Que llevar en una maleta de postureo festivalero

Pues si, viajeros míos, Anís Tenis ha decidido que yo (la reina del postureo viajil) sea la encargada de retransmitir el súper, mega, maravilloso San San Festival!!!!!!!!

Pero ahora enserio, (y espero que esto no lo lean los dueños de la famosa fábrica de anís) ¿de verdad saben a quién van a enviar a cubrirles las espaldas? Pues les pongo en situación: nunca he estado en un festival, soy una súper loca del postureo y además, mi cuerpo, al mínimo contacto con la luz solar, se vuelve de un color rojo gamba de Dénia, que ríete tu de los ingleses que vienen a Benidorm en verano. Yo, de verdad, no se si las fotos van a salir decentes, miedo me doy a mi misma.

Bueno pues una vez ha quedado claro que estos de Anís Tenís están algo locos (pero a la vez muy geniales, por si acaso lo leen), he decidido que va siendo hora de hacerme la maleta. Que si, quedan aún dos semanas, pero yo soy ansia viva. Y además recordar que nunca he estado en un festival y no se cual es el postureo que se estila en este tipo de eventos. Pero no os preocupéis que le e puesto remedio. Me he documentado, como buena reportera. He buscado fotos de festivales en las páginas más hiper mega cools del panorama nacional musical, y creo que ya tengo mi lista definitiva de qué tiene que contener una maleta de postureo festivalero:

Ropa bohochic: Y viajeros míos, este punto es casi más importante que llevarte las entradas. ¿Dónde vas tu a un festival de las dimensiones del San San con tu chandal de los domingos? No, no. Como buena futura festivalera, mañana mismo me voy de compras (de verdad que soy una genial reportera, y si hay que sacrificarse y comprarse modelitos a la última, yo lo hago). ¿No sabéis que es eso del bohochic? Es muy fácil. Solo tienes que mezclar tus botas de cowboy desgastadas (si están nuevas es como las Converse, no tiene la misma gracia), tus shorts vaqueros para lucir piernas, un cinturón bien mono de flecos, y el complemento estrella: el chaleco hecho de ganchillo. Aquí tienes dos opciones: o que te lo haga tu abuela (version low cost) o irte a Ibiza y comprate uno bien bonico. Yo, optaré por la segunda.

Palo selfie: Si vas al San San y no subes una foto de postureo con Sansito, otra dándolo todo con Los del Río y otra de mira que foto más casual mirando al atardecer mientras escucho a Miss Cafeina, no has ido de verdad al San San. Y la realidad es esta, viajeros míos. Cualquier buen festivalero, tiene que subir sus fotos de postureo de rigor. Y en esta tarea tu mejor aliado será tu palo selfie. Y ya, si la foto es con una cámara deportiva que se ve toda la gente a tu alrededor, apaga y vámonos.

Bikini: No solo de música vive el San San. ¿Que sería de las mañanas de resaca festivalera sin la playa al lado? ¡Qué enorme placer el levantarte de una noche de fiesta junto a Niños Mutantes, coger tu bikini mas cuqui, tu toalla y darte un chapuzón en la playita de Beniccàssim! Además que todo tiene sus ventajas. Vas a volver a casa, con tu pulsera de postureo del festival y un morenazo que parece que hayas estado una semana en el Caribe. Eso si, si eres como yo, blanca nuclear, te vas a volver a casa con un quemazo del 15. (Nota mental, crema del sol de factor 50).

Tienda de campaña: Y aquí viene lo complicado. ¿Alguien en la sala que se venga conmigo y me monte la tienda? Si no hay nadie, no os preocupéis, tengo un plan B. Comprarme una de esas que las tiras en el aire y por arte de magia, al tocar el suelo, ya están montadas (eso si que es invertir en tecnología de la buena). Pues eso, que nunca he dormido en una tienda de campaña… Me llevaré una esterilla, un saco de dormir y chuf chuf de ese antimosquitos. ¡Que no se que es lo que tengo, pero todos vienen a mi, oye!

Equipo fotográfico: ¿Cómo iba yo a dejarme a mi Nikon en casa? No me lo perdonaría. Eso si, igual le soy algo infiel: no se lo digáis pero me llevo también mi cámara deportiva. Yo ya estoy viendo el momento en el que los grandísimos Del Río canten La Macarena… Pienso grabaros a todos y cada uno de los que estéis allí presentes. Aaayyyy (leer con acento Macarena). Prometo fotos de postureo nivel mil con mis trenzas de boxeadora ( que por si no lo sabéis, es lo más en peinados festivaleros). ¡Pobre del fotógrafo que me lleve, lo que va a sufrir!

Merchandising Anís Tenis: Bueno, esto lo tengo ya metido en la maleta (que por si no lo sabéis, tienen una nueva bebida súper cool llamada Glee. La botella es muy yo, rosa, monísima). Pues lo dicho, que ya tengo metido el abanico (complemento súper importante en un festival si queréis ir muy flamencas y airearos un pelín de la brisa mediterránea). Camiseta genial para las fotos de postureo también ya metida, y cruzo los dedos para que me regalen unas súper gafas de sol muy molonas ( guiño, guiño).

Pues creo que ya tengo mi maleta hecha. En llegar allí veré que me faltan veinte cosas y me dará la histeria viajera (no preocuparos, me pasa siempre). Pero, ¿sabéis que? Pienso pasármelo en grande, voy a bailar hasta que me duelan los pies, voy a conocer a gente maravillosa, disfrutaremos de la mejor música del panorama nacional y espero encontrar alguno de mis queridos viajeros por allí, ¡me haría tanta ilusión una foto con vosotros!

Se me olvidaba, si vais al San San, beberos un chupito de Anís Tenis a mi salud. ¡A disfrutar de la vida mis viajeros!

Nota mental: Noelia, que no se te olviden las entradas. Ya verás tu la que lío…

 

San San Festival

Anís Tenis

 

 

 

Surcos en la piel

Siempre he sabido que no estaba sola en mi días de observación. Justo en la otra punta de la estación cada día, a la misma hora, se sienta mi fiel compañero.

Sus movimientos son lentos, los años ya hace tiempo que pesan sobre sus hombros. Sin prisas, a la misma hora todos los días, entra en la estación, mira a su alrededor y se sienta en el banco al que empiezan a darle los primeros rayos vespertinos. La verdad es que nunca me había fijado en él. Siempre estoy ocupada imaginando la vida de todos aquellas personas que se cruzan en mi camino tan solo un segundo. Y sin embargo, él está ahí todos los días, sin falta.

¿Qué le empujará a venir aquí todos los días? ¿Será un amante de las vidas cruzadas como yo? Si, seguro que es eso. Veo como observa a la gente que pasa por su lado, los mira con atención, fijándose en cada detalle. No habla con nadie, solo se sienta y observa. Y yo, a su vez, lo observo a él. Me provoca ternura, quisiera sentarme a su lado y que me contara toda su vida, cuales fueron sus sueños, sus amores y sus mayores triunfos. Pero no me atrevo, sería romper mis reglas.

Cientos de arrugas surcan su piel. Todas y cada una de ellas hablan de historias pasadas, de momentos vividos que ya no volverán. Unas me hablan de su gran amor, un amor que se fue y ya no volverá a estar junto a él. La añora, recuerda cuando venían juntos y se sentaban a contemplar a los transeúntes. A ella le divertía ver a los hombres de negocios tan bien vestidos, con sus elegantes trajes, corriendo detrás de un tren que se había marchado sin ellos. A él simplemente, le gustaba verla sonreir.

Otras me hablan de años cansados en el campo. Años en los que el sol encurtía su piel y la tierra endurecía sus manos. Pero pese al cansancio, fueron años felices. Tenía todo lo que necesitaba, a su familia. Con el paso de los años, sus seres queridos se fueron disipando, y las visitas se fueron alargando en el tiempo, pero en cambio sus arrugas, siguieron aumentando.

Pero en conjunto, todas ellas me hablan de el gran hombre que fue. Superó malas épocas, luchó por su libertad, buscó un futuro mejor para cada uno de los suyos, amó con intensidad, imaginó miles de vidas cruzadas…. Ahora me toca a mi. Sus manos cansadas se apoyan sobre el bastón, se está haciendo tarde y tiene que volver a la tranquilidad de su hogar. Le veo desaparecer lentamente entre la multitud, no tiene prisa, sabe que deja las vidas cruzadas en buenas manos. Yo las cuidaré y las mostraré al mundo con el mismo cariño que él lo hizo. Si, he tenido un buen maestro.

(Siendo yo pequeña, me sentaba con mi abuela en la plaza del pueblo. Nos gustaba ver la gente pasar y ella me contaba la historia de cada una de esas extrañas personas para mi. Nunca lo había pensado, pero esos momentos fueron los que han dado vida a Vidas Cruzadas. Este micorrelato va por todos nuestros abuelos que nos han ayudado a ser quienes somos hoy en día).

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Altea, la villa blanca

Como en la terreta en ningún sitio. Y mira que yo he viajado, y me enamoro de cada uno de los sitios a los que voy, pero como mi terreta, ninguna.

Altea tiene algo que te cautiva desde el minuto uno. No se si es su buen clima, su ambiente bohemio, sus preciosos miradores o su blanco impoluto que anima a sacarse mil fotos de postureo (que se lo digan a mi hermano, que al pobre lo tuve posando en cada rincón del casco antiguo, cansadito acabó el pobre de Altea). Sea como sea, es una de las visitas obligatorias cuando pasan unos días por la maravillosa Costa Blanca. Es uno de esos sitios, donde dejas un pedacito de tu corazón y gustosamente te quedarías allí a vivir una temporada. Cada una de sus callecitas, enlucidas de blanco, nos regalan unas vistas preciosas del azul Mediterraneo. Y si, me estoy poniendo muy romanticona, pero de verdad, Altea lo merece.

Para celebrar el día del padre, nos subimos los 5 al coche y nos pusimos camino de Altea (bueno antes tocó nuestra pelea de rigor por ver quien va en el asiento del medio, y por una sola vez en la vida, perdió mi hermano Pablo, ¡que gran placer!). Nada más llegar, dejamos aparcado el coche en la parte baja de el casco antiguo (era línea azul, pero al ser domingo, evitamos pagarla). Si no encontráis aparcamiento en esta zona, no os preocupéis, avanzáis un poquito más y hay dos aparcamientos grandes en la parte de arriba del todo de la ciudad donde podréis dejar el coche y empezar con la visita.

Y ahí va mi primer consejo: zapato cómodo. Mira que yo soy defensora de ir siempre monísima de la muerte, pero el casco antiguo es toooodo de piedrecitas, y ya vi a varias mujeres pasarlas canutas intentando que su tacón no se atascara entre una de ellas, así que evitar ir como un pato mareao, y poneros un zapatosos cuquis, pero adecuado para Altea. No os aconsejo subir por ninguna calle especial, simplemente dejaros llevar. Todas y cada una tienen algo bonito: una tiendecita de arte, un mirador hacia el mar, una puerta azul preciosa… No tengáis prisa y disfrutar de cada rinconcito.

Al poco, llegaremos a la Plaza Mayor, y lo primero que nos va a llamar la atención será la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Tiene dos preciosas cúpulas de color azul, conocidas como las cúpulas del Mediterraneo, y son tan famosas que ningún visitante se marcha de Altea sin su foto de rigor ¡no puedes evitar dejar de mirarlas!

Una vez te has deleitado con las preciosas cúpulas, ves que la plaza es todo un encanto: hay varios barecitos donde tomarte una cerveza fresquita y lo mejor de todo, calles blancas que contrastan con el azul del mar y un mirador que hará que me des la razón de lo bonita que es mi tierra. Desde él podrás apreciar la parte baja de la ciudad, el mar Mediterráneo, el Parque natural de la Sierra Helada e incluso, en días despejados, Alicante y Benidorm. Tuvimos el enorme placer de disfrutar de estas magníficas vistas acompañados por el sonido de la guitarra de un fabuloso artista callejero… ¡fue un momento mágico!

A continuación os recomiendo pasear por la Calle San Miguel, se encuentra a mano izquierda de la Iglesia y es una de las calles con más encanto de la ciudad. Está repleta de tiendas artesanas, y es que, Altea se caracteriza por ser el refugio de grandes artistas como Rafael Alberti o Vicente Blasco Ibáñez. Hoy en día aloja la facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández y eso le da un toque aún más especial. En esta calle encontraremos tiendecitas de cuadros, jabones artesanos, ropa hecha a mano, arstesanía local… ¡Muy recomendable para los amantes del mundo bohemio!

Otra de las calles con más encanto de Altea es la Calle Santa Bárbara. Se encuentra justo enfrente de la Plaza Mayor y tiene la clásica foto de la ciudad con el mar en el fondo. Además justo en la parte baja, tiene otro mirador precioso en el cual, nos sentamos un rato a la sombra y disfrutamos de las maravillosas vistas.

Mi hermano pequeño, que es de muy buen comer, ya tenía un hambre voraz, así que decidimos ir a llenar el estómago. Bajamos por la Calle Mayor (preciosa con puertas azules, talleres de artesanía y varios restaurantes), y entramos al Restaurante El Castell. Tiene una terraza preciosa, que para las noches de verano tiene que ser toda una delicia. Y aquí empezó el espectáculo: estaba yo, la rarita de las alergias; mi madre, con el brazo escayolado; y mi padre, que se adentró en un restaurante con comida italiana, y no le gusta el queso. La verdad es que la cosa empezó mal: no tenían carta de alérgenos. Para mi, eso fue un punto muy negativo, solo pude pedirme una sepia a la plancha y una triste (aunque buena ensalada). Lo peor vino cuando a los demás les trajeron sus pizzas… ¡según decían era la mejor pizza que habían probado nunca! Y yo allí, mirando mi triste ensalada y maldiciendo mis alergias… Así que, ¿lo recomendaría? Si buscáis un restaurante con buenas pizzas, buen ambiente y precios no muy caros, si. Si tenéis alguna especie de intolerancia o alergia, no. Yo no estuve muy agusto.

Después de comer, decidimos callejear un poquito más y bajar a la zona del paseo marítimo. Es ideal para pasear por la playa, tomarte un buen helado y disfrutar del buen tiempo de la primavera o darte un bañito en verano. Decidí que sería una buena idea que me diera un poquito el sol… de buena idea nada, vuelvo a tener mi piel de un color rojo gamba de Dènia, a que mala hora se me ocurrió…

Y si aún tenéis más ganas de turismear, os dejo dos recomendaciones muy interesantes y atípicas. La primera de ellas es la Iglesia Ortodoxa Rusa San Miguel Arcángel Se trata de un edificio espectacular, y único en España. Es tan curiosa que todos los materiales utilizados en su construcción, e incluso los propios trabajadores, son de origen ruso. Se empezó a construir en el 2002 y es una réplica de una iglesia del siglo XVII que se encuentra en la región de los urales.

Y la otra visita especial, es el El Jardín de los Sentidos. Se trata de una tetería, en la cual nada más entrar, te transportas a otro país, a otra época. La entrada son 7,5€ e incluye un te y un trozo de tarta. Además podréis pasear por sus jardines ¡y hacer mil fotos que os harán recordar al mundo asiático!

Así que, mis viajeros, si queréis disfrutar del placer y la tranquilidad de la Costa Blanca, Altea es vuestro destino idea: buen ambiente, buena comida y unas vistas espectaculares. ¡Si os animáis a venir avisadme y os hago una visita turística por la zona!

 

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

 

 

 

 

 

 

La viajera ‘especial’

Si, soy una viajera rarita.

Señores hosteleros españoles, si algún día me veis cruzar la puerta de vuestro local, yo de vosotros pondría el cartel de reservado en todas las mesas, advertidos estáis.  Si corréis el riesgo y me dejáis sentarme, os pediré carta de alérgenos (hay Dios mío, ¿eso existe?), os rogaré que me tratéis como una marquesa y lo cocinéis todo para mi solita y tendré el morro de sacar mi propio pan, y si me apuráis hasta mis propios cubiertos.

Ya, estaréis pensando menuda viajera más arrogante. Pues bien, eso es lo que piensan en la mayoría de sitios a los que acudo. Piensan que soy rarita, especial, señorona… Pero nada más lejos de la realidad. Soy multialérgica, no puedo comer nada que contenga ni huevo, cereales, leche de vaca, soja, kiwi, berenjena, tomate, pimiento, melocotón, almendras… Ya os aseguro que soy yo quien peor lo pasa.

Adoro visitar pueblitos nuevos y probar su gastronomía local, para mi es uno de los mayores placeres que te puede dar el viajar. Ir a Cuenca y comerte unas buenas migas, ir a Segovia e hincharte a cochinillo, y algo tan simple como visitar Cataluña y degustar un pa amb tumaca que quita el hipo. Yo todo eso no puedo hacerlo, de esos platos, lo único que degusto es el flash de mi Nikon al fotografiarlos para el blog. Así que, queridos hosteleros, ¿de verdad pensáis que es un simple capricho o una moda pasajera?

Cada uno, día a día tiene que luchar sus propias batallas, a mi me ha tocado esta. Desde mi humilde blog quiero empezar una campaña de concienciación en mundo del turismo en cuanto a las alergias alimenticias. Hay viajeros de todo tipo: celíacos, veganos, diabéticos, vegetarianos, intolerantes… y como en mi caso multialérgicos. Si cada bar, hotel, restaurante, camping… pusiera su granito de arena, muchísima gente que está en la misma situación que yo, se animaría a viajar, a descubrir nuevos lugares, a expandir sus horizontes.

¿Qué puedes hacer por nosotros?

  • ¡Carta de alérgenos!: Parece algo que se da ya por hecho, pero en el 80% de los bares a los que he ido, ¡no tienen! Para mi, el que un establecimiento la tenga, ya me da un poquito más de seguridad ¡y dejo mi cámara a un lado para disfrutar de la comida!

  • Menús adaptados a diferentes alergias o intolerancias: Se que esto conlleva un poco de trabajo, pero es taaan de agradecer cuando un restaurante te ofrece una alternativa que ¡si que puedes comer! ¡Se me saltan hasta las lágrimas!
  • Formación de los empleados: Y es que, me han llegado a decir, ¿no puedes comer huevo? ¡Te quito el huevo de la ensaladilla y apañao! Ummm… ¿Contaminación cruzada? ¿De que está hecha la mayonesa? Hay que llevar mucho cuidado con lo que se le recomienda comer a un cliente, si el camarero en cuestión no sabe si puede contener un alérgeno, ¡mejor consultarlo antes de meter la pata!
  • Contaminación cruzada: Aquí viene el graaaan problema. No os pido que me cocinéis mi pechugita de pollo aparte por capricho, si la sartén, el cuchillo, las pinzas… han tocado algo que lleve un alérgeno…¡Peligro! Este es nuestro mayor miedo, el no controlar lo que pasa en la cocina.

  • Una sonrisita por favor: Ya lo estoy pasando lo suficientemente mal por no poder probar vuestro plato de huevos estrellados con bacon y queso fundido, así que hazme el favor, y al menos no me pongas cara de muerto cuando te hablo de mis alergias, lo agradecería muchísimo. Parece una tontería, pero cuando intentan que yo me sienta cómoda, ¡mi pechuga a la plancha solitaria sabe mucho mejor!

Así que, viajeros míos, mi intención es ir creando una lista de establecimientos donde he sido atendida a las mil maravillas. Y aquí es donde pido vuestra colaboración. ¿Conocéis algún establecimiento turístico donde cumplan al menos gran parte de estos requisitos? Entre todos seguro que podremos crear una red de servicios turísticos donde no nos traten de raritos y hagan que nuestras vacaciones se disfruten en todos los sentidos.

Os agradecería muchísimo que compartáis este post para que llegue a la mayor gente posible, esta es mi lucha, y no voy a dejarla hasta que pueda viajar tranquila. Y dicho esto, solo me queda decir… ¡Qué viva la gastronomía española! Sus tortillas, sus paellas, sus caldos, sus tapitas, sus vinos… Y que por favor… ¡Algún día los pueda volver a disfrutar!

¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros! 

¡Valencia en fallas!

¡Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà!

Mira, es solo pensar en ese momento y se me pone el pelo de punta. Y es que, no hay mayor placer para un valenciano que el olor a pólvora. No nos preguntes el por qué, pero nos encanta, creo que va incrustado en nuestro ADN. Desde pequeños nuestra mayor diversión es tirar petardos, y cuanto más gordo sea su sonido, más mola. Pero para mi, hay algo superior a la pólvora: las charangas. Ni Enrique Iglesias, ni Beyoncé,  ni el mismísimo Bon Jovi, a mi tócame Paquito el Chocolatero y me vengo arriba. El ‘He He’ lo tenemos más que dominado, bailamos el Caballo camina pa’ lante que ni el mejor ballet ruso, y seguimos al pie de la letra el ‘No en volem cap que no estiga borratxo’… Aish, ¡qué buenas son las fiestas valencianas!

Y es que, viajeros míos, si visitáis este fin de semana Valencia, os vais a enamorar de su cultura y sus tradiciones. Si ya de por si es una ciudad preciosa, en fiestas aún lo es más. Todos y cada uno de sus barrios engalanan sus calles con dos monumentos: la Falla Infantil y la Falla Adulta. Son monumentos con fecha limitada, ya que la noche del 19 de marzo arderán al son de la dolçaina y el tabal, acompañados por las lágrimas de sus Falleras Mayores que tienen que despedirse de unas fiestas llenas de emociones.

Las fallas no son solo fiesta nocturna, que la hay y mucha, para mi es una fiesta para vivirla por el día. Como no, uno de mis actos favoritos es la mascletà. Y ahí va un consejo: se tiran a las 14.00h, pero no esperéis ir media hora antes y coger un buen sitio. ¡El año pasado estuve plantada desde las 11 del medio día justo debajo del balcón del Ayuntamiento! (no hace falta que seáis tan exagerados como yo, fue por el puro postureo fallero). Estaría bien ir unas dos horas u hora y media antes, buscáis un buen sitio a la sombra, te sacas tu bocata y tu bebida !y a disfrutar con la música fallera¡

Y como no, el gran consejo de las Fallas: paciencia, mucha paciencia. La ciudad durante sus días grandes recibe a miles de turistas, así que sus calles, negocios, transportes… ¡están abarrotados! ¡Ríete tu del metro de China comparado con el de Valencia en los días de Fallas! Si vais en coche, dejarlo aparcado muy a las afueras y coged el transporte público, madrugar para poder ver los monumentos ganadores sin el menor numero de personas posibles, y si sois de un tono de piel rojo gamba de Denia como el mío, no os olvidéis de la crema solar ¡no veas como pega el caloret faller!

Hay una foto que todo buen turista de postureo que se precie, tiene que llevarse de Valencia: ¡la foto con una Fallera Mayor! Ellas estarán encantadas de pararse un segundo y posar para vuestro objetivo, y tu podrás apreciar de cerca lo maravillosos que son estos trajes. Siguen un estricto protocolo para recrear a la perfección la vestimenta del s. XVIII. ¡Espero algún día poder ponerme uno de esos trajes! ¡Son taaaaan bonitos!

Mi lugar favorito de la ciudad es la Plaza de la Virgen, justo a espaldas de la Catedral. Y durante los días de Fallas, es una plaza que tiene un olor especial. Cientos de flores, entregadas por los falleros a su virgen, ‘La Cheperudeta’, conforman un manto florar de vivos colores, que además de ser precioso, es uno de los actos más esperado por los valencianos: el día 18, por la noche, la Fallera Mayor de Valencia, entregará su ramo entre las lágrimas y los aplausos de los allí presentes. Si queréis presenciar este maravilloso momento,  ya podéis tener mucha, mucha, pero que mucha paciencia. ¡Hay gente esperando desde por la mañana para coger sitio! ¡Así que mucha suerte!

Y después de ver todos los monumentos falleros, vamos a lo que de verdad importa: comer. ¡Qué de eso en Valencia saben, y mucho! Yo cada vez que voy hacia allí, se me hace la boca agua pensando en una horchata fresquita con fartons. ¡Son dos de mis cosas favoritas en este mundo! Encontraréis un montón de puestos callejeros donde degustar un vasito fresquito o en cualquier horchatería típica de la ciudad ¡hay una en cada esquina!

¿Y que me decís dels bunyols? En nuestra tierra, el día el padre es sinónimo de estos dulces, hechos con calabaza, harina, levadura y fritos en aceite. Se suelen mojar en chocolate, pero yo, que soy más valenciana que los murciélagos, ¡los mojo en la horchata! ¡todo en uno! ¿Y la paella? ¿Donde mejor para degustar un rico arroz que en la Comunidad Valenciana? Intentad saliros del centro para comer, ¡ya que durante esos días os van a sacar un riñón por una ración de paella!

Y si, por la noche, si aún tenéis fuerzas, hay dos cosas imprescindibles para hacer: ver las luces de algunas fallas como Cuba Literato Azorín, las cuales se llenan con millones de bombillas y crean un espectáculo de luces y sonido, que os va a fascinar. Y como no, si estáis en Valencia la noche del 19 de marzo, acudir a la Cremà. Es el momento más esperado pero también el más triste. Toca decir adiós a los monumentos falleros y dar la bienvenida a las fiestas del año que viene. ¡En el momento veáis la cremà de la alguna de las fallas, entenderéis la pasión que tenemos los valencianos por el fuego! ¡Te hechiza tanto que no puedes dejar de mirar!

Así que ya sabéis, si queréis pasar unos días inolvidables, rodeados de buena comida, buen ambiente y mucha fiesta, ¡os espero este fin de semana en Valencia! ¿quedamos y nos tomamos una horchata fresquita?

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Viajar con niños por carretera

Yo, de pequeña, era la típica niña que daba por saco en el coche. Eso de dormirme durante el trayecto no iba conmigo. Mis ganas de llegar al destino eran tan grandes, que me tiraba toooodo el viaje preguntando a mi padre: ¿Hemos llegado ya? ¿Cuánto falta? ¿Por dónde vamos?… Ah y a todo esto añadidle él: Mamaaaa tengo hambre, me hago pis… Pero el caos total llegaba cuando abría mi boca para decir: Estoy aburrida, ¿jugamos a algo?

Año tras año, mis padres fueron mejorando su táctica, el Veo Veo ya me aburría y pedía a a gritos un juego nuevo. Juego del cual, me aburría a la media hora y pedía otro (¿divertidos mis trayectos en coche, eh?). Así que he decidido hacer la vida un poquito más fácil a aquellos papis viajeros. Que si, que el ser padres no puede ser una excusa para viajar. ¿Qué mejor educación le puedes dar a tu hijo que ver mundo? Así que, coged las cuarenta maletas que hacen falta para mover a vuestro bebé, y cargad una dosis extra de paciencia, que allá vamos.

BEBES

Recuerda llevar siempre su peluche, mantita o sonajero favorito, eso le ayudará a relajarse y a mantenerse entretenido durante el trayecto. Si tu bebé está muy pegado a su mantita o su juguete, apúntalo el primero en la lista ¡pobre de vosotros como se os olvide!

Muy importante que vuestro bebito conserve su rutina del sueño, ya que se adaptará mucho mejor a la llegada al hotel. Una buena ayuda pueden ser las canciones relajantes al empezar el viaje…¡seguro que tarda muy poquito en caer rendido! En cuanto se duerma ya podemos poner nuestro mejor repertorio de reaggeton… ¡Qué una vez al año no hace daño!

Otra opción que, además de segura, le sirve para entretenerse, son los protectores de cinturones con forma de animal. Podrá pasar un buen rato toqueteando el peluche a la par que va seguro en su sillita.

Además si vuestro peque es aún muy bebé, mi recomendación es que al menos un adulto lo acompañe en el asiento trasero. Esto le dará seguridad y podremos entretenerlo mediante juegos o canciones. Eso si, y esto va para todas las edades: aunque yo sea una férrea defensora de la lectura, evitarla a ser posible en el coche. ¡A mi me entran unos mareos! Así que, si no queréis que vuestro peque se maree más de la cuenta, ¡dejad los cuentos para el hotel!

 

NIÑOS

Para los niños un poco más mayorcitos hay que echar muuucha  imaginación. Van a querer cambiar mucho de juego, ¡así que intentad llevar varios preparados! Además, yo recuerdo que me encantaba el chantaje con comida (siempre he sido muy golosa). Es bueno llevar siempre una neverita con algunas bebidas frías, (sobretodo en los meses de verano) para que se puedan ir hidratando, y algo de comer que les guste y les permita ir un pelín más contentos.

¿Algunas ideas de juegos? Ahí van mis sugerencias:

El personaje escondido: Es un juego muy divertido. Se trata de adivinar el personaje famoso en el que esté pensando cada uno de los jugadores, y las respuestas se limitan a un “No”, “Sí” o “A veces”. Jugadores de fútbol, actores, personajes de dibujos animados, cantantes… Este juego hará que los niños ejerciten su mente tratando de adivinar quién es el personaje.

Suma la matrícula: Y para que también practiquen el cálculo mental otro de los juegos que no pueden faltar cuando viajamos con niños es el de… ¡Suma la matrícula! Deberán sumar cada número de la matrícula y el primero que diga el resultado correcto ganará un punto

Cambiar las vocales: Tienen que ir nombrando cosas que vayan viendo por la carretera. A continuación se dice una vocal y todo aquello que vean se tiene que decir completamente con esa vocal: ¡Ahora todos hablamos con la E! ¡Ya verás las risas de tus peques!

Jugar con un mapa: Esto puede ser interesante si lo enfocamos bien, y es mejor si usamos un mapa de papel. El juego puede ser tan simple como pedirles que sigan el viaje en el mapa, con un lápiz y señalando las ciudades y pueblos por los que vayamos pasando. ¡Este juego es muy indicado para miniviajeros que les gusten las aventuras!

Adivina la canción: Juego super entretenido y además se lo van a pasar pipa. Descargamos en el móvil o un Pendrive sus canciones favoritas. El juego consiste en poner los primeros segundos de la canción y darle al stop. Tienen que adivinar qué canción es y cantar un trocito. Cuándo acierten se le da al play otra vez y se les anima a que la vayan cantando la canción entera.

Trivial viajero: Recomiendo este juego para el viaje de vuelta. Se preparan una serie de preguntas (fáciles, que estamos de vacaciones) sobre los lugares que hemos visitado, su gastronomía, sus costumbres, sus monumentos… Por cada pregunta acertada se les da un quesito (pueden ser gomets, o cualquier cosita que se os ocurra como una chuche). Al final del juego gana el que más quesitos haya conseguido. Es un juego genial para ver cuánto han aprendido nuestros peques durante el viaje.

Además os puede servir cualquier juego de vuestra infancia que recordéis: El Veo Veo, Palabras Encadenadas, juegos de Mímica, el clásico de Piedra, papel o tijera… Y como útlima, pero última opción, estarían las nuevas tecnologías. Y es que, viajeros míos, vamos a reconocerlo… es taaan facil enchufar el DVD portátil o darle la tablet y olvidarnos durante un ratito que en el asiento trasero va un pequeñajo deseoso de llegar… Evitarlo hasta último momento, enseñarle que podemos disfrutar del trayecto tanto como del destino.

Ya veis, viajar con peques es algo más duro de lo habitual, pero seguro que en un futuro, os agradecerán todos y cada uno de los momentos vividos viajando. ¡Seguid sumando kilómetros mis viajeros!

Viajes marcianos

En cada viaje, encontramos situaciones únicas, maravillosas…raras. Si, mis viajeros, hay cosas muy raras que solo te pasan viajando. ¿No os habéis fijado que estés donde estés sieeeempre hay alguien de tu pueblo? Te vas a la estepa más perdida de Mongolia, y de la nada, como si fuera un espejismo, aparece tu vecino del 5º…. ¿Qué fuerza mayor tienen los viajes para que ocurran momentos tan raros?

Pues la situación con la que me encontré el fin de semana pasado fue ya rizar el rizo: viví una invasión alienígena. Si, no habéis ledo mal, así como suena. Y no, no me fui de viaje al Área 51.  Me fui de excursión a Castilla la Mancha, al pequeño pueblito de Villanueva de los Infantes. Y ahí en plena España profunda, encontré la evidencia de que vivimos rodeados de seres de otro planeta… ¿No os lo creéis? Ahí van las pruebas:

Todo parecía normal, pueblito encantador de los que a mi me enamoran, tapeo a rebentar (con botón del pantalón desabrochado incluído), y un solecito primaveral que hizo aparecer mi piel de gamba de Denia. De pronto, en una de sus calles vimos esta extraña señal:

Estuvimos como media hora riéndonos y sacando nuestro lado malo, pero malo malo, a la hora de contar chistes de marcianos. Llegamos a la conclusión de que si pasabas por ese paso de cebra, vendrían unos alienígenas manchegos y te abducirían a su nave espacial a punta de navaja y con chantaje de vino y queso manchego incluídos ( yo soy una presa fácil en estos casos).

Al rato nos tragamos nuestras risas. De la nada apareció un objeto volador no identificado, con su humo y luces, para que se notara bien que venían a por nosotros. Me quedé en estado de shock hasta que uno de los azulitos marcianos, se acercó a mi, sacó su pistola marciana, e intentó inmovilizarme con un especie de ácido extraterrestre. ¡Resulta que la NASA está buscando vida en el lugar equivocado! ¡Señores, dejen de buscar en el espacio sideral, todos los marcianos se encuentran en Castilla la Mancha!

Pasado el shock inicial, me dio por pensar: ¿Por qué habrán elegido estas tierras remotas? La respuesta vino hacia mi, literalmente. Un gran cabezón de ‘La Cospe‘ hizo que de golpe lo entendiera todo. Nuestra Minista de Defensa (otra cosa no se, pero que mona va esta chica siempre), quiso matar dos pájaros de un tiro: conseguir repoblar pueblitos bonitos del interior de España y tener al enemigo cerca… ¿No es un plan perfecto? Eso si, futuros habitantes de Villanueva, si vuestros nietos tienen un cierto color azulado, no os preocupéis, la próxima peli de Avatar será grabada en vuestros dominios.

Después de todo el follón, resultó que los marcianitos solo querían un poco de fiesta y mucho, mucho vino manchego. Les enseñamos como se baila Paquito el Chocolatero debidamente y sellamos el acuerdo de paz. Pero… ahora que lo pienso… ¿el fin de semana pasado fue Carnaval, no? Bueno, da igual, yo seguiré pensando que fui abducida por extraterrestres en tierras de Don Quijote. Al fin y al cabo, esta es mi historia, y yo la viví así.

¡A seguir viviendo enormes aventuras mis viajeros!