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Road trip: las fiestas de pueblo

Pues si, que vivan las fiestas de pueblo.

¿Me vais a negar que no os mola cantidad bailar en la verbena de vuestro pueblo? Aunque durante el resto del año seamos los más cosmopolitas del mundo, es llegar agosto, irnos a casa de la abuela y nos trasformamos en una versión 1.1 de nosotros mismos (eso del 2.0 lo dejamos para la city).

Y os estaréis preguntando que hace un post como este en un blog como este. Pues bien, yo, como buena chica viajera, tengo creada una ruta de fiestas la cual me obliga a hacer más kilómetros con mi cochecito que un road trip por la ruta 66. Empezamos flojito en junio (no vaya a ser que nos perdamos alguna), ya en julio vamos calentando motores, y sin darte cuenta llega el plato fuerte: agosto, ahí ya, el cuerpo está tan cansado de bailar la canción de Despacito, que te aparece hasta en tus peores pesadillas. Y diréis, bueno ahí termina todo, ¡pues no! En septiembre vienen las súper fiestas de mi pueblito bonito y ahí si, es cuando te dejas la piel. Te pones la camiseta de tu peña (solo hay una para todos los días, así que al final de las fiestas, la camiseta anda sola), te preparas tu colección de gafas de sol (hay que aguantar como una campeona las mañanas con la charanga), y lo más importante de todo, te pones bien mona para las verbenas de la noche, que competimos por ver quien lleva el mejor modelito de las fiestas.

Y estas noches en las verbenas son las que luego recuerdas el resto del año enfrente del ordenador de la oficina. Y es que, lo mismo te da si bailas un pasodoble o una de perreo (bueno, eso serán las jovenzuelas de hoy en día, que a mi eso de mover el culo pa’ rriba y pa’bajo como que no se me da bien). La cuestión es darlo todo hasta que el sol te de los buenos días. ¿Y luego a dormir? Noooooo, por Dios, la gente de pueblo estamos hecha de otra pasta. Después del perreo intenso , nos tomamos unos churros con chocolate (o un kebab, eso depende del estómago de cada uno), y nos vamos junto con la charanga (benditas charangas, ¡monumento nacional ya!) a ver a quién pilla la vaquilla esa mañana. No se, llamadnos bestias, pero aquí en mi pueblo, día que no pilla a nadie, día que la gente se va a aburrida a casa… somos así, que vamos a hacerle.

¡Y la cosa no acaba ahí! Corre a tu casa, dúchate, y como buen valenciano vete al parque del pueblo a comerte la paella gigante. Yo he llegado a ver, a una mujer con una olla (de esas gigantes del puchero), ¡para que se la llenaran de arroz y así comer toda la semana! Y de esto me acuerdo a la perfección, doy fe que solo tenía una mínima resaca. Y ahora si, es justo cuando el cuerpo te pide un poco de descanso, que a los de pueblo eso de la siesta nos va muchísimo. Así que te vas a casa y al fin, te espera tu soñada cama.

¡Ey, pero no te confíes! Que en mi tierra nos van los petardos más que un niño a una piruleta. En cuanto más agustito estás, aparecen unos niños del mismísimo diablo… ¡¡¡¡¡¡y se ponen a tirar petardos en tu ventana!!!!!!! Así que ya piensas, bueno pa’que voy a dormir, te levantas, te plantas tu camiseta de la peña y te vas al bar a tomarte la primera de la noche. Y de nuevo, vuelta a empezar.

Pues si, viajeros, este es mi road trip de todos los veranos, me conozco la zona de mi alrededor al dedillo. Y en el fondo sabéis que tengo razón, sabéis que no deseáis que llegue verano para iros a una playa desértica del Mar Caribe… ¡si no para bailar Despacito hasta que te duelan los pies!

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros, bien sea a la China, a Canadá o a las fiestas del pueblo de al lado!

¡Qué vivan los pueblos y su gente bonita!

 

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