Lucainena de las Torres

Una vez me regalaron un gato.

No tiene nada de especial en principio, ¿verdad? Pues os equivocáis, fue raro pero raro, raro. Os pongo en situación. Corría el año 2015 y por aquel entonces ya me encantaba visitar pueblitos bonitos perdidos por el mundo. Cogí un mapa de la provincia de Almería y enseguida me llamó la atención un pueblecito con un nombre un tanto extraño: Lucainena de las Torres (tardé varios días en enseñarme el nombre). Y pensé, ese pueblo con ese nombre tan guay tiene escrito mi nombre en grande, y para allá que me fui.

Mirad, para empezar está allí perdido donde cristo perdió el gorro, tal cual. Nos llevó unas cuantas curvas y unos cuantos para que me mareo (soy propensa a marearme en cuanto subo al coche, y aún así me encanta hacer road trips, llamadme masoca) pero al fin, llegamos al pueblito. Y la gran pregunta fue: ¿dónde aparcamos? No nos dio tiempo a pensar mucho ya que sin quererlo estábamos ya en la Plaza Mayor del pueblo, y oye muy bonita…. tenía hasta una cabina de teléfonos!!!! Si, si de esas en las que llamaba yo a mi madre para decirle que llegaba tarde a casa (cosa que pasaba finde si y finde también). Pues como buena postureante pensé ahí me tengo que hacer yo una foto.

 

Bajo del coche y me veo a un grupito adorable de abueletes almerienses y ingenua de mi les pregunto:

Disculpen, ¿aquí se puede aparcar?

A lo que los adorables abuelitos empezaron a descojonarse, y justo cuando se les empezaban a saltar las lágrimas de los ojos me miraron extrañada y me preguntaron:

¿Te has perdido cariño? 

No, vengo a ver el pueblo

¡Manoloooo que tenemos una turista! ¡Bienvenida al pueblo bonica! ¡Puedes aparcar donde quieras!

Os juro que creía que iban a sacar la banda de música del pueblo (americanooooos). Ya me veía yo, bailando al son de la charanga y comiendo croquetas caseras del bar del pueblo. Pero bueno volvamos a lo que estábamos. Al comprobar que de verdad no me había perdido me indicaron una ruta para hacer por el pueblecito para que no me perdiera nada de nada. Les di las gracias, me colgué la cámara y empecé mi ruta.

A los cinco minutos de ir caminando, noté que alguien me seguía. Me giré muuuuy despacito, que jope e leído muchas novelas negras y tengo una imaginación muy vivaz. ¡Y ahí estaban! Los abuelitos saludándome…

-Vas bien nena, sigue todo recto y gira a la derecha y te encontraras con la iglesia. Saluda al padre de nuestra parte y dile que has venido a ver el pueblo.

¡Solo les faltaba ponerme la alfombra roja! Pero bueno a todo esto no os he contado nada del pueblo. Es precioso: callecitas blancas, geranios de colores, vistas geniales de todo el valle… Pero lo mejor de todo son unos enormes hornos de fundición que se conservan tal y como estaban en la época y es un placer visitarlos, algo totalmente diferente que no había visto nunca.

Y tal como me dijeron, la iglesia de la Virgen de Montesión era una pequeñita maravilla y por si eso fuera poco, las vistas que tiene desde su placita son para sentarse un ratito y contemplar tranquilamente el paisaje. Y justo ahí me crucé con el primer gatito. Se me sentó al lado y se acurrucó a mi lado para que lo acariciara. Pero lo que yo no sabía es que tenía más compañía… más tarde me enteraría de que los abuelitos estaban observándome como yo acariciaba ese gatito, y a los amables señores se les ocurrió una idea.

Pues ya habían pasado un par de horitas, me había hecho unas cuantas fotos de postureo en esas callecitas andaluzas blancas y decidí que ya era hora de volver. Tomé el camino hacia la Plaza Mayor, que era donde tenía el coche, y al llegar se me acercaron mis ya coleguis de toda la vida y como si fuera lo más normal del mundo me dijeron:

Toma bonica, como hemos visto que te gustan mucho los gatos, te queremos regalar uno para que te acuerdes siempre de nosotros. 

Me pusieron un gataco en mis brazos, ellos sonreían y yo no sabía que cara poner. Si, me encantan los gatos (y todos los animales en general), pero yo no me podía llegar a ese gato!!! Y encima me miraba con cara de pena como pensando qué está pasando aquí…

Pues ahí estaba yo, perdida en un pueblecito pequeñito, con un gato en los brazos y cinco abuelitos mirándome de lo más contentos. ¿Cómo les iba a rechazar yo a ese gato?

Casi llorando les dije que no podía quedármelo pero que le podían poner mi nombre para así acordarse de mi cuando lo vieran. ¡Menos mal que aceptaron! ¡Qué ya me veía yo el enfado de mi madre cuando entrara con un gato a casa!

Así que amigos míos, si buscáis un pueblo donde os acepten como uno más, donde os hagan sentir como en casa, donde encuentres pequeños tesoros escondidos que poca gente conoce… Lucainena de las Torres es vuestro pueblito bonito. Además, está declarado uno de los pueblos más bonitos de España, así que merece la pena una visita, ¿verdad?

Ah y no os olvidéis de algo muy importante… ¡saludar a el gato Noelia de mi parte! Creo que aún tiene pesadillas conmigo…

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Goiko Grill

¿Alguna vez os han plantado delante una hamburguesa tan grande que no podéis abarcarla de un solo mordisco? Pues yo pensaba que eso solo se veía en las películas americanas, pero no, resulta que en Goiko Grill (se me hace la boca agua de solo volver a pensarlo), te sirven unas pedazos de hamburguesas que ríete tu de los americanos.

Mirad para empezar, el local es monísimo. Sillas diferentes en cada mesa, luces de neon hiper mega modernas, diferentes alturas para elegir la mesa que más te guste… y por si esto no fuera poco, los empleados nos trataron con taaaanta amabilidad. De verdad que por muy buena que esté la comida en un local, si lo demás no acompaña, como que la cena te sabe a poco.

Pero vamos a hablar ya de lo que de verdad importa: la comida. Si vas con muuucha hambre puedes tomarte un entrante, hamburguesa y postre. Nosotros elegimos esa opción, si vamos, vamos a lo grande, nada de luego llegar a casa y pensar… ¡qué bueno tendría que estar ese pedazo de postre! Así que no desayunamos ( para dejar hueco en el estómago) y nos preparamos para comernos al menos medio kilo de comida cada uno.

Como consejito os recomiendo que reservéis, ¡suele estar hasta los topes siempre! Así que si tenéis pensado ir a cenar este finde mejor llamad con antelación. Y como iba diciendo, nos sentamos en una mesa muy cuqui y nos sirvieron las bebidas (refrescos los dos). Si sois unos amantes de los batidos… ¡tienen uno de oreo que está para chuparse los dedos! Nos decidimos por unos entrantes para compartir al centro: Chicken tenders. Y ya os digo una cosa, yo solo con este plato ya hubiera comido. Por momentos me iba arrepintiendo de haber pedido tanta comida… ¡No me se controlar! Y es que estaban taaan buenos, crujientes por fuera y blanditos por dentro, toda una delicia.

Ya hinchada nos trajeron nuestras súper hamburgesas… y aquí es donde empieza lo bueno de verdad. Yo soy una amante de las hamburguesas de pollo así que decidí probar que tal estaba esta… y no me decepcionó. El pan es de otro mundo, tostadito y blandito y la salsa le da un toque exquisito a esta grandísima hamburguesa. ¡Qué buena estaba! De verdad que es pensarlo y se me vuelve a hacer la boca agua!!!!

Yo ya no podía más y le dije a mi amorcillo que no pedíamos postre, que si comía algo más me tenía que ir a comprar unos pantalones de una talla más. Pero en eso que vino el majete camarero y nos dijo… ¡No podéis iros sin probar nuestro postre estella! El Frozen Choiko, lleva oreo y chocholate… y pensé a la porra todo, ves preparando el pantalón nuevo, si nos ponemos, lo hacemos bien.

Y de verdad que es el mejor postre que he probado en mi vida, así que directores del Goiko Grill, quiero la receta porfavor, me vendría genial para incluir en mi sección de Recetas Viajeras y que todo el mundo engordáramos unos 10 kilos… Gracias 🙂

En este punto ya me planté y decidí que el resto del día comería lechuga… pero oye… ¡y lo que había disfrutado yo! Así que si estáis buscando comer una buena hamburguesa, Goiko Grill no os va a defraudar. Yo fui a su local de Alicante, pero tienen restaurantes repartidos por toda España, ¡así que ya no tienes ninguna excusa!

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Estudios Bolonia

Durante un par de días tuve de vecinos a dos caballos encantadores. Era levantarme, salir al jardín, y allí estaban, esperándome moviendo el rabo (yo, sigo pensando que lo hacían porque estaban contentos, como mi Charli). Y pese al enorme viento que nos hizo esos días, merecía la pena despertar así.

Los Estudios Bolonia se encuentran en el paraíso. Una playa de aguas cristalinas, junto a una duna de arena blanca finísima. Cuentan que en verano se masifica de turistas, pero para estas épocas fue todo un placer poder tener la playa para mi sola. Fue como si fuera mi playa privada, solo me faltaba el mojito en la mano y un mayordomo abanicándome ( que el pobre amorcillo no da para tanto).

Desde el primer momento que pisas los estudios no te quieres marchar. Olían a flores frescas, y es que la dueña tuvo el enorme detalle de recogernos unas flores y ponerlas en un jarrocito para que todo oliera a las mil maravillas, y además no   les falta detalle: cocina completa, baño, habitación con una cama enorme, sala de estar… ¡hasta teníamos WIFI, que oye, una puede estar en el paraíso, pero tiene que documentarlo mediante las fotos de postureo en Instagram!

Y si lo que quieres es disfrutar del solecito andaluz sin que nadie te moleste, tienes un perfecto jardín donde ponerte como las gambas de Dénia de tanto vuelta y vuelta. El amorcillo que no es mucho de tomar el sol (ya es moreno de naturaleza, le odio un poquito por ese sutil detalle), se sentó en la terraza del estudio a tomarse una cerveza y reírse un rato de mi al ver mi piel quemarse por momentos.

Yo me sentí tan como en casa que empecé a hacer planes para volver en verano y poder disfrutar de toda la costa en condiciones: clases de surf y windsurf, visitar las ruinas de Baelo Claudia, ir de fiestuki a los locales tan cools que hay en Tarifa, hincharme a comer pescaíto frito y tortitas de camarones… ¿Alguien que me quiera acompañar?

De verdad, que si visitáis las tierras gaditanas y queréis un alojamiento muy tranquilo a orillas de una playa paradisíaca, Estudios Bolonia es vuestra elección ideal. ¡Y no sabéis lo majetes que son sus dueños! ¡Hay selfie que lo atestigua! Y si vais, no os olvidéis de saludar de mi parte a mis dos amables vecinos, ¡fue todo un placer conocerlos!

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Reservas: https://www.homeaway.es/p1541

http://www.andaluciasur.com/alojamientos/cadiz/tarifa/07_apartamento/

https://www.airbnb.es/rooms/2481369

 

Pedraza

Corría el año 2009 y yo, a mis 20 añitos, me enfrentaba a uno de los mayores retos de toda la humanidad: guiar por primera vez a un grupo. Bueno seguro que ahora estáis pensando que no es para tanto, pues si, para mi lo era. Yo, tan yogurina, tan inexperta, con las piernecitas temblando, una carpeta bajo el brazo para parecer profesional y unas extensiones horribles (¿ de verdad me veía mona así?), me puse delante de un grupo y les dije: Pues eso, que voy a ser vuestra guía. Ya os podéis imaginar la cara que puso el grupo. Una abuela me dio hasta un bocata, me vio cara de nieta.

Una vez pasado el shock inicial, pusimos camino de Segovia. Cada vez que recuerdo aquel primer viaje me entra vergüenza ajena, pobre grupo. La voz me temblaba, el chófer era murciano cerrao y yo no lo entendía, y nunca en la vida había estado en Castilla y León, imagínense la situación.  Pero de pronto, llegamos a un pequeño pueblecito y mi suerte cambió. Pedraza, tan bonito, tan rural, tan tranquilo, taaaaaan todo, que me enamoré de él nada más poner el pie en el suelo. Fue mi primer gran amor viajero, fue dónde descubrí que mi pasión era visitar pequeños pueblitos bonitos. Pero estaba tan nerviosa que no pude disfrutarlo como yo hubiese querido, así que durante muchos años, Pedraza ha sido mi espinita clavada en mi cuaderno viajero.

Y ahora ya, a mi vejez ( que 8 años no es tontería, ¿eh?) decidí que era hora de volver. Cogí mi súper Nikon, me puse mona para la ocasión (no todos los días te reencuentras con un viejo amor) y hacia Pedraza que nos fuimos. Y si, es tal y como lo recordaba, bonico del todo.

Si vais en coche no tendréis ningún problema, repartidos por todo el pueblecito hay varios parkings donde poder dejar el coche y empezar a callejear. Nos da la bienvenida una antigua puerta de la muralla, conocida como la Puerta de la Villa. Es traspasar este arco y sentirte como en la Edad Media. De ella parten varias callecitas, escoger la que más os guste, todas  merecen la pena: casas llenas de tiestos con flores, viejas puertas, vid colgando de los muros… Pero si además queréis empaparos con algo de historia, justo al ladito de la puerta se encuentra la antigua cárcel, donde se pueden visitar las diferentes salas y aprender un poquitín sobre la historia local (precio 3€).

Pero el verdadero encanto de Pedraza reside en sus calles, oye y no lo digo yo. Sus vecinos han visto rodajes como Águila Roja, Toledo, e incluso aquel famoso anuncio de la lotería de navidad, donde Rafael entonaba el Na, na na na na naaaaa (sabes que lo has leído cantando). Así que, viajero mío, va siendo hora de que saques tu cámara a relucir y te saques unas cuantas fotos de postureo, ¡de esas que tanto nos gustan! ¡Qué no todos los días estamos paseando por las calles donde gravó el mismísimo Rafael!

Y uno de los puntos más fuertes que tiene Pedraza es su Plaza Mayor. Y aquí estoy indignada. Señor Alcalde o Alcaldesa de Pedraza, llevaba yo esperando volver a su municipio 8 añacos, y cuando llego a la plaza que recordaba con tanto cariño, ¿con qué me encuentro? ¡Con la plaza de toros medio a montar! ¡No pude hacerme la foto en esa plaza taaan bonica! Mira, casi me faltó llorar. Pensaréis que soy una peliculera, y si, pero vamos que a mi estas cosas me afectan mucho y casi no duermo yo luego por la noche. Pero que lo sepáis, Pedraza tiene una de las plazas mayores más bonicas que e visto en mi vida. Queda dicho.

Así que algo cabizbaja, seguí mi camino hacia el Castillo. Tengo que reconocer que se me pasó a los dos minutos cuando vi una casa hiper mega mona llena de florecitas como a mi me gusta, y le hice unas cuántas fotos. Si, a veces soy así de simple. Pues eso, que llegamos al Castillo y la vista es genial. Allí tan imponente, se alza la fortaleza de origen árabe. Se conserva muy muy bien y paseando por su interior te puedes llegar a sentir como la dueña y señora de Pedraza, que a mi eso de venirme arriba me lleva poco tiempo. Por si os interesa visitarlo la entrada son 6€ y abre de miércoles a domingo.

Hay algo muy curioso que siempre he querido ver de este encantador pueblo y es la famosa Noche de las Velas. Durante los dos primeros sábados de Julio, el pueblecito se llena con casi 40.000 velas repartidas por todas sus calles. Además se realizar actividades culturales y conciertos durante estos días…¿algún alma caritativa segoviana me quiere adoptar para julio? ¡Cruzo los dedos para poder ir al año que viene!

Y como no…¡no os podéis ir de Pedraza sin comer un buen cochinillo! Qué estamos en la provincia del buen yantar, y para los amantes de la carne es toda una delicia. Pero os voy a confesar algo, eso si, que no salga de aquí y se enteren los segovianos… no me gusta eso de que me sirvan el pobre cochinillo enterito… me da una penita verlo ahí. Eso si, ¡huele que alimenta!

Tenía tantas, tantas ganas de volver a mi primer pueblito bonito que la mañana se me pasó en un abrir y cerrar de ojos. Para mi, Pedraza siempre tendrá un huequito especial en mi corazón.

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