Feliz Navidad Viajera

Hoy me voy a poner ñoña, no esperéis un post sobre algún pueblito bonito o como viajar más barato. Estoy aquí en el sofá escuchando a los niños de San Idelfonso cantar miiiiiill euroooos y me ha entrado la vena navideña.

Si, para mi la navidad empieza hoy, cuando pongo la tele a tope de volumen y espero que digan mi número con toda el ansia del mundo. Luego,como todos los años, no me toca na de na y me da una envidia enoooorme ver las noticias ( las cosas claras, envidia de la mala). Pero bueno, ¡lo importante es que ya ha empezado la navidad! Hay haters a muerte de esta época, pero ¿sabéis que? Es una época del año en el que vuelvo a ver a mi querida Sarai (mi holandesita), es la época del año en la que nos juntamos a cenar todos juntos, en la que espero con ansias la noche de reyes (si, yo aún me sigo despertando bien pronto el día 6 para buscar mis regalos), y lo más importante de todo, ¡como hasta reventar! Jamón, gambas, carne, bombones, turrones… ¿en qué otra época del año puedes comer todas estas cosas sin sentirte mal?

Pues eso, que estoy aquí en el sofá escuchando a la maravillosa Aya ( miiiiiiiiiilll eeeeeeeeurroooos, que energía le pone la niña), y he estado haciendo un vistazo atrás a este año. Y es que 2017 no ha sido un año normal. Hace casi justo un año, con un copazo de Puerto de Indias en la mano, decidí que ya era hora, que me tenía que enfrentar a mis miedos y hacer algo que siempre había deseado, abrir un blog. Y así fue, en febrero del 2017 empecé con esta aventura. ¿Y sabéis quien me leía al principio? Mi madre, tal cual. Llegué a pensar si algún día alguien me comentaría algún post, o si mis fotos recibirían algún me gusta en Instagram.

Y de repente apareció mi gurú, mi querida Raquel de Creando Realidades ( si no la conocéis, estáis tardando en seguirla, es maravillosa) y fue quien me enseñó cual era mi camino. Fue la primera que creyó en mi y me dio ese impulso que me hacía falta. Y a partir de ahí todo fueron cosas buenas, he conocido a gente taaaan maravillosa, todos y cada uno de los bloggers que se han ido cruzando en mi camino me han hecho cambiar un poquito, me han hecho que mi forma de viajar sea diferente y que aprecie todos y cada uno de los destinos que visito.

Si alguno de vosotros está pensando en abrirse un blog, adelante, aunque no os lea nadie, aunque sintáis que el algoritmo de Instagram juega en vuesta contra, o aunque Facebook esconda vuestra página ya que no pagáis publicidad, sea cual sea vuestro miedo, hacedlo. Yo estaba perdida, sentía que mi vida estaba en un bucle, no me sentía agusto con lo que estaba haciendo y un día pensé, ya está bien. Qué mas da que no tenga un cuerpo de influencer, que más da que no haga viajes a lo grande perdiéndome un mes en la selva, qué mas da todo, yo soy así y a alguien le tiene que molar.

Así que mi único deseo en estas navidades es que alguien, al leer estas palabras se anime a hacer lo que realmente le gusta, sea lo que sea. Y tu, querido blogger gracias y mil gracias por estar ahí, yo avanzo gracias a vosotros. Os quiero un montón a todos.

Espero seguir dando muuuucha guerra en el 2018, y que tengáis taconcitos para mucho rato. Cantar, comer turrón y dulces hasta el empacho y sobretodo, abrazar a vuestros seres queridos, alguna navidad puede ser que ya no estén ahí y hay que aprovechar cada momento que podamos con ellos.

A seguir sumando kilómetros viajeros

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Tú, mujer viajera

¿De verdad vas a viajar sola?

Contemplo la escena desde la lejanía. La chica lleva una gran mochila a cuestas, zapatillas y un libro en la mano. A su lado, su madre no entiende nada. ¿Cómo es capaz su niña de volar ella sola por el mundo? ¿No le da miedo?

Miro a la valiente viajera a los ojos, si, tiene miedo. Sabe que va a tener que romper muchas reglas, tendrá que echar abajo muchos estigmas. ¿Por qué una mujer no puede viajar sola? ¿Acaso necesitamos un hombre a nuestro lado que luche por nosotras?

Isabella Bird, la viajera escritora.

No, claro que no lo necesitamos. Todas y cada una de nosotras libramos pequeñas batallas personales que, al juntarse, conforman una gran revolución femenina: Lucha por equiparar tu salario al de tu compañero, lucha por conseguir el puesto más alto en tu empresa, lucha por ser madre y no perder tu empleo, lucha por tu espacio personal, lucha por vestir a tu hija en carnaval de Spiderman, lucha por viajar sola…

Valiente viajera, no te rindas, tu pequeña revolución hará cambiar tu mundo y el de todo aquel que se cruce en tu camino. Enseña a todas aquellas mujeres que no se atreven a dar el paso, que nosotras solas nos valemos. Que vas a ir hasta Tanzania, China, Canadá o la Luna. Tú y solo tú, vas a marcar tu destino.

Annie Londonderry, la viajera ciclista.

Ha llegado el momento de marchar, su tren está apunto de partir. Le da un beso a su madre y le tranquiliza, todo irá bien. Volverá a casa con mil historias por contar y mil recuerdos que guardará bajo llave. En su recorrido encontrará la tolerancia, el respeto y puede ser que hasta el amor. Vive, valiente viajera, que nadie te corte nunca las alas para volar.

Amelia Earhart, la aviadora.

Amelia Mary Earhart, este microrelato va por ti. Gracias por hacer creer a toda una generación de mujeres que no somos el sexo débil:  «Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallaron sus intentos deben ser un reto para otros».

 

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Arpa de ojos vacíos

A simple vista, parecía un hombre sin hogar.

Sus viejos pantalones estaban desgastados, el color marrón había ido perdiendo su tonalidad con el paso de los años. La camisa le quedaba grande, le caía por los lados, como queriendo escapar y recordar sus años de gloria. En su día fue de un tono blanco reluciente, hoy se veía amarillenta, desgastada. Y para cubrir su cabeza, una gorra. Creo distinguir que promociona algún casino local, fíjate en la ironía. Publicidad de una sociedad consumista, acostumbrada a gastar cada uno de los céntimos que reciben, y en cambio, su portador, deseaba el poder siquiera acariciarlos.

Pero lo peor de todo no era su ropa, era su mirada. Vacía. Sus ojos miraban al suelo, como deseando que nadie posara su vista en él. De vez en cuando se miraba las manos y las frotaba, no hacía frío, estaban llegando los primeros aires primaverales, pero algo me hizo pensar que el frío salía de su interior.  Me sentí mal por un momento, ¿qué hacía yo imaginando su vida? ¿y si no quería que yo la adivinara? Decidí que lo dejaría pasar, él deseaba pasar desapercibido, que nadie fijara su mirada en la suya, vacía.

Pero de pronto se levantó y fue hacia un gran objeto que había apoyado en la pared. Hasta ese momento no me había fijado, era enorme, tan grande como nuestro misterioso hombre. ¿Qué habría ahí dentro? Me acerqué a él y vi como se fue convirtiendo. Su mirada empezó a cobrar vida, empezó a aparecer una media sonrisa en su cara, casi pasaba desapercibida, pero ahí estaba. Se sentó, abrió su gran maleta y sacó un objeto que me dejó descolocada: un arpa. ¡Vaya, nunca lo habría imaginado! Mi intuición me había fallado, mi triste hombre, era un poeta musical.

Empezaron a sonar sus primeras notas y la estación se congeló. Cientos de ojos se volvieron hacia él, y curiosamente vi que lo disfrutaba. Había pasado de ser un hombre sin rostro, a la persona más atractiva de todo el recinto. Nota tras nota, su mirada iba cobrando vida, ya no me parecía un hombre sin hogar, esta vez me había equivocado. Consiguió crear un ambiente mágico, miles de personas, sin nada en común entre ellas, empezaron a sonreir. Por un momento me pareció que nadie tenía prisa, nadie se acordaba que su tren estaba a punto de partir, daba igual, solo querían disfrutar de un instante de paz.

La melodía que desprendía con su arca llenaba cada rincón de la estación de tren. Parecía como si las notas estuvieran flotando a nuestro alrededor, deslizándose suave entre los transeúntes, escapando por las ventanas. Sus dedos se movían suavemente entre las cuerdas, esos dedos tan desgastados por el duro trabajo, se convertían en frágiles y delicados, sabían como acariciar el arpa, cómo darle amor.

Aplaudí en mi interior a este gran músico, de golpe, mi día había cambiado por completo. Decidí que era el momento de decirle adiós, cogí mi chaqueta, lo miré un instante más y me marché entrela multitud. Paso a paso, la melodía se iba desvaneciendo, las notas se iban agotando, pero para mi sorpresa, al llegar a casa, me di cuenta de que la música seguía en mi, no conseguía sacarla de mi cabeza. Así que cogí, le hice un hueco y la guardé bajo llave. Quería recordar por siempre al arpa de los ojos vacíos. tradetra

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Niño Yuntero

Martes, 28 de marzo. La estación está empezando a cobrar vida, cada día nuevos pasajeros se cruzan en mi camino. Yo, como siempre, les observo, pero hoy, no veo nada especial.

De repente, una ráfaga de aire frío pasa por mi lado. Miro hacia atrás extrañada, no hay nadie. Las ventanas siguen cerradas y las puertas están lo bastante lejos como para hacerme llegar la más mínima brisa. Entonces me doy cuenta, la estación se ha quedado parada en el tiempo. Los transeúntes, que antes llenaban la estación con sus gritos y pasos acelerados, ahora están congelados, mudos, reina el silencio.

Lentamente me levanto, estoy temblando, las piernas no me funcionan y el corazón se va a salir del pecho. ¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué nadie se mueve? Miro alarmada a mi alrededor y solo quiero salir de allí, necesito tomar el aire. ¿Me estaré volviendo loca? Pero no puedo salir, las puertas están cerradas. Estoy a punto de gritar, pero de pronto lo veo. Allí, justo en el mismo asiento donde yo estaba antes, hay un viejo libro. Casi no me atrevo a tocarlo, lo acaricio con la yema de mis dedos, tengo fascinación por los libros antiguos. Antes de abrirlo, lo huelo. Si, adoro ese olor a libro viejo, desgastado.

Es entonces cuando me fijo en la portada. En ella solo hay escrita una fecha: 28 de marzo de 1942. Aún sigo presa del pánico, pero mi curiosidad puede conmigo. Lo abro y de él empieza a emerger música escrita. Se ha roto el silencio de la estación, ahora, escucho bellos sonetos, odas al amor y llantos desgarrados.

Cierro los ojos y percibo un ligero aroma a cebolla y pan. Ni siquiera me atrevo a preguntar como puede ser eso, simplemente me dejo llevar. Oigo el llanto de un bebé, un llanto desgarrador, tiene hambre. Junto a él hay una madre consolándole, dándole el poco alimento que sale de su ser: sangre de cebolla. No, mi niño, no llores, ríe. ‘Ríete, que te traigo la luna cuando es preciso’.

El viento vuelve a cambiar, pero el niño sigue ahí. Ha crecido, pero sigue estando hambriento. Sus manos están cansadas, su mirada desolada. Ya no juega, no ríe, no sueña. “Me duele este niño hambriento, como una grandiosa espina”. Sus días transcurren tras los surcos y los arados. Ya nadie bajará la luna por él. Quiero arrullarlo en mis manos, consolarlo, decirle que nunca más será un niño yuntero. Pero, al fin y al cabo, “¿quién salvará este chiquillo menor que un grano de avena?”

Voy corriendo hacia el, pero su silueta se va perdiendo en el tiempo. Me detengo y escucho pasos detrás de mí. Al girarme veo a un chico joven. Lo miro a los ojos y se que es mi niño yuntero. Ahí siguen fríos, vacíos, hambrientos. Se descalza y pone sus zapatos en el alféizar de la fría ventana. Se gira hacia mí y me susurra: “nunca tuve zapatos, ni trajes ni palabras.” Su vida transcurrió entre surcos y sangre de cebolla.  Su único vestido durante muchos años fue la pobreza. Me derrumbo, no puedo más. “Rabié de llanto, hasta cubrir de sal mi piel”. Vida, ¿cómo has podido ser tan cruel con mi niño yuntero? Me acerco a la fría ventana, acaricio sus raídos zapatos, y se que cuando me gire ya no estará, me habrá vuelto a dejar.

La luz empieza a tornarse más cálida. Ya no hace frío, la ventana ha dejado de estar helada. Ansío ver a mi niño yuntero, pero, en su lugar, aparece una bella mujer de con aroma de rosas. Por primera vez sonrío: mi niño hambriento se ha enamorado. Luchan por un amor dividido por la guerra. Ella espera ansiosa cada poema escrito con sangre de cebolla. Mujer rosada, “ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo.”  Tranquila, yo te guiaré, te cuidaré. Esperaremos juntas a nuestro niño yuntero. Él, desde las trincheras, te está gritando, ¿no lo oyes? “Tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.”

No deseo que se vaya, pero se que tiene que partir. Al decirle adiós la estación se queda completamente a oscuras. No veo nada, estoy helada. Presiento que algo malo va a pasar. Ya nadie me acompaña, ¿dónde está mi niño hambriento? Intento salir, correr hacia mi libertad, pero estoy encerrada. Grito desesperada, ¿por qué nadie me ayuda? Yo solo quería escribir, solo quería ser feliz. Voy a un rincón y me doy por rendida, ya está, “aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue.” Suspiro y entiendo que todo llega a su fin. Mi viaje, el viaje de mi niño yuntero, acaba aquí, solo, encerrado, a oscuras. “Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte.” Sus días han acabado como empezaron, con llantos, cebolla y pan.

Alguien me despierta. Una mujer, me mira con ojos rosados y me dice que mi tren acaba de partir, que es hora de irme a casa. Tiene razón, no quiero explicarme lo que acaba de pasar. Igual solo fue un sueño, no hay que darle más vueltas. Salgo lentamente de la estación pero tengo el corazón en un puño. Antes de marcharme por completo, algo en mi me dice que entre a la librería de la esquina. Y allí estaba, esperándome. Entre libros de ciencia ficción y amores imposibles, veo a mi niño de ojos vacíos, Miguel. Me sonríe y me entrega un viejo libro: 28 de marzo de 1942. Lo guardaré, mi niño poeta, lo guardaré otros 75 años más.

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Surcos en la piel

Siempre he sabido que no estaba sola en mi días de observación. Justo en la otra punta de la estación cada día, a la misma hora, se sienta mi fiel compañero.

Sus movimientos son lentos, los años ya hace tiempo que pesan sobre sus hombros. Sin prisas, a la misma hora todos los días, entra en la estación, mira a su alrededor y se sienta en el banco al que empiezan a darle los primeros rayos vespertinos. La verdad es que nunca me había fijado en él. Siempre estoy ocupada imaginando la vida de todos aquellas personas que se cruzan en mi camino tan solo un segundo. Y sin embargo, él está ahí todos los días, sin falta.

¿Qué le empujará a venir aquí todos los días? ¿Será un amante de las vidas cruzadas como yo? Si, seguro que es eso. Veo como observa a la gente que pasa por su lado, los mira con atención, fijándose en cada detalle. No habla con nadie, solo se sienta y observa. Y yo, a su vez, lo observo a él. Me provoca ternura, quisiera sentarme a su lado y que me contara toda su vida, cuales fueron sus sueños, sus amores y sus mayores triunfos. Pero no me atrevo, sería romper mis reglas.

Cientos de arrugas surcan su piel. Todas y cada una de ellas hablan de historias pasadas, de momentos vividos que ya no volverán. Unas me hablan de su gran amor, un amor que se fue y ya no volverá a estar junto a él. La añora, recuerda cuando venían juntos y se sentaban a contemplar a los transeúntes. A ella le divertía ver a los hombres de negocios tan bien vestidos, con sus elegantes trajes, corriendo detrás de un tren que se había marchado sin ellos. A él simplemente, le gustaba verla sonreir.

Otras me hablan de años cansados en el campo. Años en los que el sol encurtía su piel y la tierra endurecía sus manos. Pero pese al cansancio, fueron años felices. Tenía todo lo que necesitaba, a su familia. Con el paso de los años, sus seres queridos se fueron disipando, y las visitas se fueron alargando en el tiempo, pero en cambio sus arrugas, siguieron aumentando.

Pero en conjunto, todas ellas me hablan de el gran hombre que fue. Superó malas épocas, luchó por su libertad, buscó un futuro mejor para cada uno de los suyos, amó con intensidad, imaginó miles de vidas cruzadas…. Ahora me toca a mi. Sus manos cansadas se apoyan sobre el bastón, se está haciendo tarde y tiene que volver a la tranquilidad de su hogar. Le veo desaparecer lentamente entre la multitud, no tiene prisa, sabe que deja las vidas cruzadas en buenas manos. Yo las cuidaré y las mostraré al mundo con el mismo cariño que él lo hizo. Si, he tenido un buen maestro.

(Siendo yo pequeña, me sentaba con mi abuela en la plaza del pueblo. Nos gustaba ver la gente pasar y ella me contaba la historia de cada una de esas extrañas personas para mi. Nunca lo había pensado, pero esos momentos fueron los que han dado vida a Vidas Cruzadas. Este micorrelato va por todos nuestros abuelos que nos han ayudado a ser quienes somos hoy en día).

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Viajes marcianos

En cada viaje, encontramos situaciones únicas, maravillosas…raras. Si, mis viajeros, hay cosas muy raras que solo te pasan viajando. ¿No os habéis fijado que estés donde estés sieeeempre hay alguien de tu pueblo? Te vas a la estepa más perdida de Mongolia, y de la nada, como si fuera un espejismo, aparece tu vecino del 5º…. ¿Qué fuerza mayor tienen los viajes para que ocurran momentos tan raros?

Pues la situación con la que me encontré el fin de semana pasado fue ya rizar el rizo: viví una invasión alienígena. Si, no habéis ledo mal, así como suena. Y no, no me fui de viaje al Área 51.  Me fui de excursión a Castilla la Mancha, al pequeño pueblito de Villanueva de los Infantes. Y ahí en plena España profunda, encontré la evidencia de que vivimos rodeados de seres de otro planeta… ¿No os lo creéis? Ahí van las pruebas:

Todo parecía normal, pueblito encantador de los que a mi me enamoran, tapeo a rebentar (con botón del pantalón desabrochado incluído), y un solecito primaveral que hizo aparecer mi piel de gamba de Denia. De pronto, en una de sus calles vimos esta extraña señal:

Estuvimos como media hora riéndonos y sacando nuestro lado malo, pero malo malo, a la hora de contar chistes de marcianos. Llegamos a la conclusión de que si pasabas por ese paso de cebra, vendrían unos alienígenas manchegos y te abducirían a su nave espacial a punta de navaja y con chantaje de vino y queso manchego incluídos ( yo soy una presa fácil en estos casos).

Al rato nos tragamos nuestras risas. De la nada apareció un objeto volador no identificado, con su humo y luces, para que se notara bien que venían a por nosotros. Me quedé en estado de shock hasta que uno de los azulitos marcianos, se acercó a mi, sacó su pistola marciana, e intentó inmovilizarme con un especie de ácido extraterrestre. ¡Resulta que la NASA está buscando vida en el lugar equivocado! ¡Señores, dejen de buscar en el espacio sideral, todos los marcianos se encuentran en Castilla la Mancha!

Pasado el shock inicial, me dio por pensar: ¿Por qué habrán elegido estas tierras remotas? La respuesta vino hacia mi, literalmente. Un gran cabezón de ‘La Cospe‘ hizo que de golpe lo entendiera todo. Nuestra Minista de Defensa (otra cosa no se, pero que mona va esta chica siempre), quiso matar dos pájaros de un tiro: conseguir repoblar pueblitos bonitos del interior de España y tener al enemigo cerca… ¿No es un plan perfecto? Eso si, futuros habitantes de Villanueva, si vuestros nietos tienen un cierto color azulado, no os preocupéis, la próxima peli de Avatar será grabada en vuestros dominios.

Después de todo el follón, resultó que los marcianitos solo querían un poco de fiesta y mucho, mucho vino manchego. Les enseñamos como se baila Paquito el Chocolatero debidamente y sellamos el acuerdo de paz. Pero… ahora que lo pienso… ¿el fin de semana pasado fue Carnaval, no? Bueno, da igual, yo seguiré pensando que fui abducida por extraterrestres en tierras de Don Quijote. Al fin y al cabo, esta es mi historia, y yo la viví así.

¡A seguir viviendo enormes aventuras mis viajeros!

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Amor

Un rayo de luz acaba de iluminar la estación. Una chica de unos 20 años, sonríe y mira nerviosa el móvil. Sonríe tanto que me entra una enorme curiosidad por saber qué le provoca esa felicidad.

Sus piernas empiezan a moverse nerviosas. Tanto como sus dedos al teclear. Si, está esperando a su Romeo. Le delata el brillo que irradian sus ojos cada vez que mira hacia las vías del tren. No puede esperar ni un segundo más, lo necesita ya en sus brazos.

Esto me hace pensar en lo bonita qué está la estación hoy. Tiene un brillo especial, igual es por el haz de luz que ha entrado hace unos instantes, o quizás es porque el amor y la belleza se contagian, te hacen ver la vida de color de rosa. Sea como sea, una sonrisa se empieza a dibujar también en mi cara. ¡Qué emoción! ¿Cómo será él?

Ansiosas las dos, anuncian la llegada del tren de las 18.30 con salida desde Sevilla. ¡Cómo no! Sevilla, tierra de colores, de sabores y de amores. Y allí estaba él. Tal y como lo había imaginado. Sus miradas se funden en un gran beso antes de que sus cuerpos puedan siquiera tocarse.

Los veo marchar de la mano, no pueden dejar de acariciarse, de besarse, de amarse. Y yo, que solo he sido una simple espectadora, sonrío y pienso en que no hay nada más bonito en esta vida que el amor. Si, ámense.

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Soledad

Y de pronto, apareció él. Él y su maleta. Siempre he ansiado tener un tesoro como ese, tan antiguo, tan raído, tan único. ¿Qué maravillosos lugares habrá visitado una maleta como esa? ¿Qué tesoros habrá guardado en su interior? La quiero, la necesito.

Una vez pude apartar la vista de su equipaje me fijé en su expresión. ¿Tristeza? Quizás dejaba atrás épocas mejores, épocas en las que la vida había sido generosa con él. Ahora en cambio, su semblante era serio, bueno, solitario.

Todo en él creaba misterio, quería saber quién era, cuál era su historia y cuál era su destino. Ese halo de misterio empezaba en su gabardina. Larga, muy larga, hasta casi los tobillos. De un color negro intenso, color que hacía conjunto con la expresión de tristeza de su cara. Y coronando, un perfecto sombrero. Para mi sorpresa, vi que tenía un toque de color, azul vibrante. Quizás, detrás de toda esa fachada de soledad, había una pequeña mota de esperanza queriendo salir.

Eran las 17:13, eso significaba que el misterioso señor cogería el tren con destino a Barcelona. Sí, sin duda alguna es un personaje digno de pasear por las mágicas calles de Gaudí. Me lo imagino con su perfecto sombrero comprando flores de colores, de mil y un colores, para dejar atrás su oscura gabardina, para olvidarse del pasado.

Llegó la hora de decirle adiós, su tren ha llegado. Y como si supiera que he estado pensando en él, se gira, se toca el ala del sombrero y me dedica una media sonrisa. Sí, nada mejor que coger tu raída maleta y dejar atrás la soledad.

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Verdadero amor

Banyoles, 2013. Fue en ese mismo lugar donde comprendí qué era el amor.

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Allí estaban, sentados frente al lago, como si nada más en este mundo les importara. Sólo ellos dos y su nieto. El niño estaba sentado a sus pies, jugando con los patos. Tenía un trozo de pan en las manos e iba dándoles pequeñas migajas. De vez en cuando, giraba la cabeza y les sonreía a sus abuelos.

Decidí hacer un alto en el camino y sentarme a observarlos. Sus arrugadas y gastadas manos no dejaban de tocarse. Se acariciaban. Se besaban. Se amaban.

La gente seguía pasando pero nadie les miraba. ¿Cómo puede ser que nadie viera tan bonita escena? ¿Nadie se había fijado cómo sus miradas se entrecruzaban y se besaban sin ni siquiera tocarse? Hemos dejado de creer en el amor, pero no el tipo de amor que nos venden en las películas, si no el verdadero. Ése que se demuestra día tras día, semana tras semana, año tras año. El amor de los pequeños detalles: una sonrisa al despertar, un beso al volver a casa, una caricia al acostarse…

Y yo, a kilómetros de casa, comprendí qué era el amor. Me habían hecho falta muchos viajes a mis espaldas, muchas aventuras, muchas fotografías. Pero allí estaba, ante mis ojos. Fue un bonito golpe del destino que lo descubriera viajando. O igual no, al fin de cuentas el viajar es una de las mayores muestras de amor existentes. En cada viaje aprendes a amar de una forma diferente, cada kilómetro te enseña a querer cada rincón y cada persona de este planeta. Viajar nos abre la mente y el corazón. Así que era mi destino encontrar el verdadero amor viajando.

Les di las gracias desde la lejanía, y, como si lo supieran, la mujer se apoyó en el hombro del marido y sonrió (se que lo hizo,no me hacía falta verlo). Los miré una vez mas, tomé la fotografía y me fui. Quería guardar este recuerdo para siempre, que nunca se borrara de mi memoria. Ahora esta historia, la historia de dos desconocidos que cambiaron mi mundo, también es la vuestra. Cuidarla.

 

PD: Esta historia va para ti, se que serás el primero en leerla. ¡Qué suerte la mía!

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Presentación Vidas Cruzadas

Estaciones de tren.

Todas y cada una de ellas tienen encerradas miles de historias que están por contar. Sus muros están plagados de besos, llantos, deseos y añoranzas. Por sus andenes miles de vidas se cruzan por una milésima de segundo. Vidas, que por muy diferentes que sean, tienen algo en común: los viajes y los sentimiento. Vidas cruzadas.

Me gusta simplemente ir, sentarme y contemplar. Imaginarme cómo será la vida de los pasajeros. Suelo fijarme en los pequeños detalles, aquellos que nadie suele ver. Un tic nervioso en el pie, una vieja maleta que habla de vidas pasadas, unos labios rojos recién pintados… Con cada ínfimo detalle, la imaginación lo convierte en relato.

Imagino bellas historias de amor, largas ausencias, despedidas amargas y nuevos comienzos. Microrrelatos de vidas ajenas, vidas que el destino ha colocado en mi camino.

Una vez leído el relato, ni tú ni yo sabremos cuánto hay de cierto en cada historia.A lo mejor, esa vida cruzada no está conforme con mi visión de su realidad, pero así es el juego. Cada uno ve el mundo que le rodea con sus propios ojos.

¿Te animas a coger el próximo tren conmigo?