas apartar la vista de él. Lo acompaña un precioso jardín con la escultura de un nazareno, la Casa de las Boticarias, y al fondo la Iglesia de Santa María Magdalena.

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Decidí sentarme, tomar aire y ver como montaban la hoguera. Me encantó ver como los mayores enseñaban a los niños cómo era la mejor forma de hacerla. Por estas cosas, es por las que amo los pueblecitos… ¡Dime tu a mi si en la capital te vas a encontrar una escena tan entrañable como esta! Eso si, los abuelitos sentados en el banco mirando y opinando que en su tiempo la hoguera era mejor, no podían faltar.

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Estaba yo tan abosorta y enamorada del pueblecito que no me di cuenta de que ya iba siendo hora de darle comida al cuerpo. ¡Y volvimos a tener la mejor suerte del mundo! ¡Celebraban el fin de semana de la tapa! De verdad, ¡qué maravillosa es la provincia de Murcia! Nos pusimos hasta las trancas de tapas murcianas, me tuve que desabrochar el cinturón y todo (luego me quejo de que la dieta no funciona…). Y así, más feliz que una perdíz, decidimos dar por finalizada la visita a esta población taaaan encantadora. Eso sí, antes de irnos tenía una misión pendiente: y es que, soy una friki total de las puertas azules y paredes blancas (si, cada uno a lo suyo con sus obsesiones). Y resulta que vi varias de ellas a lo largo de nuestro recorrido. Pues eso, foto de postureo con la preciosa puerta azul y para casa.

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Espero que después de leer este entrada, os animéis y hagáis una pequeña escapada a Cehegín, que yo no soy de enamorarme mucho, y fijaros me prometí volver tan pronto como pueda. Un saludo desde aquí a una vecina encantadora que nos hizo de guía turística improvisada, explicándonos lo maravilloso que era su pueblo, ¡qué razón tiene!.

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¡Seguid haciendo kilómetros mis viajeros!

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Reserva noche de hotel en Cehegín

Mapas turísticos Cehegín

 

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El Caribe español

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¿Sueñas con viajar al Caribe y bañarte en sus playas de arena blanca y agua turquesa? ¿ Lo sueñas pero tu cuenta corriente acaba todos los meses en números rojos?

Shhhh ¡que no cunda el pánico! ¡No hace falta irte al Caribe para disfrutar de playas paradisíacas! Con dos tacones os trae la solución: Formentera. Si si, a tan solo unas horitas en ferry o en avión, podremos achicharrarnos cual cangrejo en Ses Illetes, cazar alguna que otra sargantana, y sentirte un millonetis en alguno de sus maravillosos, cools (y carísimos) chiringuitos.

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Estando de vacaciones en Ibiza, se me metió en la cabeza que quería visitar la isla de Formentera. Era Semana Santa y nos estaba haciendo unos días estupendos: sol, calorcito y baños en alguna calita que otra (esto incluye que mi piel se volvió de un tono rojo gamba, que ríete tu de los ingleses, oye). Así que decidimos liarnos la manta a la cabeza (bueno, la toalla en este caso), madrugamos, eso si, con un pelín de resaca…que ya se sabe lo que tiene Ibiza… y cogimos el primer ferry de la mañana dirección al paraíso.

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¿Qué empresa elegimos? La verdad es que hay muchísimas, con diferentes precios y horarios. Nosotros nos decantamos por  AquaBus Ferry, ya que no os voy a mentir, eran los que nos ofrecieron el precio más económico (20€ ida y vuelta, pero en temporada alta está más caro) y el viaje es cortito, unos 50 minutos aproximadamente. ¡Y ahí va un tip imortante!: las mismas empresas os van a ofrecer la opción de coger un pack de ferry+transporte en la isla…¡A ser posible evitarlo! ¿Por qué? Poneos os situación: llegáis al destino y unas 30 familias que iban en el mismo barco que vosotros, van a recoger su moto o coche… Solo con esto podéis perder fácilmente un par de horas… ¡y oye, que vienen de lujo para llegar los primeros a Ses Illetes!

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Pues lo dicho, desembarcamos en el puerto de Es Pujols y justo en la calle de detrás encontramos una oficina pequeñita, Motos Migjorn, donde por 15€ nos dieron una magnífica motocicleta, que eso no pasaba de los 40 km por hora. Allí nos ves, con nuestra mochilita colgada, las toallas en el hombro, y nuestra motito supersónica por las carreteras de la isla… Turista total.

Lo ideal es adjudicarse un mapita y visitar todo lo que se pueda… igual en un día no da tiempo a visitarla entera, pero si sus puntos claves:

-Primera y fundamental: Ses Iletes. ¡Que lujazo! Arena de coral blanca y roja, agua azul cristalina, los yates al fondo dándonos envidia al resto de los mortales… de verdad que en ese mismo momento llamé a mi madre y le dije: ‘mama tienes que venir a ver esto’. Yo fui en temporada baja y tuve la suerte de que habían muy poquitas personas y pude disfrutar de la playa en todo su esplendor. Me han contado que en verano, además de cobrar entrada, !es peor que la playa de Benidorm¡

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Faro Cap de Barbària. Está en una de las puntas de la isla y su gran altura hace que sea de visita imprescindible para hacernos una idea de toda la isla de Formentera. A cada paso, te vas a ir encontrando con la famosa sargantana, símbolo de las Islas Baleares, ¡incluso si tienes suerte te dejaran fotografiarlas! Y un secreto que muy poquita gente sabe.. cerquita del faro tenéis que buscar la Cova Foradada, que nos conduce a un balcón  impresionante sobre el Mar Mediterraneo. ¡Y alerta postureil! Si has sido a Formentera, y para que todo el mundo lo sepa, !te tienes que hacer la foto con el faro de fondo¡ !Es lo más ahora mismo¡

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Playa es Caló de San Agustín. ¡Mi segundo lugar favorito de la isla! Es una playa de roca, así que es recomendable llevar buen calzado, y es uno de los lugares más curiosos donde me he podido bañar. Se trata de un antiguo puerto pesquero, abandonado hoy en día, donde las antiguas casetas le dan un toque muy original a la cala. ¡Aquí solo me hubiera pasado un día entero!

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Sant Francesc Xavier. No solo de playas vive Formentera. San Francesc es la capital de la isla y la ciudad más grande: son unos 1500 habitantes. Es un pueblo precioso, con las casitas blancas y azules, la plaza del pueblo con la iglesia y sus tiendas de souvenirs. (me compré un barquito precioso para añadir a mi colección de viajera). Lugar ideal para parar y llenar el estómago, aunque yo, sabiendo los precios de Formentera, decidí ponerme unos bocatas a la mochila y nos los zampamos en una roca mirando al mar ( y ya os digo, que fue la mejor decisión ¡me supo a gloria ese bocata!, todo un lujo).

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-Formentera tiene muchísimas playas, calas y rincones por descubrir, pero no me daría suficiente con un post. Ahí os dejo algunos de los rinconcitos que también nos encantaron: Caló des Morts, Cala Saona, Faro de la Mola, Sant Ferran de Ses Roques… Deseando estoy volver a pasear por estos mágicos lugares.

Cansados al máximo y cayendo ya el sol, cogimos el ferry para volver a nuestro hotel en Ibiza. Pero por si no fuera poco, a mitad de trayecto pudimos disfrutar de la compañía de unos amigos inesperados… ¡delfines! ¡uno de mis sueños era ver delfines en libertad y allí los tenía, justo al lado del barco! Fue el broche final a un día en el paraíso.

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Así que si tenéis unos días libres no lo dudéis, Formentera es el trocito de paz que estáis buscando. ¿Cómo ir hasta allí? Desde Denia con la compañía Balearia, os dan la opción de embarcar vuestro propio vehículo, pero es algo más caro el pasaje la verdad. Desde los diferentes aeropuertos españoles con destino Ibiza, algunas compañías como Ryanair e Iberia tienen precios muy económicos (mi billete rondó los 60€). Y oye, si eres como David Meca, a nado… ¡más barato imposible!

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¡Y se me olvidaba! Este post, va dedicado a mi compi de mocos, babas y risas: Lucía. ¡Qué no hace falta que te me vayas al Caribe para disfrutar de las mejores playas del mundo! ¡Vámonos a Formentera, que como en casa en ningún lado!

¡Seguid viajando mis cuquiviajeros!

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Alcalá del Júcar

¡Hola de nuevo, viajeros!

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El otro día, viendo las noticias, salió un reportaje de los pueblos más bonitos de España. Según contaron le habían concedido ya el título a 57 pueblos. Y yo, que soy viajera de culo inquieto pensé: ¿Qué hago yo en mi casa aún? ¡esos 57 pueblecitos no pueden vivir sin que yo los visite! Así que cogí mi Nikon, una bufanda y unos guantes (que nos íbamos a la España profunda) y para Alcalá que me marché.

Y aquí va el primer consejito, si os soléis marear, no olvidéis la Biodramina…¡menudas curvas! Eso si, merece totalmente la pena. A pocos kilómetros de llegar paramos en un mirador donde se aprecia el perfil tan característico que tiene Alcalá del Júcar: casitas blancas en la ladera, coronadas por un majestuoso castillo. Pues allí estábamos todos los domingueros cámara en mano, pasando un frío del carajo, pero poniendo cara de postureo, que eso es imprescindible en cualquier viaje, a ver como si no fardas luego en Instagram.

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Decidimos seguir el viaje y llegar ya al pueblo. ¿Tema de aparcamiento? La verdad que lo tienen controlado. En la parte baja del pueblo hay varios rellanos, al lado del río, donde se puede aparcar perfectamente, y a partir de ahí cogemos el coche de San Fernando. Nada de subir con su vehículo hasta el castillo, ¡se van a perder las preciosas calles del municipio! Son todo casitas blancas bien cuidadas, tiendecitas, bares… Pese al frío siberiano que pasamos fue todo un placer pasear y fotografiar cada detalle.

Antes de llegar al castillo decidimos parar en algunas de las casas cueva que se pueden visitar. Nos decantamos por las del Diablo, ¿la razón? Nos gustó su nombre, somos así de simples… ¡Pero oye, fue todo un acierto! Su construcción data del año 1905 y se puede apreciar como era la vida en aquella época en una cueva. Además tiene un mirador precioso a la ciudad. La entrada son 3€ y su horario de apertura es de 10.00-21.00h. ¡Visita muy recomendada si vais con niños!

Salimos de la casa cueva y seguimos las flechas que nos iban indicando la subida al castillo. Después de unos 15 minutos de: ‘yo me quedo aquí, si eso me recogéis al bajar’ o ‘¿no hacía frío? A mi me sobra todo ya ‘… Llegamos, al fin, al deseado castillo. La entrada al monumento es a través de la tienda (hay que ser siempre listos en esta vida). La muchacha nos ofreció dos packs: castillo más plaza de toros ( muy curiosa por cierto, con forma ovalada y en una ladera) por 3€; o solo el castillo por 2€. Nos decantamos por la segunda opción ya que no somos muy taurinos nosotros.

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Una vez dentro puedes visitar las diferentes salas, el calabozo ( como dato, es solo una sala con una silla… por supuesto, fotografiamos la silla, como buenos postureantes), y la parte superior, desde donde se sacan unas fotografías maravillosas de todo el municipio. Si el tiempo acompaña es un placer pasear por el antiguo patio, desde donde se aprecia a la perfección la curiosa plaza de toros.

Una vez nos cansamos de recrear la Edad Media, decidimos visitar la parte baja del pueblo. Mientras íbamos bajando la frase predominante fue: ‘pues prefería subir, que al bajar me duelen las rodillas, ¡estamos ya mayores!’. La cuestión, amigos míos, es quejarse por todo…

Y como necesitábamos descansar esas rodillas de abueletes de 20 años, decidimos hacer un alto en el camino y parar a visitar la Iglesia de San Andrés. Una parroquia muy pequeñita y austera, ya que fue construida con el dinero de los agricultores de la zona, que no contaban con mucho capital.

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A la salida, vimos unas grandes escaleras que te conducían hacia el puente romano. Y ya os digo de antemano, que merece mucho, pero mucho la pena. ¡Que cosa más bonita! Los diferentes colores de las hojas otoñales, el río con todo su caudal, la vista de la ciudad en lo alto, el lago con los patitos… De verdad que solo por este rinconcito merece la pena, y mucho, venir hasta este pueblecito de Albacete. Tomaros vuestro tiempo y disfrutar de este pequeño trozo de paraíso manchego.

Y ahora si que si, vamos a lo que importa: COMER. Ya os digo que con este frío de Invernalia, os apetecerá algo muy calentito. Nosotros nos decantamos por un restaurante que está justo al lado del Río Júcar: Casa el Molí. Tenían un menú de barbacoa por 15€ con el que nos pusimos las botas… ¡qué buena está la ensalada de gorrinera manchega, oye! La única pega que vi ¡es que el baño estaba fuera! y claro, daba algo de perecilla ir hasta allí. Pero vamos que es muy recomendable si queréis comer buena carne de la zona.

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Con el estómago bien lleno, y encantados de la vida con Alcalá del Júcar decidimos volvernos para casa y dar por finalizada nuestra visita. Pero no me voy a despedir sin dejaros algunos consejitos para visitar el municipio:

-Por esta vez, pero solo por esta vez, dejar los tacones en casa. Unas buenas zapatillas, que ya estamos mayores y las rodillas se resienten.

– Si viajáis con bebes, no es nada recomendable llevar el carrito del niño. Vi a unos cuantos super papás, sudando la gota gorda intentando subir al castillo. Mejor alguna mochilita donde el bebé vaya cómodo y calentito.

-Ropa de abrigo si vais en invierno, de verdad que aquello parecía Siberia ( hablo desde mis genes levantinos).

-Si coméis en algún restaurante hacer la reserva con antelación. Es uno de los pueblos más visitados de España y si os descuidáis no tendréis sitio para comer.

Sin más, espero que os haya gustado la entrada de hoy. Está hecha desde el gran cariño que tengo a las tierras manchegas, de las cuales me declaro una total enamorada.

Y recordad… El paraíso está mucho más cerca de lo que imagináis.

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Web turismo Alcalá del Júcar